La miré con la sonrisa más grande del mundo. La rodeé completamente con los brazos y la levanté en el aire. Un pequeño grito escapó de su boca.
—Nachoo! Bájame! -exclamó ella.
Se agarró a mi lo más fuerte que pudo y me pegó repetidos golpecitos para que la soltara.
Y así lo hice. La deje caer en la cama de aquella suite. Caí yo encima de ella, impidiendo así que pudiera escapar.
—Estás loco, pero me encantas... -dijo ella mirándome con esos ojos que quitaban el sentido.
La miré durante tres segundos. El tiempo que aguanté sin besar sus labios. Ataqué su cuello con suavidad pero apasionadamente. Con toda la pasión que exigía ese momento.
Lo había hecho si. Había sido capaz de plantarme en México sin pensar en nada más. Malú tenía razón cuando decía que estaba loco. Lo que no sabía es que ella era la culpable de todas mis locuras. Aunque creo que ese día empezó a descubrirlo.
Me deshice con habilidad de su camiseta. Al igual que hizo ella con la mía. Todavía llevaba la camiseta del staff que me había dado Jose. La miró sin entender nada, pero solo pudo reír.
—¡Tu me tienes que explicar demasiadas cosas! -dijo señalando mi camiseta antes de lanzarla a algún punto perdido de la habitación.
—¿Ahora? -pregunté divertido mientras besaba todos los rincones de su cuerpo.
—Mmmm ahora precisamente no... -dijo entre suspiros.
Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, apoyándose en la almohada. Me reí al ver ese gesto tan relajado. Se abandonó dejándome llevar la iniciativa. La temperatura de aquella habitación había subido prácticamente sola. Y no solo la de la habitación, también la nuestra.
Volvía ese deseo incontrolable de tenernos. De sentirnos completamente. Esa mezcla de amor, pasión y desenfreno. Era esa magia que tanto me gustaba.
—¿Y por que no? -interrumpí yo.
Dejé de besarla y la miré. Quería picarla un poco. Sabía que estaba lo suficientemente encendida como para matarme si paraba. Pero seguro que su cara merecía la pena.
—Como pares ahora te mato -dijo echándome una mirada asesina.
Reí inevitablemente ante su respuesta. Como siempre era clara y concisa. Muy suya, muy Malú. La besé de nuevo. Desabroché el botón de su pantalón vaquero. Lo deslicé por sus piernas hasta quitarlo por completo. Repetí el mismo proceso con su ropa interior.
Besé y acaricié despacio cada centímetro de su piel sin dejarme ni un solo rincón. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Podía sentir como temblaba entre mis brazos.
Hicimos el amor como la primera vez. Con la misma pasión, con el mismo deseo, con la misma intensidad. Pero con más ganas si cabe. Cada mirada, cada gesto, cada caricia... Éramos capaces de entendernos a la perfección sin necesidad de pronunciar palabra. Nos bastaba con mirarnos a los ojos. Sentir eso con alguien era algo indescriptible. Una sensación que te llena el alma.
Nos quedamos tumbados uno al lado del otro. Malú recostada sobre mi. Con su cabeza apoyada en mi pecho. Recorría mi cuerpo con los dedos de su mano derecha. Dibujando cosas a su antojo.
—¿Puedes repetir eso que has dicho que sentías por mi? -dijo con voz de niña.
Reí al oír esa pregunta. Era adorable.
Me acerqué a su oído. Su posición me permitía hacerlo sin ninguna dificultad.
—Te quiero... -le susurré muy bajito.
Me miró sonriente sin decir nada. Nos quedamos así durante unos segundos.
—¿Todavía tienes dudas de que esto no va a funcionar?
—No tengo dudas... Tengo miedo. Miedo de que sea tan perfecto. De que lo pasemos mal...
—Yo estoy aquí para disipar esos miedos. ¡Estoy en México Malú! -exclamé con efusividad en plan niño pequeño.
—Ya me estás contando como te las has arreglado.
—No seas cotilla -dije yo con tono de broma.
—Nachooo! Cuéntame ya!! -exigió ella ejerciendo de jefa.
—Te diré que ahora soy parte del staff de tu gira.
—Ya, eso lo he visto en tu camiseta. ¿Puedes ser más preciso? -preguntó.
—Tu hermano ha sido mi cómplice en esta aventura -acabe confesándole.
—¡Menudo par! -exclamó ella riendo- La que habéis liado.
—¿No te ha gustado la sorpresa?
—Me ha encantado... -dijo en un tono bajito.
Me dio un calido beso, que me encantó. Tras esto miro su reloj y se incorporó rápidamente, casi de un salto.
—Mierda Nacho!! Que tengo una entrevista a las ocho y media.
—¿Que hora es?
—¡Y cuarto! -exclamó vistiéndose con rapidez.
