viernes, 18 de abril de 2014

Capítulo 9 (Vuelta a la rutina)

Un día más desperté con la armoniosa melodía del "a prueba de ti". Eso significaba que el fin de semana ya era historia. Que comenzaba una larga semana de trabajo y de madrugones. Por suerte el despertar con aquella musiquilla me relajaba. Y pensar en el maravilloso fin de semana que habíamos pasado me relajaba todavía más.

Me levanté de la cama. Lo primero que hice fue mirar la dedicatoria de mi guitarra para comprobar que no había sido un largo sueño de tres días intensos.

Todo en orden. Esas hermosas palabras seguían escritas en aquellas vieja guitarra. Al ser reciente era la dedicatoria que más se leía. Esa M de Malú con forma de corazón era lo más destacado. Era increíble.

Me duché, me arreglé y me fui al estudio de grabación como todas las mañanas. Vuelta a la rutina.
Pero no era como un día cualquiera. Os aseguro que mi felicidad podía apreciarse a kilómetros de distancia. Esa sonrisa imborrable y ese brillo permanente en mis ojos azulados, eran los signos más evidentes. Estaba enamorado, si.

Nunca he sido muy enamoradizo. Más bien diría que todo lo contrario. Me ha costado siempre dios y ayuda enamorarme de verdad de alguien. Me han gustado muchas chicas si. Pero enamorarse ya son palabras mayores. 

Creo que en toda mi vida solo me he enamorado de dos personas. Laura y Silvia. Silvia fue mi primera novia. La conocí en el instituto cuando éramos unos críos. Estudiábamos octavo de EGB, lo que ahora equivaldría a segundo de la ESO. Apenas tendríamos 14 años. Silvia era una niña muy aplicada en todas las asignaturas. Y yo por aquel entonces era un autentico desastre como estudiante. Así que todas las tardes después de clase venía a ayudarme con los deberes. 

Esa fue la primera vez que me enamoré de alguien. Lo supe porque experimenté una serie de sensaciones y sentimientos desconocidos por mi hasta entonces. Con ella aprendí a ser yo mismo. Maduré y crecí como persona. Salimos juntos varios años. Hasta que se mudó de ciudad con toda su familia, por cuestiones que nunca descubrí. Intentamos mantener la relación. El vinculo era fuerte. Pero dicen que la distancia hace el olvido. Y tienen razón.

Bien, pues todas esas sensaciones que experimenté la primera vez que me enamoré, habían vuelto a visitarme. De forma sutil. Al principio creándome esa incertidumbre. Esas ganas de conocer más sobre ella. De pasar tiempo con ella. De descubrirla despacio, sin prisas.

Haciéndose cada vez más fuerte conforme pasaban los días. Ese cosquilleo en el estomago. Esos nervios por verla. Y obviamente cada vez iba a más y a más. Junto a todo eso se sumaban ya, esas ganas incontrolables de besarla, de acariciarla, de sentirla a mi lado...


Entré a la sala de maquillaje, intentando disimular para no ser interrogado. A Aurora no se le escapaba ni una. Estoy seguro de que tiene montado su propio sálvame deluxe con todas las marujas de su barrio. Respiré aliviado al ver que esa mañana solo estaba Fanny. Me senté en la silla para empezar con el mismo proceso de siempre.

—¡Hombre estrellita! -saludó ella.

—Buenos días. ¿A que te refieres con eso de estrellita? -pregunté curioso.

—No te hagas el tonto. Twitter está lleno de fotos tuyas con quinceañeras en el concierto de Malú.

En ese momento caí en la cuenta de la legión de fans de Malú que me invadió al finalizar el concierto del viernes.

—Ah. Lo dices por eso. Nada un grupo de niñas que me reconoció. Estuve dos horas haciéndome fotos con todas -le expliqué.

—Ya, he visto varias. Ya sabes eso de, ojos que no ven twitter que te lo cuenta.

Reí. Al final iba a resultar más peligrosa Fanny que Aurora. Que al ser más joven estaba más puesta en esto de las redes sociales.

—Por cierto... -dijo ella con suspense.

—Dime

—Te he visto también en una foto con Malú y Vanesa Martín.

Recordé la foto de la fiesta. Que había subido la propia Malú desde su cuenta oficial. A ver como salgo de esta.

—Si, la verdad es que son majísimas. Pasamos un rato divertido en el concierto.

—Hijo te codeas con la creme de la creme.

Me reí por aquella frase. Pronto intenté desviar el tema. Lo conseguí durante un rato hablando sobre cosas de la serie. Entre tanto me sonó el móvil. Lo cogí rápidamente para salir de aquel interrogatorio.

"Raúl"
-Cabronazo! Que tal con la jefa? Te lo tenías muy callado.
-Raúl no te montes películas. Entre Malú y yo no pasa nada.
-Si ya. Y yo nací ayer. Te gusta reconócelo.
-Como al 90% de españoles. Pero eso no quiere decir nada.
-La tía está incluso más buena al natural. 
-Que capullo eres jajaja.
-Jajajaajajaj
-Te dejo, me voy a trabajar.
-Hala, adios chaval.
-Chao.

No había salido de un interrogatorio y ya me había metido en otro. Tras aquellas palabras, me quedé con la mosca detrás de la oreja. ¿Tanto se notaba? Tendría que aprender a disimular un poco mejor si no quería meter en un lió a Malú. ¿Pero como se consigue eso? ¿Como se oculta que alguien está enamorado?

La mañana se hizo bastante larga entre tanto pensamiento. Por suerte me controlé y actué de la manera más normal posible. Acabé todas mis escenas y pude marcharme a casa antes de lo previsto.

