Tardamos un ratito en llegar. La casa estaba en las afueras de Majadahonda. Era un barrio de chalets adosados. Seis o siete calles paralelas unas a otras con todas las casas exactamente iguales. Parecía un juego de buscar las diferencias. Como para encontrar yo solo la que era. Además la iluminación era bastante escasa, lo que dificultaba aún más la búsqueda. Malú tenía razón, habría estado dando vueltas toda la noche sin dar con la casa.
Llegamos a la calle correcta. Al parecer el resto del grupo ya había llegado. Mi acompañante reconoció la mayoría de los coches que invadían la puerta de la casa. Aparqué un poco más atrás, en el primer sitio que encontré libre.
Llamamos al timbre y nos abrió el dueño de la casa.
—Chicos, ¡la súper jefa ha llegado! -gritó para que los demás lo oyeran.
Malú entró dándole un cachete cariñoso por la broma que acababa de hacer. Este tío era un cachondo.
Entré tras ella y lo saludé también.
—¿Te ha dado mucha guerra durante el viaje? Suele ponerse insoportable después de los conciertos -dijo Rubén dirigiéndose a mi.
—¡Te he oído! -gritó la jefa, que ya andaba saludando a los demás.
Me reí mirando al músico. Le hice un gesto cómplice.
—Solo una poca -añadí riendo.
Malú volvió a girarse hacia donde nos encontrábamos nosotros.
—¡Al final cobráis los dos, cabrones! -soltó ella con su desparpajo natural.
—¡Bah ni caso! Bueno Nacho, tómate lo que quieras. Estás en tu casa.
—Gracias -dije algo cortado.
Creo que todavía no había asimilado lo de hoy. ¿Yo de fiesta con Malú y con su gente tras el conciertazo? Desde luego yo esto lo cuento y no me creen.
Entramos al salón. Era allí donde se encontraba el resto de la gente. Había música, pero no demasiado fuerte. No era cuestión de despertar a medio vecindario. Además aquello era más como una reunión de amigos. Charlaban los unos con los otros mientras tomaban una copa sin más. Pude distinguir entre la gente a Vanesa Martín, que parece que también se había apuntado a la juerga.
—¿Te apetece una copa? -miré a Malú.
—Te confesaré que no suelo beber. Pero hoy la necesito -dijo ella mientras se encendía un cigarro.
—Claro mujer. Un día es un día.
Nos sentamos en el sofá, al lado de Jose y Vanesa. Saludamos a los dos. Vane y Malú se dieron un abrazo súper emotivo. Se notaba que las unía una gran amistad. Abrazó también a su hermano, felicitándose así mutuamente por el trabajo de esta noche.
—¿Que os pongo venga? -preguntó Jose mirando las bebidas que estaban sobre la mesita de al lado del sofá.
—Un gin tonic porfi -dijo Malú dando una calada a su cigarro.
—Que sean dos -añadí.
—Marchando dos gin tonics -dijo Jose ejerciendo de barman.
Me reí al verle con esa soltura. Debía ser cosa de familia. Miré a las chicas.
—Vanesa enhorabuena! Esa versión de "No te pude retener" ha sido increíble -dije.
—Gracias Nacho. Oye llámame Vane -dijo la malagueña.
—Si llámala Vane, porque Vanesa es muy serio y no le pega nada -comentó su amiga apagando el cigarro en el cenicero de encima de la mesa.
—Cuidado con esta. Los post-conciertos la alteran demasiado. -me advirtió Vane utilizando un tono de broma.
—Perdona guapa. Mi tontería es de serie.
—Si, en mi coche ha puesto el "Sufre mamón" a toda leche -confesé yo.
—¡Eso no se cuenta! -rió dándome una palmada en la pierna.
Jose que estaba al lado y había escuchado la conversación entera, se meaba de la risa. Nos dio las copas y se unió a nosotros.
—Mi hermana es así. Única en su especie -dijo Jose.
—¿La habéis tomado todos contra mi esta noche o que? -preguntó Malú poniendo cara de ofendida.
—Ya sabes que te queremos hermanita.
—¡Cabronazos! Voy a ver al resto -se levantó, cogió su copa y fue a ver al resto de la gente. Es lo que tiene el tener que quedar bien con todos.
Me quedé charlando con Vanesa y con Jose. Guitarrista y cantautora. Que gran combinación. Tema de conversación no nos faltó. Les conté mis anécdotas de niño con la guitarra y ellos quisieron compartir las suyas conmigo. Un privilegio vamos. Eran estupendos ambos.
Miraba de vez en cuando a Malú, que seguía charlando con la gente. Estaba en su salsa. Se notaba que se lo estaba pasando bien. Una de esas veces Jose me pilló de pleno mirándola con cara de bobo. No me vi la cara, pero probablemente fuera esa. No dijo nada al respecto, cosa que agradecí bastante.
De la nada apareció Malú, con el móvil en la mano gritando la palabra "Selfie". Selfies eran las fotos de moda. Lo que se llevaba ahora en las redes sociales. No eran más que auto fotos con la cámara delantera del teléfono. Posamos los cuatro haciendo carazas a la cámara.
—Os voy a tuitear ¡que lo sepáis! -exclamó con entusiasmo Malú.
—Jefa, ¿sabes que has olvidado poner el tuit de agradecimiento post concierto? -le recordó su hermano.
—¡Coño es verdad! Pues allá voy -dijo tecleando en la pantalla de su iPhone.
