lunes, 28 de abril de 2014

Capítulo 12 (Aventura mexicana)

La miré con la sonrisa más grande del mundo. La rodeé completamente con los brazos y la levanté en el aire. Un pequeño grito escapó de su boca. 

—Nachoo! Bájame! -exclamó ella.

Se agarró a mi lo más fuerte que pudo y me pegó repetidos golpecitos para que la soltara. 
Y así lo hice. La deje caer en la cama de aquella suite. Caí yo encima de ella, impidiendo así que pudiera escapar.

—Estás loco, pero me encantas... -dijo ella mirándome con esos ojos que quitaban el sentido.

La miré durante tres segundos. El tiempo que aguanté sin besar sus labios. Ataqué su cuello con suavidad pero apasionadamente. Con toda la pasión que exigía ese momento. 

Lo había hecho si. Había sido capaz de plantarme en México sin pensar en nada más. Malú tenía razón cuando decía que estaba loco. Lo que no sabía es que ella era la culpable de todas mis locuras. Aunque creo que ese día empezó a descubrirlo.

Me deshice con habilidad de su camiseta. Al igual que hizo ella con la mía. Todavía llevaba la camiseta del staff que me había dado Jose. La miró sin entender nada, pero solo pudo reír.

—¡Tu me tienes que explicar demasiadas cosas! -dijo señalando mi camiseta antes de lanzarla a algún punto perdido de la habitación.

—¿Ahora? -pregunté divertido mientras besaba todos los rincones de su cuerpo.

—Mmmm ahora precisamente no... -dijo entre suspiros.

Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, apoyándose en la almohada. Me reí al ver ese gesto tan relajado. Se abandonó dejándome llevar la iniciativa. La temperatura de aquella habitación había subido prácticamente sola. Y no solo la de la habitación, también la nuestra.

Volvía ese deseo incontrolable de tenernos. De sentirnos completamente. Esa mezcla de amor, pasión y desenfreno. Era esa magia que tanto me gustaba.

—¿Y por que no? -interrumpí yo.

Dejé de besarla y la miré. Quería picarla un poco. Sabía que estaba lo suficientemente encendida como para matarme si paraba. Pero seguro que su cara merecía la pena.

—Como pares ahora te mato -dijo echándome una mirada asesina.

Reí inevitablemente ante su respuesta. Como siempre era clara y concisa. Muy suya, muy Malú. La besé de nuevo. Desabroché el botón de su pantalón vaquero. Lo deslicé por sus piernas hasta quitarlo por completo. Repetí el mismo proceso con su ropa interior. 

Besé y acaricié despacio cada centímetro de su piel sin dejarme ni un solo rincón. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Podía sentir como temblaba entre mis brazos.

Hicimos el amor como la primera vez. Con la misma pasión, con el mismo deseo, con la misma intensidad. Pero con más ganas si cabe. Cada mirada, cada gesto, cada caricia... Éramos capaces de entendernos a la perfección sin necesidad de pronunciar palabra. Nos bastaba con mirarnos a los ojos. Sentir eso con alguien era algo indescriptible. Una sensación que te llena el alma.

Nos quedamos tumbados uno al lado del otro. Malú recostada sobre mi. Con su cabeza apoyada en mi pecho. Recorría mi cuerpo con los dedos de su mano derecha. Dibujando cosas a su antojo.

—¿Puedes repetir eso que has dicho que sentías por mi? -dijo con voz de niña.

Reí al oír esa pregunta. Era adorable.
Me acerqué a su oído. Su posición me permitía hacerlo sin ninguna dificultad.

—Te quiero... -le susurré muy bajito. 

Me miró sonriente sin decir nada. Nos quedamos así durante unos segundos.

—¿Todavía tienes dudas de que esto no va a funcionar?

—No tengo dudas... Tengo miedo. Miedo de que sea tan perfecto. De que lo pasemos mal...

—Yo estoy aquí para disipar esos miedos. ¡Estoy en México Malú! -exclamé con efusividad en plan niño pequeño.

—Ya me estás contando como te las has arreglado.

—No seas cotilla -dije yo con tono de broma.

—Nachooo! Cuéntame ya!! -exigió ella ejerciendo de jefa.

—Te diré que ahora soy parte del staff de tu gira.

—Ya, eso lo he visto en tu camiseta. ¿Puedes ser más preciso? -preguntó.

—Tu hermano ha sido mi cómplice en esta aventura -acabe confesándole.

—¡Menudo par! -exclamó ella riendo- La que habéis liado.

—¿No te ha gustado la sorpresa?

—Me ha encantado... -dijo en un tono bajito.

Me dio un calido beso, que me encantó. Tras esto miro su reloj y se incorporó rápidamente, casi de un salto.

—Mierda Nacho!! Que tengo una entrevista a las ocho y media.

—¿Que hora es?

—¡Y cuarto! -exclamó vistiéndose con rapidez.