Salí por la puerta de los estudios. Andé por el paseo hacia la puerta del parking. Sentí la presencia de un coche pisándome los talones. Me giré y era aquel Audi Q7 negro del primer encuentro. Paró a mi altura. Bajó la ventanilla del copiloto. Y allí estaba ella. Radiante como siempre. Con su preciosa sonrisa y unas ray ban estilo aviador que cubrían sus ojos.

—Perdona. ¿Algún restaurante por aquí cerca? -preguntó fingiendo no conocerme

—¡Estás loca! -exclamé con una sonrisa- ¿Que haces aquí?

—He venido a invitarte a comer. Anda sube.

Abrí la puerta y entré dentro del coche. Ella arrancó sin más. Sonreí al observarla conducir. Lo hacia con estilo. Se notaba que le gustaba. Sujetaba el volante con una sola mano. Mientras con la otra sostenía el cigarro que acababa de encenderse.

—¿A donde vamos? -pregunté.

—Ya lo verás.

—¿Me vas a llevar a un Mc Auto o algo así?

—Mmm es original, pero no.

—Te recuerdo que luego me tienes que traer a por el coche.

—Tranquilo. Está aquí al lado -dijo apagando su cigarro en el cenicero del coche.

Se dirigió hacia el interior de Villaviciosa de Odón. El mismo pueblo donde se encontraban los estudios de la serie.

Llegamos hasta la puerta de un restaurante. El nombre era bastante raro. Rollo inglés. A la gente le da por poner los nombres en inglés para que suene más cool. Eso es un hecho.

—Aquí es -dijo bajando del vehículo.

—¿Que tiene de especial?

—La clientela es bastante reservada, así que estaremos tranquilos -explicó ella- Además, conozco al dueño casi desde que nací. Es amigo de mis padres.

—Entonces estaremos como en casa -opiné yo.

Entramos al restaurante. Malú saludó al propietario. Me presentó y charlamos un ratito con él. Había que cumplir.

Nos sentamos en la mesa que nos indicó. Al fondo para estar más tranquilos. Había gente. Lo normal para ser lunes. Pero Malú tenía razón. Allí nadie se fijaba en nadie.

—¿Que te parece?

—Está genial -contesté

—Pues la comida es aún mejor -afirmó ella.

—Me muero de hambre -dije frotándome las manos.

—Te va a encantar, ya verás.

—¿Que me recomendarías? -pregunté leyendo la carta.

–Carne. Del tipo que quieras. Es espectacular -dijo sin dudarlo.

—Mmm es buena idea.

Nos decantamos ambos por entrecots a la pimienta. Algo clásico, pero con el toque de la casa. Acompañamos toda la comida con un buen vino. Lo eligió Malú. A decir verdad yo no tenía ni idea de vinos.
 
Terminamos de comer a eso de las cuatro de la tarde. Nos lo tomamos con bastante calma. Yo ya no tenía que volver al plató, pero Malú si tenía trabajo esa tarde. Sabía que pronto empezaría de lleno con su gira. Me llevó a por el coche.

—¿Que te parece si esta noche te invito yo a cenar? Es lo justo

—Lo siento Nacho, esta noche no puedo. Tengo una cena con mi manager para decidir algunas cositas de la gira -explicó ella.

—Bueno no importa. Otro día.

—Eso está asegurado.

—Hasta mañana entonces -dije terminando con un beso.

—Oye le estás cogiendo afición a esto de robarme besos -apuntó con un tono divertido.

—Es que me encantas -dije sacándole la lengua.

—Tiembla Malú !Nacho el empalagoso ha vuelto! -se dijo a si misma riéndose.

—Recuérdame en otra ocasión lo empalagoso que soy.

—Mmmm -rió ella

Nos despedimos entre risas y mucha complicidad. Malú se marchó a trabajar. Saqué el coche del parking y me dirigí a casa. 

Me llamó Raúl para tomar algo. Seguro que quería marearme con el tema de Malú. Cuando se pone pesado es así. Tenía la tarde libre así que quedé con él en la terraza de una cafetería.

—¿Entonces que? ¿Me estás diciendo que entré Malú y tu no hay nada?

—Estás tonto. Ya quisiera yo.

Quería contarle que me encantaba esa mujer. Que me había enamorado casi sin darme cuenta. Y todo lo que estaba viviendo con ella. Pero sabía que había que ser discreto. No es que no confiara en el. Pero de momento es mejor así. Ni siquiera yo se que es lo que tengo con ella.

—Vale, vale, no insisto más. 

—Menos mal. Pensaba que no te ibas a callar nunca -dije riéndome.

—¿Sabes que? Aún tenemos que celebrar tu cumpleaños...

—Uff quita. Ya han pasado demasiados días.

—Una fiestecita tío. A ver si ligamos. Que tu ya no te acordarás como se hacia -insistió él

—Eres un capullo. A mi déjame que estoy muy bien así... -dije dando un trago a mi cerveza.

—Mira que te has hecho aburrido macho. Eso es culpa de Laura.

—No es culpa de nadie. Yo he madurado, no como otros.

Pasamos la tarde entre risas y cervezas. A lo tonto se había hecho bastante tarde. Me fui a casa dando un paseo. El bar estaba bastante cerca de casa y había ido andando.

Me relajé en el sofá. Cogí el móvil para mandarle un WhatsApp a Malú y preguntarle que tal iba su cena. No me dio tiempo a abrir la aplicación. Sonó el timbre en ese momento. Fui a abrir la puerta. Lo hice sin mirar por la mirilla. Me sorprendí al verla. Puse cara de sorpresa y sonreí al instante.

—Que he pensado que mi manager va a hacer lo que quiera... Así que, que las decida ella. ¿Has cenado? -dijo sonriente mostrando una bolsa llena de comida.

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