Los tres la miramos expectantes. No quería enseñarnos el tuit. Así que a la que nos quisimos dar cuenta estábamos todos con el móvil en la mano esperando a que lo publicara de una vez.
@_MaluOficial_
Muchísimaaas graciias Madrid! Ha sido increíble vivir lo de esta noche con vosotros! Nos vemos prontoo!! (Iconos de besos)
Los tres nos miramos riendo. Había salido el lado oculto de la jefa. Nos miró con cara de sorpresa.
—Mis fans son lo primero -aseguró ella, todavía con el móvil en la mano.
—Si no hemos dicho nada -me defendí yo.
—Bueno, por si acaso -dijo mirándome sonriente.
Me vibró el móvil. Al final iba a ser verdad que había tuiteado la foto de los caretos.
Volvía a abrir twitter para comprobarlo.
@_MaluOficial_
Celebrando con amigos! Se puede estar mejor acompañado? @JoseDeLucia @vanesamartin_ @Nachogs85 http://pic.twitter.com/jeldjdofm
Efectivamente, lo había hecho. Y eso que lo caretos eran interesantes. Los tres silenciamos y guardamos los teléfonos. Retomamos la conversación. Las horas pasaban. Nos tomamos otra copa, y otra, y otra más.
—Creo que voy a dejar de beber. Tengo que llegar a casa -añadí.
—Y lo que es más importante. Tienes que llevarme a mi a la mía...
—Con más razón. No quiero que tus fans se abalancen sobre mi si no te llevo sana y salva.
No tardamos mucho en marcharnos. Debían ser como las cinco de la mañana. Nos despedimos de todo el mundo, aunque puede que más de uno mañana ni se acuerde. Salimos y fuimos dirección al coche, menos mal que no tenía perdida.
—¿Hace falta que te guie o sabes llegar? -preguntó ella con tono divertido.
—Creo que sabré llegar. Si no te dejo tirada donde me parezca -bromeé.
—Muy gracioso.
A decir verdad las condiciones para conducir no eran muy favorables. Pero la casa de Malú estaba relativamente cerca. En el pueblo de al lado. Me dirigí hacia allí intentando mantenerme despejado mientras conducía. Malú se reía al ver mi cara de concentración y obviamente me hacia reír a mi también. Llegamos en diez minutos. Al ser las horas que eran, el tráfico era bastante reducido.
—¿Nos tomamos la última? -propuso ella.
—No se yo si es buena idea...
—Venga Nacho, un día es un día, tu lo dijiste.
¿Y como se le dice que no a Malú? Con esa cara, con esa mirada, con esa sonrisa... ¡Me encantaba! Era la perfección personificada.
La verdad es que no creo que nadie tenga la respuesta a esa pregunta.
Entramos en su casa. Pasamos al salón. Me senté donde me indicó y al momento apareció ella con las copas y con una guitarra a cuestas.
—¡Nooo! -exclamé yo al verla llegar con el instrumento.
—¡Vengaa! Jose me ha dicho que tocas el temazo de "Ahora tú"
—¡Malú no! Olvídalo -dije resistiéndome, a pesar de que sabía a ciencia cierta que acabaría convenciéndome.
—Va tócamelo! -soltó convencida de sus palabras.
Yo solía mal interpretar las palabras. Y si a eso le añades unas copas de más pues aún suena peor. Empezamos a reír sin freno. Malú me pegó tres o cuatro golpes en el brazo para que parara.
—Tío, eres un mal pensaó.
—Reconoce que ha sonado mal -dije mirándola.
—Tal vez un poco si... -dijo algo avergonzada- A veces suelto lo primero que me pasa por la cabeza.
—Tranquila, eso nos pasa a todos.
—¿Bueno que? ¿Vas a tocar LA CANCIÓN o no? -insistió ella, recalcando la palabra canción.
—¿Tu quieres verme hacer el ridículo no? -pregunté mientras cogía la guitarra.
Pensé dos minutos antes de tocar. Hice un par de pruebas y empecé con los acordes del "Ahora tú"
Al inicio de la letra ella me acompañó con su espectacular voz. Cogimos ritmo sin darnos cuenta y acabó cantando más de media canción.
"Y ahora tú, llegaste a mi, sin previo aviso, sin un permiso, como si nada"
Se me ponían los pelos de punta con cada frase que salia de su boca. No solo por oír su voz. Sino por escuchar esa letra y vernos así a los dos. Al fin y al cabo ella también había llegado a mi vida sin esperarlo. Sin aviso... Como si nada...
Al terminar la canción, nuestras miradas se cruzaron con más intensidad que nunca. Si en ese momento hubiera querido desviar la mirada, no habría podido. Sus ojos me tenían absolutamente hipnotizado. Nuestros cuerpos se acercaban prácticamente solos, por pura inercia. Las intenciones eran claras por ambas partes. ¿Sería cosa del alcohol? De repente paré interrumpiendo el momento mágico que habíamos creado.
—Creo que has bebido demasiado -le saqué la lengua.
—Eres un idiota -me dio un cojinazo.
—Si, pero tengo razón.
—¡Cállate y bésame! -ordenó con un aire de jefa que me había vuelto loco.
Me acerqué despacio después del momento broma. Y acabé lo que sin saber como, habiamos empezado. Mis labios rozaron los suyos para acabar fundiéndose en un cálido beso. Al principio con timidez. Timidez que se iba quedando atrás conforme pasaban los segundos.
Sube el siguiente
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