Hice lo mismo. Nos despedimos con un beso fugaz. Ella se fue volando a buscar al chófer que tenía que llevarla hasta el estudio de radio. Seguramente la estaría esperando desde hace un buen rato. Se nos había ido la mano con la hora. Salí tras ella, dos o tres minutos después para no dar el cante.

Cogí el móvil para comprobar los WhatsApps. Tenía uno de Jose que no había leído.

"Jose dL"
-Habitación 119. 

Pues hacia allí que me dirigí. Toqué un par de veces. Me abrió enseguida. Afortunadamente estaba solo. Así parecería que había estado con él todo el rato.

—Pasa anda -dijo medio entre risas- Bienvenido a nuestra habitación.

—¿Compartimos habitación? -pregunté curioso.

—Ante los ojos de la gente si. Pero vamos, que tu y yo sabemos con quien la vas a compartir en realidad...

—Estás en todo. Me has buscado hasta coartada. Gracias tío.

—Algún día te cobraré los favores -rió- ¿Que tal con mi hermana?

—Bien -dije yo sin querer entrar en más detalles.

Jose no tardó en irse. Había quedado con el resto de la banda  para ver el recinto donde se iba a celebrar el concierto. Yo me quedé descansando un rato. Me hacia falta después del viaje. Cuando estaba a punto de quedarme dormido, sonó mi móvil.

"Raúl"
-Cabronazo! Donde te metes? Quedamos esta tarde a echar unas cervecitas?

Había olvidado comentarle a mi amigo el pequeño detalle de que estaba en México. Claro que tampoco le había dicho nada de lo de Malú. Y de momento lo prefería así.

-No puedo! Estoy bastante liado.
-Un rato no puedes escaparte?
-Lo siento. Tengo lío. Pero la semana que viene si quieres quedamos a comer!
-Bueno, como quieras! Luego no me digas que no te aviso!
-Gracias! Te recompensaré jajaja
-Jajajaj chao!
-Chao loco.

Pobre Raúl. Me sabía mal no poder decirle la verdad. No es que no confiara en él. Pero se va enterando la gente y al final se entera todo el mundo. Y sabía que Malú odiaba eso. Era la persona más discreta que conocía. Y teniendo a la prensa tan encima era comprensible.

No había hecho más que dejar el móvil cuando volvió a sonar. Lo miré pensando que todavía era Raúl.

"Chica Q7"
-Espero que te gusté la comida mexicana... He reservado en un sitio que conozco.
-Jajajajaj Ah si?
-Si. Te recojo en el hotel a las dos.
-Perfecto. Que tal la entrevista? Has llegado a tiempo?
-Bien, lo mismo de siempre. Solo cinco minutos tarde... Jajaja
-Bueno que te esperen que para eso eres la jefa!
-No me llames jefa Nacho!
-O si no?
-O si no me vengaré de ti.
-Suena bien...
-Jajajaja a ver que vas a pensar...
-Yo? Nada malo, si soy un angelito.
-Anda angelito que tengo que dejarte.
-Un besito jefa.
-(caritas de enfado)
-(iconos corazones)

Silencié todas las notificaciones del teléfono y me lo guardé en el bolsillo. Conseguí dormir un rato. Me desperté pensando que llegaba tarde a la cita con Malú. Miré la hora en el móvil y aún me quedé más extrañado. Pronto descubrí que no había cambiado la zona horaria. Lo modifiqué para no liarme.

Eran la una y cuarto. Me duché en poco más de diez minutos. Me vestí con unos vaqueros desgastados y una camisa blanca. A las dos en punto ya estaba en la puerta del hotel esperando a Malú.

Un coche paró a la altura de donde yo estaba. Lo conducía un tío bastante corpulento. Llevaba unas gafas de sol oscuras que me impedían ver sus ojos. Enseguida se abrió la ventanilla de la parte trasera del vehiculo y apareció ella.

—Sube.

Obedecí sus ordenes e hice lo que dijo. Abrí la puerta trasera y me senté al lado de ella. Me quedé algo cortado por el chófer.

—Pedro, él es Nacho. Uno de los chicos de mi equipo-dijo Malú dirigiéndose al hombre.

—Hola, ¿como está? -saludó este amablemente, con un inconfundible acento mexicano.

—Hola. Un placer -dije correspondiendo al saludo.

—Vamos al Plaza DF -concluyó ella.

—Enseguida -dijo el tal Pedro poniendo rumbo hacia allí.

No había mucha distancia, pero se me hizo muy largo. Me incomodaba el hecho de estar con ella y con un desconocido en un espacio tan reducido. Malú lo notaba. Aunque parecía resultarle divertido. Me miraba sonriente hablándome sobre cosas del concierto. Mis caras debían ser épicas. El chófer misterioso nos miraba de vez en cuando a través del espejo retrovisor. Afortunadamente supe estar a la altura y disimular como es debido.

