Creí haber vuelto a la adolescencia cuando miles de mariposas recorrieron mi estomago. Era una sensación única. Indescriptible...
Me dejé llevar, disfrutando al máximo cada milímetro de sus labios. Saboreándolos despacio, sin ningún tipo de prisa. Acaricié su cara con una mano. Lo hice lentamente, tal y como la magia del momento exigía. Me separé quedando a tan solo centímetros de su boca.
—Así que un idiota no? -la miré con una gran sonrisa.
—Un súper idiota -Afirmó ella sonriente.
—Ya te vale guapa...
Volví a besar sus labios. La empujé despacio sobre el sofá, dejándome caer con cuidado encima de ella. Perdí mis manos por debajo de su camiseta. La acaricié suavemente. Sentí como su piel se ponía de gallina al contacto con las yemas de mis dedos. Ella hacia lo mismo conmigo. Recorría con sus manos mi espalda de arriba a abajo. A su antojo. Una y otra vez. Conseguía estremecerme por completo.
La temperatura subía prácticamente sin darnos cuenta. Me preguntaba si el alcohol habría sido el desencadenante de este mágico final. Paré de besarla. Le aparté un mechón de pelo que le caía por la cara.
—¿Estás segura?
Ella no dijo nada. Únicamente me volvió a besar. Me parecía una buena respuesta para seguir. Quizás la mejor que te puedan dar. Pero no en esta situación. No con ella. Habíamos bebido más de la cuenta y no quería que esto quedara en un calentón. Que al fin y al cabo empezaba a serlo. ¿Si no como se explica? Malú y yo ¿juntos?
—Malú, no quiero que mañana te arrepientas de esto -insistí yo.
—Nacho no me voy a arrepentir -aseguró ella convencida.
—¿Segura?
—Eres un pesado -volvió a callarme con un beso.
Un beso con más intensidad que los anteriores. Con más ganas. Con más pasión. Un beso que terminó de convencerme.
Deslicé su camiseta hacia arriba y con su ayuda se la quité por completo. Dejando así al descubierto un bonito sujetador negro. Era aún más perfecta de lo que jamás habría imaginado.
Desde luego, si esto era un sueño no quería despertar nunca.
De repente sonó el timbre. Hasta aquí duró el sueño. Me sobresalté sin querer. A ella le pasó lo mismo. Y casi por simple impulso me quité de encima. Nos miramos extrañados por la hora que era.
Malú se levantó volviéndose a poner la camiseta de la cual me había desprendido yo momentos antes. Se dirigió a la puerta. Yo me senté de manera normal en el sofá, e incluso cogí la guitarra para disimular.
Pude distinguir la voz de Jose cuando Malú abrió la puerta. Acto seguido entraron los dos en el salón. Ella me dirigió una mirada cómplice y me hizo un gesto como pidiéndome perdón. Sonreí al verla. Estaba muy graciosa gesticulando.
—¡Coño Nacho! -saludó Jose- ¿Interrumpo algo? -preguntó mirando a su hermana.
—No, no interrumpes nada. Estábamos tomando la última -dijo ella.
—Exacto. Lo que pasa es que tu querida hermana me ha sacado la guitarra y me ha liado -comenté yo señalando la guitarra.
—Te entiendo. Cualquiera le dice que no...
—¿Y a ti que te ha pasado? -preguntó Malú dirigiéndose a Jose.
—He debido olvidarme las llaves de casa en casa de Rubén.
—Vaya hombre -añadió ella.
—¿No te importará acoger a tu hermanito una noche no? -preguntó él- No voy en condiciones de coger otra vez el coche.
—Que remedio hermanito...
—Bueno chicos pues yo mejor os dejo. Es muy tarde -dije yo levantándome del sitio.
—Si, creo que lo mejor será que nos vayamos a dormir todos -comentó Malú.
Y así fue. Me despedí de Jose hasta la próxima. Nos prometimos una próxima vez. Eso me alegraba. Había estado súper a gusto con ellos esta noche. Y por su puesto sería un placer repetir.
Malú me acompañó hasta la puerta. Ambos reíamos por la situación. Las cosas del destino. Quizás ese no era nuestro momento.
—Lo siento... -insistió ella casi en un susurro.
—No pasa nada ya lo sabes -hice una caricia en su mejilla para que quedara convencida.
—Gracias -sonrió.
—Gracias a ti por esta increíble noche.
—Hablamos ¿no?
—¿Sabes que todavía no tengo tu teléfono? -dije divertido
—Será porque no me lo has pedido -me miró interesante.
—Es que... Me daba vergüenza pedírtelo -confesé yo.
—Serás tonto.
Me quitó el iPhone literalmente de las manos y tecleó su número de teléfono en la agenda de contactos.
—¿Ves como no era tan difícil? -dijo devolviéndome el móvil.
—Mmm tu móvil y tu dirección. ¿Por esta exclusiva ya me darán pasta no? -Bromeé sacándole la lengua.
—¡Idiota!
—Hasta mañana guapa.
