Aquella noche dormí como un verdadero angelito. Si la noche soñada existía, la mía sin duda había sido esa. Con ella al lado todo era perfecto. No necesitaba nada más.
Desperté cuando los primeros rayos de luz atravesaron las finas líneas de la persiana de la habitación. Alargué el brazo hasta la mesita para coger el móvil. Quería mirar la hora y yo no solía utilizar nunca relojes de muñeca.
Todavía eran las 8.05 de la mañana. Quizás demasiado pronto para levantarse un domingo.
Miré hacia el otro lado de la cama. Allí estaba ella. No había sido un sueño. La miré sonriendo. Dormía placidamente como una niña pequeña. Su gesto era totalmente relajado. Era un gusto mirarla. Daba igual la situación en la que estuviera. Ella estaba guapísima de cualquier forma y en cualquier situación.
Acaricié su mejilla con delicadeza. Su piel era extremadamente suave. Podría tirarme horas así. Me encantaba. Pronto convertí las caricias en pequeños besos. Hasta que una sonrisa se dibujó en su boca. Era señal de que se había despertado, aunque todavía seguía con los ojos cerrados. Reí al ver ese gesto y aumenté la intensidad de los besos.
—Se que estás despierta... -susurré en su oído.
Ella rió al escucharme, pero se hizo la remolona durante unos segundos más. Abrió los ojos perezosa y me miró sin decir nada. Esa mirada era más que suficiente...
—Buenos días -dije dedicándole la mejor de mis sonrisas.
—Buenos días -dijo desperezándose de una manera que enamoraba.
Más bien creo que todo lo que hacia me enamoraba. Cuando te enamoras te gusta todo de la otra persona. Tanto que no existen los defectos. Y eso me pasaba a mi ahora. No veía, ni era capaz de imaginar un solo defecto en ella. No creo que lo tuviera.
—¿Que tal has dormido? -me interesé.
—Genial -contestó sonriendo- ¿Y tú?
—Bien. Tienes una cama muy cómoda.
—¿Si no? -rió ella.
—Hombre dormir a tu lado también tiene algo que ver. Pero es que no quiero que se te suba.
Me pegó en el brazo riendo. No muy fuerte. Tenía la manía de hacerlo con todo el mundo. Era uno de sus gestos más repetidos con quien tenía confianza. Y conmigo debía tenerla porque ya iban varias veces.
—Ya te vale -rió.
Sonreí al ver su cara. Me acerqué a sus labios sin decir nada y le robé un beso.
—¿Siempre eres tan empalagoso? -preguntó ella intentando picarme.
—¿Siempre eres tan sosa? -respondí en forma de pregunta.
—Eso no me lo decías anoche... -apuntó con una sonrisilla pícara.
—Es que tengo muy mala memoria. ¿Por que no me recuerdas lo que decía anoche?
—Ya te gustaría guapo. Pero no tengo tiempo para eso. ¡Arriba!
Se levantó de la cama. Únicamente llevaba puesta mi camiseta. Le cubría casi hasta las rodillas. Pero le quedaba genial.
—Estás muy sexy -dije mirándola con deseo mientras inevitablemente me mordía el labio inferior.
—Lo sé! -vaciló ella- ¡Venga Nacho, levanta!
Negué con la cabeza y me cubrí entero con la sábana. Tardó muy poco en venir a molestarme para que saliera. Pero le salió mal, porque en cuanto tuve la oportunidad salí de mi escondite y la tumbé de nuevo a mi lado. La besé mientras mis manos se perdían acariciando sus piernas desnudas.
—Ves como tenía razón. ¡Eres un empalagoso! -exclamó con un claro tono de broma.
—Ya. Pero tu tienes la culpa.
—¡A mi no me eches la culpa! Yo no he hecho nada. -dijo defendiéndose.
—¿Te parece poco mirarme con esa sonrisa?
—Eres un amor... -dijo acariciándome la cara y terminando la frase con un beso.
Esos pequeños gestos eran los que conseguían que me enamorara cada segundo un poquito más.
—¿Quién es ahora la empalagosa? -bromeé
—No se lo cuentes a nadie. Tengo una reputación que mantener -dijo riendo.
—A mi me encantas así.
Tras mi respuesta volví a besarla. Aquellos labios que me volvían loco. Ella respondió a mis besos con la misma intensidad, incluso con más. Era pura pasión. Y no, ya no se resistió, ni pensó en levantarse. Simplemente nos dejamos llevar por lo que en aquel momento nos apetecía.