Por fin llegamos a nuestro destino. Nos paró en la misma puerta. 

—¿A que hora les recojo señorita? -preguntó él

—A las cinco. Me esperan para el primer ensayo.

—Muy bien. Disfruten de la comida -dijo de forma educada.

—Gracias. -respondimos los dos al unísono.

Entramos al restaurante. Se encontraba en pleno centro de la ciudad. Así que no era extraño el hecho de que estuviera lleno. Antes de sentarnos Malú se sacó un par de fotos con los camareros del propio restaurante. Entré los clientes pasó más desapercibida. 

—Oye yo no tengo ni idea de comida mexicana... -comenté de manera divertida.

—Entonces tendrás que hacer caso a mi recomendación -añadió ella.

—¿Tengo que fiarme de ti?

—Es lo que hay chaval -vaciló ella.

Pedimos lo que recomendó Malú. Por supuesto que me fié de ella. Estaba genial. Algo picante, eso sí. Ya verás después mi estomago. Los mexicanos y el picante... Charlamos de todo un poco. Teníamos de tiempo hasta que el chófer volviera a aparecer.

—¿Sabes que comparto habitación con tu hermano?

—Ah si? Pues cómprate tapones para los oídos. No veas lo que ronca.

—No me van a hacer falta -dije con tono pícaro.

Me entendió a la perfección. Siempre lo hacia. Pero decidió seguirme el juego y alargarlo un poquito más.

—¿Y por que no? -preguntó haciéndose la interesante.

—Pues nada que he fichado a una chica que me gusta y pienso invadirle la habitación.

—Pues asegúrate de que ella quiere... 

—No se podrá resistir a mis encantos -dije bromeando.

—Serás creído -dijo ella rompiendo a reír.

Y así pasamos el resto de los días hasta que llegó el momento del concierto. Entre risas, bromas, jueguecitos, besos, caricias y mucha complicidad. Adoraba estar con ella. Deseé por un momento que nuestra estancia allí no terminara nunca. Pero eso no podía ser. Así que el concierto llegó.

Me vestí con la camiseta oficial del tour. Me colgué la acreditación y me dirigí al lugar del concierto junto con el resto del equipo, los cuales creían en realidad que yo formaba parte de la gira este nuevo año.

Como no sabía muy bien que es lo que tenía que hacer, ayudé al resto de compañeros en todo lo que iban necesitando. Ultimamos hasta el último detalle. Protegimos las entradas para que nadie pudiera acceder a la zona de camerinos.

Llegó la hora del concierto. La gente ya ocupaba sus asientos y entre tanto alboroto podían distinguirse gritos de: "Malú, Malú"

Pude verla antes de que saliera al escenario. Le deseé toda la suerte del mundo. Estaba nerviosa. Se le notaba. En ocasiones me había confesado que le pasaba siempre antes de salir ante tanta gente. Respiró hondo varias veces y se santiguó otras tantas. Y en el momento preciso saltó al escenario con el pie derecho, a la manera de los futbolistas.

Me quedé detrás observando como iba transcurriendo el concierto. Disfrutándolo casi tanto como ella. Había dejado atrás los nervios y se comía el escenario a su más puro estilo.

Al finalizar una de sus canciones hizo un parón para pronunciar unas palabras que sirvieran como introducción a la siguiente canción.

"A lo largo de la vida nos encontramos con multitud de personas. Personas que van subiendo a nuestro tren. Unas que pasan desapercibidas y que prefieren bajarse. Y otras que se hacen imprescindibles y se quedan para siempre. 
Personas con las que compartimos absolutamente todo. Sonrisas, lágrimas, alegrías, decepciones, sueños, momentos buenos, momentos no tan buenos... En fin, muchísimas cosas...
Afortunadamente a día de hoy, puedo decir que han sido muchas las personas que se han quedado en mi tren para compartir conmigo todas esas emociones...
Pero esta noche, quiero dar las gracias especialmente a una de esas personas. Una de esas personas que aparecen de la nada, por casualidad. De la manera que menos te esperas. Y que sin darte cuenta, pasan a ser un pilar imprescindible en tu vida. Un apoyo incondicional... Gracias de verdad por hacer que esta sonrisa que tengo ahora, sea la que me acompañe siempre."

Tras aquellas emotivas palabras, la banda empezó a tocar con intensidad los primeros acordes de aquella canción, que yo ya consideraba nuestra. Aquel "Ahora tú". La gente se vino arriba, cosa que aprovechó Malú para girarse disimuladamente y echar un vistazo por la zona de detrás del escenario hasta que me localizó. Yo estaba solo, observando el concierto desde el backstage. Me sonrió formando un corazón con sus manos. Haciéndome saber que esa persona de la que hablaba era yo. Pronto volvió a mirar a todo el público y siguió con su espectacular concierto.

viernes, 25 de abril de 2014

Capítulo 11 (Te quiero)

Aquella noche me costó bastante conciliar el sueño. No podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido. No podía quitarme de la cabeza aquellas palabras de Malú. Y lo peor de todo es que por un instante me dio por pensar que tal vez no se equivocaba. Que tal vez tenía razón.