Hice lo mismo. Nos despedimos con un beso fugaz. Ella se fue volando a buscar al chófer que tenía que llevarla hasta el estudio de radio. Seguramente la estaría esperando desde hace un buen rato. Se nos había ido la mano con la hora. Salí tras ella, dos o tres minutos después para no dar el cante.
Cogí el móvil para comprobar los WhatsApps. Tenía uno de Jose que no había leído.
"Jose dL"
-Habitación 119.
Pues hacia allí que me dirigí. Toqué un par de veces. Me abrió enseguida. Afortunadamente estaba solo. Así parecería que había estado con él todo el rato.
—Pasa anda -dijo medio entre risas- Bienvenido a nuestra habitación.
—¿Compartimos habitación? -pregunté curioso.
—Ante los ojos de la gente si. Pero vamos, que tu y yo sabemos con quien la vas a compartir en realidad...
—Estás en todo. Me has buscado hasta coartada. Gracias tío.
—Algún día te cobraré los favores -rió- ¿Que tal con mi hermana?
—Bien -dije yo sin querer entrar en más detalles.
Jose no tardó en irse. Había quedado con el resto de la banda para ver el recinto donde se iba a celebrar el concierto. Yo me quedé descansando un rato. Me hacia falta después del viaje. Cuando estaba a punto de quedarme dormido, sonó mi móvil.
"Raúl"
-Cabronazo! Donde te metes? Quedamos esta tarde a echar unas cervecitas?
Había olvidado comentarle a mi amigo el pequeño detalle de que estaba en México. Claro que tampoco le había dicho nada de lo de Malú. Y de momento lo prefería así.
-No puedo! Estoy bastante liado.
-Un rato no puedes escaparte?
-Lo siento. Tengo lío. Pero la semana que viene si quieres quedamos a comer!
-Bueno, como quieras! Luego no me digas que no te aviso!
-Gracias! Te recompensaré jajaja
-Jajajaj chao!
-Chao loco.
Pobre Raúl. Me sabía mal no poder decirle la verdad. No es que no confiara en él. Pero se va enterando la gente y al final se entera todo el mundo. Y sabía que Malú odiaba eso. Era la persona más discreta que conocía. Y teniendo a la prensa tan encima era comprensible.
No había hecho más que dejar el móvil cuando volvió a sonar. Lo miré pensando que todavía era Raúl.
"Chica Q7"
-Espero que te gusté la comida mexicana... He reservado en un sitio que conozco.
-Jajajajaj Ah si?
-Si. Te recojo en el hotel a las dos.
-Perfecto. Que tal la entrevista? Has llegado a tiempo?
-Bien, lo mismo de siempre. Solo cinco minutos tarde... Jajaja
-Bueno que te esperen que para eso eres la jefa!
-No me llames jefa Nacho!
-O si no?
-O si no me vengaré de ti.
-Suena bien...
-Jajajaja a ver que vas a pensar...
-Yo? Nada malo, si soy un angelito.
-Anda angelito que tengo que dejarte.
-Un besito jefa.
-(caritas de enfado)
-(iconos corazones)
Silencié todas las notificaciones del teléfono y me lo guardé en el bolsillo. Conseguí dormir un rato. Me desperté pensando que llegaba tarde a la cita con Malú. Miré la hora en el móvil y aún me quedé más extrañado. Pronto descubrí que no había cambiado la zona horaria. Lo modifiqué para no liarme.
Eran la una y cuarto. Me duché en poco más de diez minutos. Me vestí con unos vaqueros desgastados y una camisa blanca. A las dos en punto ya estaba en la puerta del hotel esperando a Malú.
Un coche paró a la altura de donde yo estaba. Lo conducía un tío bastante corpulento. Llevaba unas gafas de sol oscuras que me impedían ver sus ojos. Enseguida se abrió la ventanilla de la parte trasera del vehiculo y apareció ella.
—Sube.
Obedecí sus ordenes e hice lo que dijo. Abrí la puerta trasera y me senté al lado de ella. Me quedé algo cortado por el chófer.
—Pedro, él es Nacho. Uno de los chicos de mi equipo-dijo Malú dirigiéndose al hombre.
—Hola, ¿como está? -saludó este amablemente, con un inconfundible acento mexicano.
—Hola. Un placer -dije correspondiendo al saludo.
—Vamos al Plaza DF -concluyó ella.
—Enseguida -dijo el tal Pedro poniendo rumbo hacia allí.
No había mucha distancia, pero se me hizo muy largo. Me incomodaba el hecho de estar con ella y con un desconocido en un espacio tan reducido. Malú lo notaba. Aunque parecía resultarle divertido. Me miraba sonriente hablándome sobre cosas del concierto. Mis caras debían ser épicas. El chófer misterioso nos miraba de vez en cuando a través del espejo retrovisor. Afortunadamente supe estar a la altura y disimular como es debido.