Me encaminé hacia fuera. Pero tuve la sensación de que me faltaba algo. Necesitaba volver a probar sus labios. Paré de golpe. Deshice mis propios pasos. Llegué de nuevo hasta donde estaba ella y sin que se lo esperara, la besé. Un beso fugaz. Ella me miró sonriendo, esa gran sonrisa que me estaba empezando a volver absolutamente loco. Me hizo un pequeño gesto con las manos para decirme adiós y cerró la puerta.
Volví a casa sin ser capaz de borrar la sonrisa de la boca. Lo había conseguido. Tenía la sonrisa más grande del mundo gracias a ella. Llevo en una nube desde el día que la conocí. Pero no en la misma. Cada vez en una más alta. Cambié de nube el día que me siguió en twitter. Volví a cambiar el día que se acordó de mi cumpleaños. Y esta noche me he mudado a la nube más alta de todas. Por un momento he llegado incluso a tocar el cielo con la mano. Es sencillamente genial.
Dormí feliz. Como un autentico niño. Me desperté cuando mi cuerpo descansó todo lo de la noche anterior. Hoy era sábado y no sonó el despertador como todas las mañanas. Lo que si sonó fue el whatsapp varias veces.
Lo miré todavía desde la cama. Me extrañé al ver el nombre, pero automáticamente me reí. Era el que puso Malú cuando guardó su teléfono.
"Chica Q7"
-Buenos días!!
-Buenos días chica Q7!!
-Jajajajajaja
-Estás loca
-Ya, pero te has reído, lo sé
-Jajaja un poco. Que tal tu hermano?
-Ya se ha ido a su casa
-Que crack
-Pues ese crack se ha pasado la noche roncando en la habitación de al lado
-Jajajajajajjaj
-No te rías. Por su culpa llevo unas ojeras hasta los pies
-Que exagerada seguro que estás muy guapa
-Jajajaj que va
-Jejej
-Que planes tienes para hoy?
-Nada especial. Conozco un sitio que te encantaría. Te apetece venir?
-Miedo me das...
-Jajajaja en serio, confía en mi
-Bueno, esta bien
-Perfecto, ponte ropa cómoda. Te recojo en una hora
-Vale. Pues ahora nos vemos
-Besos
Me levanté de un tirón. Me duché y me vestí con ropa deportiva. Cogí las llaves del coche y salí de casa dirección a casa de Malú.
Era sábado y había bastante tráfico por la M-30. Llegué en algo más de veinte minutos. Aparqué en la misma puerta. Bajé del coche y antes de que pudiera llamar salió ella. Iba súper sport, pero estaba guapísima con esa ropa. Llevaba unas mallas ajustadas y una camiseta de tirantes.
Estábamos a mediados de mayo. La temperatura primaveral de la capital era muy agradable. Tanto que durante el día daba la sensación de estar en pleno verano.
Subimos al coche y puse rumbo a nuestro destino. Malú estaba expectante y eso me gustaba. Parecía una niña de cinco años. No tenía ni idea de a donde íbamos.
—Te va a gustar ya lo verás -dije mirándola en un gesto rápido y volviendo la vista a la carretera.
—¿Una pista? -insistió ella.
—Mmmm senderismo -añadí.
—Bueno, me gusta... -rió- ¿Lugar?
—Has dicho una pista! Y ya te la di.
—Vale. No digo nada más.
El viaje transcurrió con normalidad. Nos pasamos hablando durante todo el trayecto. Me encantaba oír su voz. Llegamos a un sitio de montaña. Aparqué el coche y bajamos. Había una pequeña pista de tierra por mitad de los árboles. Aunque no tenía las señales de ruta senderista. Era un lugar desconocido por mucha gente.
—¿Lista?
—Cuando quieras.
Nos dirigimos hacia aquella senda y nos adentramos en ella.
—¿Estás seguro de que no nos vamos a perder? Esto está sin señalizar -dijo ella.
—Confía en mi. Tengo buen sentido de la orientación
Tras cuarenta y cinco minutos caminando montaña arriba llegamos al lugar hasta donde yo quería.
—¡Espera! -me puse detrás de ella y le tapé los ojo con una mano.
—¡Nacho! No querrás tirarme abajo.
—Si, me has pillado -dije mientras la guiaba hasta delante del todo.
Estábamos en lo más alto de aquella montaña. El aire era limpio. Las vistas eran espectaculares. Era naturaleza en estado puro. Desde arriba se contemplaba absolutamente todo. Se veía un hermoso lago con el agua totalmente cristalina, donde se reflejaban las montañas de alrededor. Elegir este sitio para venir en primavera había sido una buena decisión. La combinación de colores era increíble.
Le descubrí los ojos y me agaché apoyándome en su hombro. Sin tacones era algo más bajita que yo.
—Guaau. Es precioso -soltó ella emocionada.
—Te dije que te gustaría -dije sin cambiar mi posición.
Ella se giró sobre si misma para quedar enfrente de mi. Me miró a los ojos y me besó. Ese beso me supo a gloria.
—Me encanta. Gracias por traerme.
—Me encanta que te encante, así que no me des las gracias.
Pasamos el día explorando los lugares de aquel bonito lugar. Entre risas, besos y fotos para el recuerdo.
Me estaba pasando. Me estaba enamorando perdidamente y sin freno...
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