Pronto quité esa idea de mi cabeza. La borré por completo de mi disco duro. Si que tenía razón en algo. Su vida no era como la de otras personas. Y es verdad que en época de gira probablemente pase todo el tiempo viajando de un lado para otro. Pero no se. Rendirse era demasiado fácil. Y ese no era en absoluto mi estilo.

Miles de ideas recorrieron mis pensamientos esa madrugada. Hasta que el sueño me venció y terminé por dormirme. Y aún dormido ella fue la única protagonista de mis sueños. Me desperté sobresaltado por mi último sueño, en el que la perdía para siempre por no hacer nada.

Miré la hora en el móvil, que estaba sobre la mesita de noche. Eran las siete de la mañana. Hoy no entraba hasta las nueve. Pero decidí levantarme y darme una buena ducha que me relajara un poco.

Encendí la radio del iPhone. La ponía habitualmente en el momento "ducha". En realidad no le prestaba mucha atención. Por no decir ninguna. Pero necesitaba escuchar algo de fondo. Era ya costumbre. Una tontería como otra cualquiera.

Me encerré en aquella cabina. Puse el agua lo más caliente posible, sin que quemara. Me relajaba ese momento. El agua a esa temperatura recorriendo mi piel a esa velocidad. 

Mientras tanto yo seguía dándole vueltas al asunto que ahora me preocupaba. Era algo que no me podia quitar de la cabeza.
De repente su nombre, pronunciado por aquel locutor de radio, me sacó de mis pensamientos.

—Y para todos nuestros oyentes, tenemos con nosotros a Malú. No físicamente porque ahora mismo está a punto de viajar a México. ¿No es así Malú? ¡Buenos días!

—Hola. Buenos días.

—Gracias por atender nuestra llamada. 

—Nada, gracias a vosotros. Siempre es un placer.

—Cuéntanos un poco que vas a hacer por aquellas tierras.

—Pues mira, tenemos un concierto el sábado. Es el primer concierto completo que damos aquí. Con todo mi show, con toda mi banda. Y nada, muy ilusionados.

—A todos nuestros oyentes internacionales, que nos escuchan a través de internet, por si tenemos algún mexicano por ahí... Ya lo sabéis. Podéis disfrutar de Malú el próximo sábado.

—Exacto. Eso es.

—Bueno Malú. ¿Y comienzo de gira en España para cuando?

—Pues muy prontito. Prácticamente nada más regresar ya empezamos con algún conciertillo por ahí. Y ya para verano lo damos todo.

—Me alegra oir esas palabras. "Lo damos todo" y nunca mejor dicho. Gira espectacular por lo que pudimos ver en el palacio de los deportes el 16 de mayo.

—La verdad es que estamos súper contentos con el resultado de la gira. Es un show dinámico, agresivo... Buscábamos algo así para mantener al público enchufado durante todo el concierto. Y en el palacio lo conseguimos.

—Un trabajo espectacular sin duda. Bueno pues no te molestamos más. Y esperamos que otro día con más calma puedas visitarnos en el estudio.

—Encantadísima de hacerlo, ya lo sabéis.

—Buen viaje. Y gracias por acompañarnos en este espacio dedicado a la música. Un abrazo.

—A vosotros siempre. Un beso.

No pude evitar sonreir al escucharla. Se le notaba feliz. No era para menos. Empezaba su gira y esa era su vida. De repente tuve una idea. O un proyecto de idea. Una locura que no se si seria viable. Necesitaba hablar con una persona cercana a Malú, y ese no era otro que Jose de Lucía.

Salí de la ducha tras ese momento de inspiración máxima. Me vestí rápidamente y fui en busca del móvil, que todavía seguía en el baño con la aplicación de la radio abierta. La apagué para ir directamente al WhatsApp.

Eché un vistazo rápido a los contactos. Busqué el número de Jose. Recordé que me lo dio en una de nuestras últimas cenas. También lo hizo Vanesa. Era mucho más cómodo comunicarse a través de whatsapp o hacer una llamada en un momento dado. Cosa que por twitter era imposible.

"Jose dL"
-Hola Jose. Soy Nacho. Estás en España??
-Hola Nacho, si. Yo no voy a México hasta el viernes.
-Genial porque me gustaría hablar contigo. Te parece si quedamos a comer?
-Me parece perfecto. Si quieres conozco un buen sitio.
-Vale. Después me das la dirección, tengo que irme a trabajar.
-Ok!
-Por cierto, no le comentes nada de esto a Malú...
-Vale, ya me contarás.
-Chao!
-(icono gesto con la mano)

Me fui a currar. Un día más con la mente puesta en otro lugar. Esta vez intenté disimularlo y ser lo más profesional posible. Esperaba con ansia que llegara la hora de comer. Cuando llego el momento fui a los vestuarios a cambiarme de ropa y llamé a Jose para quedar. 