Por fin llegamos a nuestro destino. Nos paró en la misma puerta.
—¿A que hora les recojo señorita? -preguntó él
—A las cinco. Me esperan para el primer ensayo.
—Muy bien. Disfruten de la comida -dijo de forma educada.
—Gracias. -respondimos los dos al unísono.
Entramos al restaurante. Se encontraba en pleno centro de la ciudad. Así que no era extraño el hecho de que estuviera lleno. Antes de sentarnos Malú se sacó un par de fotos con los camareros del propio restaurante. Entré los clientes pasó más desapercibida.
—Oye yo no tengo ni idea de comida mexicana... -comenté de manera divertida.
—Entonces tendrás que hacer caso a mi recomendación -añadió ella.
—¿Tengo que fiarme de ti?
—Es lo que hay chaval -vaciló ella.
Pedimos lo que recomendó Malú. Por supuesto que me fié de ella. Estaba genial. Algo picante, eso sí. Ya verás después mi estomago. Los mexicanos y el picante... Charlamos de todo un poco. Teníamos de tiempo hasta que el chófer volviera a aparecer.
—¿Sabes que comparto habitación con tu hermano?
—Ah si? Pues cómprate tapones para los oídos. No veas lo que ronca.
—No me van a hacer falta -dije con tono pícaro.
Me entendió a la perfección. Siempre lo hacia. Pero decidió seguirme el juego y alargarlo un poquito más.
—¿Y por que no? -preguntó haciéndose la interesante.
—Pues nada que he fichado a una chica que me gusta y pienso invadirle la habitación.
—Pues asegúrate de que ella quiere...
—No se podrá resistir a mis encantos -dije bromeando.
—Serás creído -dijo ella rompiendo a reír.
Y así pasamos el resto de los días hasta que llegó el momento del concierto. Entre risas, bromas, jueguecitos, besos, caricias y mucha complicidad. Adoraba estar con ella. Deseé por un momento que nuestra estancia allí no terminara nunca. Pero eso no podía ser. Así que el concierto llegó.
Me vestí con la camiseta oficial del tour. Me colgué la acreditación y me dirigí al lugar del concierto junto con el resto del equipo, los cuales creían en realidad que yo formaba parte de la gira este nuevo año.
Como no sabía muy bien que es lo que tenía que hacer, ayudé al resto de compañeros en todo lo que iban necesitando. Ultimamos hasta el último detalle. Protegimos las entradas para que nadie pudiera acceder a la zona de camerinos.
Llegó la hora del concierto. La gente ya ocupaba sus asientos y entre tanto alboroto podían distinguirse gritos de: "Malú, Malú"
Pude verla antes de que saliera al escenario. Le deseé toda la suerte del mundo. Estaba nerviosa. Se le notaba. En ocasiones me había confesado que le pasaba siempre antes de salir ante tanta gente. Respiró hondo varias veces y se santiguó otras tantas. Y en el momento preciso saltó al escenario con el pie derecho, a la manera de los futbolistas.
Me quedé detrás observando como iba transcurriendo el concierto. Disfrutándolo casi tanto como ella. Había dejado atrás los nervios y se comía el escenario a su más puro estilo.
Al finalizar una de sus canciones hizo un parón para pronunciar unas palabras que sirvieran como introducción a la siguiente canción.
"A lo largo de la vida nos encontramos con multitud de personas. Personas que van subiendo a nuestro tren. Unas que pasan desapercibidas y que prefieren bajarse. Y otras que se hacen imprescindibles y se quedan para siempre.
Personas con las que compartimos absolutamente todo. Sonrisas, lágrimas, alegrías, decepciones, sueños, momentos buenos, momentos no tan buenos... En fin, muchísimas cosas...
Afortunadamente a día de hoy, puedo decir que han sido muchas las personas que se han quedado en mi tren para compartir conmigo todas esas emociones...
Pero esta noche, quiero dar las gracias especialmente a una de esas personas. Una de esas personas que aparecen de la nada, por casualidad. De la manera que menos te esperas. Y que sin darte cuenta, pasan a ser un pilar imprescindible en tu vida. Un apoyo incondicional... Gracias de verdad por hacer que esta sonrisa que tengo ahora, sea la que me acompañe siempre."
Tras aquellas emotivas palabras, la banda empezó a tocar con intensidad los primeros acordes de aquella canción, que yo ya consideraba nuestra. Aquel "Ahora tú". La gente se vino arriba, cosa que aprovechó Malú para girarse disimuladamente y echar un vistazo por la zona de detrás del escenario hasta que me localizó. Yo estaba solo, observando el concierto desde el backstage. Me sonrió formando un corazón con sus manos. Haciéndome saber que esa persona de la que hablaba era yo. Pronto volvió a mirar a todo el público y siguió con su espectacular concierto.