Olvidamos el tiempo. Olvidamos el mundo. Nos olvidamos de todo por un momento. Como si no existiera nada más. Solo ella y yo. Ella y yo solos en aquel cuarto, alumbrado únicamente por la suave luz del amanecer. Comiéndonos a besos. Acariciándonos cada rincón de nuestros cuerpos desnudos. Disfrutando el uno del otro.
La llama del deseo seguía encendida. Ella era mi debilidad. Sentía que me hacia especial. Me hacia diferente. Sin darse cuenta me hacia el hombre más feliz del mundo.
Nos quedamos dormidos tras aquel arrebato de pasión. Caímos rendidos casi sin darnos cuenta. Abrazados y arropados solamente por una fina sábana blanca.
El sonido de notificación de mi móvil me despertó de repente. A Malú le paso lo mismo. Me miró algo desconcertada.
—Perdona. He olvidado ponerlo en silencio.
—Tranquilo. Es hora de levantarse. Nos hemos quedado dormidos.
Aproveché para leer el WhatsApp. Era mi amigo Raúl.
”Raúl"
-Tío, donde te metes? No se nada de ti.
-Quedamos a comer??
Me reí al leerlo. La verdad es que hacia varios días que no nos veíamos. Ni siquiera el día de mi cumpleaños, que le puse una excusa de lo más tonta para no salir de fiesta. Malú me miró con una sonrisilla.
—¿Tu amante te ha propuesto plan? -bromeó ella.
—Sí, pero no se que decirle.
—Dile que igual hoy estás algo agotado.
—No creas, yo tengo aguante para rato.
—¡Fantasma! -vaciló con una risa irónica.
Me reí por aquel comentario. Adoraba esas bromitas que nos hacían empezar a tener una gran complicidad.
—Es Raúl, mi mejor amigo. Me ha propuesto quedar a comer.
—¿Y que le has dicho?
—Que no puedo. Que me va a invitar a comer una chica guapa.
—¿Ah si? No tengo noticias... -rió
—No en serio. Me gustaría presentarte a Raúl. ¿Y si quedamos a comer con él? -propuse.
—No se Nacho... -dijo con indecisión.
—Malú, te aseguro que es de confianza -dije mirándola- Tu me has presentado a los tuyos, lo justo es que yo haga lo mismo.
—Esta bien. Comemos, pero nada de restaurantes muy transitados -advirtió ella.
—¿Mi casa te parece lo suficientemente discreta?
—Mmmm tu casa me parece perfecta
Se acercó de forma cariñosa y me dio un beso justo antes de levantarse. Se dirigió hacia el baño totalmente desnuda. Ni siquiera se molestó en ponerse algo que la cubriera. Me reí por esa naturalidad.
—Voy a la ducha.
—Vale -acerté a responder mientras observaba embobado sus curvas perfectas.
Cogí el móvil para contestarle a Raúl. Abrí el hilo de mensajes.
"Raúl"
-Hola tío! Siento la ausencia. Perfecto, quedamos a comer.
-Ya me contarás que has estado haciendo cabrón.
-Jajajjaja
-Nos vemos donde siempre.
-Mejor comemos en mi casa. Quiero presentarte a alguien.
-Como quieras. No me digas que has ligado?
-Jajajaja no es eso. Es una amiga.
-Si ya! A mi no me engañas.
-Eso si, podrías pillar algo del restaurante. No me apetece cocinar
-Venga, yo me paso.
-Gracias, luego nos vemos.
-Chao.
Me duché cuando salió Malú. Pensé en invadirle la ducha. Pero nos íbamos a volver a liar y no era plan de llegar tarde.
Cuando ambos estuvimos listos fuimos a buscar mi coche y nos dirigimos a mi piso. Vivía en pleno centro de Alcorcón. Y como era domingo había bastante gente. Familias enteras, parejas paseando de la mano, grupos de amigos correteando por las calles...
Sin pensarlo dos veces metí el coche a mi plaza de garaje. Era pequeñita, pero fue suficiente para subir a casa sin tener que pisar la calle. Un alivio para Malú.