Quedamos en un restaurante del centro de Madrid. Me costó un poco llegar. Era la hora punta. La hora en que todo el mundo volvía a sus casas para comer. Eso si, luego tuve suerte para encontrar aparcamiento. Así que una cosa por la otra. Aparqué en una zona azul cercana al restaurante. 

Vi a Jose que ya esperaba en la puerta. Caminé hasta allí a paso ligero.

—Perdona el restraso... No veas el tráfico.

—No pasa nada, yo acabo de llegar también ¿Entramos? -propuso él.

—Vamos.

La comida transcurrió con normalidad. Me sentía a gusto con él. Hablamos de todo un poco. De la gira. De Malú. También de él y Vanesa. De como se las arreglaban cuando ambos estaban en sus respectivas giras. Él podría ser un buen consejero. Su caso era bastante parecido.

—Vamos que te has colado por mi hermana ¿no? -preguntó él entre risas.

—Pues si. No sabes cuanto. Pero ella cree que esto no seria fácil de llevar -comenté yo.

—Suele ser bastante insegura en lo personal. Le cuesta confiar. Solo necesitas demostrarle que vas en serio.

—Tu crees? -pregunté yo mostrando la misma inseguridad.

—¿Sabes algo? Hacia mucho tiempo que no veía así de ilusionada a mi hermana. Está feliz tío. Y ha sido a raiz de aparecer tú... -dijo él despejando mis dudas.

—Pues voy a ir al grano. Me gustaría ir a México y darle una sorpresa -dije sin esperar más- Necesito tu ayuda.

—Esa podría ser una buena idea. Dejame intentarlo, pero no te prometo nada -dijo él pensativo.

—Vale. Me avisas con lo que sea.

Terminamos de comer. Jose se tuvo que marchar. Tenían que ultimar todo para su viaje a México. Instrumentos, equipos y demás cosas técnicas. Me marché a casa satisfecho. Me eché una siesta en toda regla. La necesitaba después de haber pasado casi toda la noche en vela.

Me despertó el sonido de un WhatsApp. Las notificaciones de grupos las tenía desactivadas, así que debía ser alguien que realmente quería hablar conmigo. Era Jose.

"Jose dL"
-Nacho, plan OK! Te vienes a México!

Flipé con el mensaje. Lo había conseguido. Mi plan locura cogía forma, y cada vez era más loco.

-Como lo has conseguido??
-A partir de ahora eres parte del Staff de la Gira. Por si alguien te pregunta. Te he conseguido las acreditaciones necesarias.
-Joder macho, eres un genio. Gracias.
-No me las des. La cara de mi hermana merecerá la pena.
-Eso espero.
-Salimos la madrugada del jueves al viernes. A las cinco de la mañana.
-Perfecto. 
-Como piensas librarte del trabajo?
-Algo haré.
-Pues mañana nos vemos. Ven a mi casa, nos recogerán aquí para ir al aeropuerto.
-No se donde es exactamente.
-La calle de detrás de mi hermana. Número 24.
-Ok!
-Hasta mañana!
-Chaoo!

Parece que estaba saliendo todo a pedir de boca. Salvo dos cosas. La primera que todavía no había pedido permiso en el trabajo. Y no se realmente si me lo darian, porque el sábado nos tocaba currar en exteriores.
Y la segunda que le tenía pánico a los aviones.

Cené y me fui a dormir enseguida. Quería estar fresco para mañana. Había que convencer al jefe o inventarme alguna historia. Al fin y al cabo era actor.

Y ese momento llegó a la mañana siguiente. La mañana del jueves. La cosa no fue muy bien. Mi jefe me puso bastantes problemas y no me dio el consentimiento expresamente. Pero yo tenía algunos días de vacaciones por derecho, así que a pesar de todo me marcharía.

Intenté que ese día pasara lo más rápido posible. Y por supuesto se me hizo más lento que en toda mi vida. Me preparé una pequeña maleta con ropa y cosas necesarias para el viaje. Y después de cenar me planté en casa de Jose como habíamos quedado. Lógicamente esa noche no dormimos. Me vestí con una camiseta que me tenía reservada. Tenía el logo de la gira. Y a la espalda llevaba grabada la palabra STAFF. Me dió una de las acreditaciones de las que llevé en el concierto del palacio, con la única diferencia de que en está no aparecia invitación, sino "Staff Tour Sí" Parece que esos tres días iba a ser uno más en aquella gira.

La banda nos recogió a eso de las cinco de la mañana. Nos dirigimos hasta el aeropuerto donde nos encontramos con el resto del grupo. Hicimos todas las facturaciones pertinentes en esos casos y en una hora estábamos montados en el avión con destino México.

Hice lo posible para llevarlo lo mejor. Al fin y al cabo todo esto lo hacia por ella. Y la recompensa merecía la pena. Miré su WhatsApp de manera casi insconciente. Estaba online. Allí debían ser sobre las once de la noche más o menos. Quizás algo más. Iba a hablarle. Pero entonces ella se me adelantó.

"Chica Q7"
-Que haces online? Deben ser las seis de la mañana en España.

Con aquellas palabras supe que ella también estaba mirando mi WhatsApp. Eso significaría algo ¿no?

-No podia dormir y estaba aquí en modo pensativo.
-Y en que pensabas?
-En ti, ya lo sabes.
-(iconos de caritas rojas)
-Es verdad. Que tal el día?
-Bien. Me tratan muy bien por aqui.
-Mas les vale.
-Jejeje que tal el tuyo?
-Bueno lo mismo de siempre. De casa a grabar y de grabar a casa.
-Anda, te dejo que duermas un rato más. Yo voy a hacer lo mismo.
-Que duermas bien.
-Un beso guapo!
-Solo uno?
-Mil?
-Mucho mejor! Yo te mando infinitos!
-Jajajaj (iconos de besos)
-Buenas noches!

Me dormí durante más de la mitad del viaje. Eso lo hizo mucho más llevadero. Llegamos sobre las siete de la mañana, hora de México, después de ocho horas de viaje. 

Nos trasladamos al mismo hotel donde se alojaba ella. Jose, mi cómplice durante toda esta aventura, me consiguió su número de habitación. Ventajas de tener de cómplice al hermano de la artista.

Busqué el número. Era una suite de la última planta. Subí en el ascensor hasta la décima. Localicé la puerta. Me aseguré dos o tres veces de que era la correcta antes de tocar. Y finalmente lo hice. Abrió la puerta con cara de sueño. Se quedó pasmada. Los ojos se le abrieron de repente y su sonrisa apareció de inmediato.

—¿Pero que haces aquí? -preguntó con un tono entre sorpresa y entusiasmo.

Su cara era un poema en aquel momento. Me miraba boquiabierta sin poder dejar de sonreir.

—Demostrarte que te quiero -dije muy convencido.

Necesitaba soltarlo. Necesitaba decirlo en voz alta. Gritarlo a los cuatro vientos. No se lo había dicho nunca y ya no lo podía guardar más tiempo dentro de mi. Y si, sonaba aún mejor que en mi cabeza. 

Puse mis manos a ambos lados de su cadera y la empujé suavemente hacia dentro de la habitación. Cerré la puerta.

—¿Que? -preguntó ella con el mismo tono de sorpresa.

—Que tengo pánico a volar y me he tirado ocho horas encerrado en un avión.
Que me he venido sin la autorización de mi jefe y puede que me despida.
¿Pero sabes por que?

Me miraba incrédula escuchando atentamente cada una de mis palabras.

—Porque te quiero Malú, te quiero. Me he enamorado de ti.

—Estás loco Nacho... -afirmó con un tono tierno acariciándome la cara.

Me acerqué a ella sin decir nada más y terminé zanjando aquella conversación con un largo e intenso beso. 

martes, 22 de abril de 2014

Capítulo 10 (Vértigo)

Sonreí a más no poder. Me acababa de hacer inmensamente feliz apareciendo aquella noche allí. Esta mujer era impredecible. No dejaba de sorprenderme, y eso me gustaba.

—¡Estás loca! -exclamé con seguridad- Pasa anda -dije haciéndole un gesto.

—Lo sé. Últimamente me lo dices mucho -dijo entrando y cerrando la puerta.

—¿Y tu cena?

—Ya te lo he dicho. Era mucho más apetecible cenar contigo -dijo sonriente.

—¿Has dejado plantada a tu manager?

—Un poco... -afirmó con cara de niña buena.

—Te matará... -comenté riéndome.

—No lo creo. Me necesita viva -zanjó sin borrar la sonrisa de la boca.

Reí por aquel comentario. Era simplemente la jefa. Cenamos de manera relajada. Sin prisas. Sin nadie que nos molestara.

Cuando terminamos, nos tiramos en el sofá a reposar la cena. Encendí la tele y casualmente nada más hacerlo salió ella. La misma persona que ahora mismo tenía recostada sobre mi pecho. Estaban reponiendo La Voz 2 en una de las cadenas secundarias de telecinco. 

—¿No pensarás dejar esto no? -se interesó ella.

—¿Y por que no? A mi me gusta. -añadí.

—¡Nacho! Me da vergüenza verme haciendo el tonto -rió- ¿Por que no vemos tu serie?

—Porque no la hacen.