Entramos al piso. Era un ático duplex bastante acogedor. Cuando me lo quedé hice obra para hacerlo tipo loft. Y eso le daba un encanto especial. Tenía el salón y la cocina juntos en el primer piso, separados solamente por una barra estilo americano. Arriba estaban las habitaciones, a las que se accedía mediante una escalera de caracol. Laura, mi ex, me ayudó bastante en la decoración, y quieras que no, el lado femenino se notaba en el encanto. La única pega es que estaba un pelín desordenado.
—Perdona el desorden -dije excusándome.
—Tranquilo -rió ella- Tienes un piso precioso.
—Gracias. Ponte cómoda.
Subí a cambiarme de ropa. Todavía llevaba la ropa del día anterior. Cuando terminé bajé al salón con la guitarra que me regalaron mis padres hace ya bastantes años. Estaba bastante vieja. Simplemente por el paso del tiempo. La tenía firmada por gente del colegio y por buenos amigos. Aún sonreía al leer aquellas dedicatorias.
—¿Que te parece? -sonreí enseñándosela.
—Guuau! -exclamó
—Me la regalaron mis padres cuando tenía 12 años.
—Tu primera guitarra -dijo obsevándola con detalle.
—Si bueno y también la última -dije.
—¿Nunca pensaste en dedicarte a la música? Se te da bien -sonrió mirándome.
—Mil veces la verdad. Pero bueno me decidí por la interpretación...
—¿Puedo firmártela? -preguntó con entusiasmo.
—¿Bromeas? Estás tardando.
Fui a por un permanente de color negro y se lo dejé. La miré sonriendo mientras escribía. Estaba súper concentrada. Cuando terminó me la dio.
—¡Pero no lo mires! -exclamó con un tono alto
—¿Por que no? -pregunté curioso.
—Porque no. Cuando yo no esté.
—Vale. Pues voy a guardarla.
—¡Nacho prométemelo! -dijo divertida.
—Te lo prometo. No la leeré.
Me reí. Era como una niña y eso me gustaba. Guardé la guitarra sin leer la dedicatoria, tal y como le había prometido. Aunque me moría de curiosidad.
Sonó el timbre mientras estaba arriba. Bajé rápidamente a abrir la puerta. Miré a Malú. Le hice un gesto cómplice con la mirada para que se acercara. Abrí. Obviamente era Raúl. Entró convencido.
—Eehh cabrona... -hasta aquí llego su frase. Creo que no esperaba ver a Malú allí. Lógico por otra parte.
—Zo -terminó la palabra y nos miró a los dos con cara de sorpresa- Hola -se arrancó por fin.
—¡Que pasa tío! -le saludé- Te presento a Malú. Malú este es Raúl.
—Hola Raúl. Encantada -saludó la jefa cariñosamente dándole dos besos.
—Igualmente -dijo mi amigo recuperándose del impacto.
—¿Sorprendido Raulillo? -dije aún descojonado.
—Hombre, ¿tu que crees? no esperaba encontrarme con Malú.
—Nacho es que eres muy cabrón. Podrías haber avisado a tu amigo -apuntó ella.
—¿Y perderme su cara?
Reímos los tres. Comimos tranquilamente lo que Raúl había traído del restaurante al que solíamos ir. Charlamos de todo un poco. Mi amigo pronto se soltó. Era muy extrovertido y no tenía problemas para hacerse con la gente. Era la típica persona que caía bien a todo el mundo.
Cuando se hizo la hora nos despedimos de él y nos dirigimos a casa de Malú. Tenía que dejarla. Acababa este gran fin de semana. Y no, no quería que acabara. Pero desgraciadamente mañana ambos volvíamos al trabajo.
Volví a casa tras dejarla a ella en la suya. Solía ver la tele antes de dormir. Pero esa noche me fui directamente a la cama. Cogí el móvil y abrí el WhatsApp para darle las buenas noches.
"Chica Q7"
-Buenas noches preciosa.
-Buenas noches Nachete.
-No trabajes mucho!
-Lo mismo te digo.
-Descansa (iconos de besos)
-Un beso (iconos de besos)
Dejé el móvil sobre la mesita. De repente miré al frente y ví la guitarra. Me levanté a cogerla. Volví a sentarme, la puse sobre mi y busqué su firma.
"Sin previo aviso, sin un permiso, como si nada...
Gracias por aparecer de la nada, por hacerme sentir única en este mundo, por regalarme tu cariño..."
Malú
No hay comentarios:
Publicar un comentario