Mientras tanto yo no le quitaba ojo al programa. A cada uno de sus gestos. Cada una de sus caras, de sus sonrisas. A aquellas locuras que hacia cuando sus concursantes cantaban. Aquella libreta que iba destrozando en mil pedazos programa tras programa. Aquellos momentazos de risas con sus compañeros. En definitiva, aquel desparpajo tan suyo...Tan Malú.
En aquel programa era ella. Era la mujer de la que me había enamorado.

—Si te pones así por un tío que canta de puta madre... Conmigo te faltaría plató para destrozarlo, pero por lo mal que lo haría.

—Que exagerado. ¿Por que no me lo demuestras? -dijo con tono desafiante.

—Malú, ¡no! -la miré- Conozco ese tono, y definitivamente no.

—¡Venga Nachooo! -insistió ella con entusiasmo, alargando la o de mi nombre con tono de niña.

—No me vas a convencer -dije haciéndome el duro.

—Eres un soso -se cruzó de brazos manteniendo su cabeza todavía en mi pecho.

Mi brazo reposaba sobre ella. Comencé a hacerle caricias. La miraba con mi ya habitual cara de enamorado. Obviamente en aquella postura no podía verme la cara. Siguió mirando la tele. Allí estaba ella cantando "blanco y negro" con sus finalistas. No pudo aguantar mucho. Se arrancó a cantar siguiendo la letra en la tele. 

"Dicen que el amor es suficiente, pero no tengo el valor de hacerle frente... Tu eres quien me hace llorar, pero solo tu me puedes consolar"

Sonreí al verla. No se movía de la posición en la que estaba. Solo cantaba su canción para enamorarme un poquito más de lo que ya estaba. Cuando llegó el estribillo no pude evitarlo. De manera casi impulsiva me puse a cantar también. Al principio bajito, en un tono prácticamente imperceptible. Me gustaba cantar. Pero cantar delante de ella ya era otro mundo.

”Te regalo mi amor, te regalo mi vida, a pesar del dolor eres tu quien me inspira. No somos perfectos solo polos opuestos. Te amo con fuerza, te odio a momentos"

Giró ligeramente la cabeza para mirarme. Cosa que me intimidaba más todavía. 

"Mientras sea junto a ti siempre lo intentaría"

Pronunciamos esa frase a la vez, con un tono muy bajito. Convertido casi en un susurro. La complicidad de nuestras miradas ante esas bellas palabras era máxima. Sus ojos brillaban con fuerza esa noche. Nos miramos sonrientes.

—No lo haces tan mal -opinó ella sin apartar su mirada.

—¿Tu crees? -dije yo con el mismo gesto acercándome un poco más a sus labios.

—Podrías presentarte a la voz -bromeó ella acercándose también.

—Podría... Pero es que yo me iría con Bisbal -bromeé para ver su cara.

—¿Ah si?

Se acercó a mi totalmente. Pegó su cabeza junto a la mía. Rozó mis labios y mordió suavemente el lóbulo de mi oreja derecha. Cerré los ojos mordiéndome el labio.

—Pues tu te lo pierdes... -susurró en mi oído.

Y en un movimiento rápido ella se separó dejándome con aquella cara de tonto.

Me reí por aquel vacile. Esos piques amistosos que siempre terminaba por ganarme. 

Volví a acercarme a ella. Se fue recostando en el sofá intentando alejarse de mi. Hasta que la dejé sin salida. Me eché encima con cuidado, sin dejar el peso sobre ella.

—¿Y que es lo que me pierdo? -pregunté curioso besando su cuello.

—Si hubieras elegido a Malú lo sabrías -dijo siguiendo con la broma.

—¿Y que tal si me repescas? - dije poniendo más énfasis en los besos, intercalando algún mordisco suave.

—Mmmmm -dejó escapar de su boca un pequeño suspiro de placer- Intenta convencerme...

Y así fue. Una noche más nos dejamos llevar por aquella pasión incansable que se apoderaba de nuestros cuerpos cuando estábamos juntos. Era algo inexplicable. Un deseo incontrolable de tenernos el uno al otro.

Nos quedamos dormidos durante toda la noche. En aquella cama que tantas noches me había visto dormir solo.

El despertador me sacó de mis sueños a las siete en punto de la mañana. Sonó "el aprueba de ti". Nada más escucharlo alargué el brazo hasta la mesita para apagarlo rápidamente. Iba a morir de vergüenza si Malú lo escuchaba.

Tras apagarlo miré hacia el otro lado de la cama. Pero ella no estaba. No había nadie a mi lado. Volvía a estar solo como todas las noches. ¿Lo habría soñado? Levanté el edredón ligeramente y encontré una nota.

"Lo siento. Tengo una entrevista en los 40 a las 7.30 am. Mi manager me ha llamado para recordármelo. Ni siquiera te enteraste. Dormías tan a gusto, que me dio pena despertarte. ¿Que te parece si quedamos a comer donde ayer? Creo que hoy te toca invitar... 
Un beso. Malú"

Me reí al leerlo. En ese momento odié por completo mi sueño profundo. Solía tener ese tipo de sueño habitualmente. Y cuando estaba en esa fase ya podría pasar una estampida por la habitación de al lado, que no me enteraría. 
Dejé el papel sobre la mesita de noche. Olía a ella. En realidad toda mi habitación olía a ella. 

Cogí el móvil para contestar a su nota aunque fuera vía WhatsApp.

"Chica Q7"
Buenos días preciosa. Gracias por ser tan considerada, pero podrías haberme despertado mujer. Ya pensaba que me habías abandonado...
Nos vemos a la hora de comer. Que pases un buen día. Un beso

Me levanté con la energía a tope. Motivado básicamente porque a la hora de comer volvería a verla. 

De camino al trabajo puse la radio. Busqué los 40 principales para ver si escuchaba la entrevista de Malú. Pero no hubo manera de sintonizar la emisora, así que me quedé sin escucharla.

A las dos del medio día, cuando terminé el rodaje, me dirigí al restaurante de Villaviciosa. Aquel donde me llevo Malú el día anterior. Ella ya me esperaba allí. La saludé con dos besos. Había bastante gente en el bar. Una vez más nos atendieron genial. Aunque esta vez cambiamos de plato. Nos dejamos aconsejar por el dueño que nos sirvió la especialidad de la casa.

Esa tarde vi a Malú especialmente rara. Algo distante. Diferente al resto de veces. Pensativa tal vez. No se muy bien que rondaría por esa cabecita. Pero esa no era Malú. Me la habían cambiado en la entrevista de esta mañana.

—¿En que piensas? -pregunté mirándola.

—En que está siendo todo demasiado perfecto. Y las cosas perfectas dan miedo.

—¿A que te refieres? 

—Me refiero a nosotros -contestó segura.

—¿Que pasa con nosotros?

—Estamos bien. Lo pasamos bien juntos, pero se que no siempre va a ser así. Y lo último que quiero es hacerte daño -dijo mirándome directamente a los ojos.

—Estamos bien. Tu lo has dicho ¿Cual es el problema Malú? -pregunté un poco sorprendido.

—Nacho. No soy una chica normal. Mi vida consiste en pasar la mitad del tiempo actuando y la otra mitad en la carretera.

—Bueno eso lo se. Pero no se a donde quieres ir a parar... ¿A que viene esto? 

—Pues a que cuando mi gira empiece esto se acabará inevitablemente. Y lo sabes. Ambos lo sabemos -dijo de manera tajante.

—No se Malú. Esa es la manera más radical de ver las cosas. No tiene por que ser así.

—Mañana me voy a México. Tengo un concierto el sábado y han decidido adelantarme el viaje.

Me quedé un poco en blanco. Ahora supe a lo que se refería. No solo lo supe, también pude sentirlo. La idea de pasar sin verla largos periodos de tiempo me mataba. Pero eso ya lo sabía cuando me enamoré de ella. Sabía que su vida no era como la de cualquier otra persona. Soy hombre de retos. Dicen que el amor puede con todo. ¿Pero que sentiría ella por mi?

Hice un largo parón sin dejar de mirarla pero sin poder pronunciar palabra. No sabía muy bien que decir.

—¿Cuando vuelves? -arranqué por fin.

—El domingo. Después del concierto.

—Esa es tu vida. Pero eso ya lo sabía antes de colarme por ti -confesé- Me van las locuras si... 

—¿Estás seguro de que no es un capricho más? -preguntó sin más.

—¿De verdad piensas que solo has sido un capricho para mi?

Me molestó un poco que pensara eso. Pero si lo pensaba era porque eso mismo era lo que había sido yo para ella.

—O sea, no es eso perdona. Quiero decir, que hace poco que nos conocemos... Que tanto como colarte por mi... -intento excusarse sin demasiado éxito.

—No puedo reprocharte nada. Es tu trabajo y ya lo sabía. Solo que pensé que esto podría salir bien...

—¿Hablamos con más calma cuando vuelva? -propuso ella.

—Si. Llámame -me levanté con la intención de irme- Me tengo que ir ya. Esta tarde tengo trabajo.

Nos despedimos y cada uno se fue a seguir con sus líos de trabajo. Esa tarde no di pie con bola. Había sido todo tan rápido y me había hecho ilusiones en tan poco tiempo que después de la charla de hoy me había caído de lo más alto. Aunque seguía sintiendo lo mismo por ella. Eso no iba a cambiar.

Llegué a casa después de aquel largo día. Cogí el móvil, los auriculares y me relajé con un poco de música. Canciones de Malú si. No pude evitarlo. Abrí el whatsapp a la vez.

"Chica Q7"
-Siento haber reaccionado así esta tarde. Pero te aseguro que no eres ningún capricho.
-Lo se. No quise decir eso. Tengo miedo de que no funcione.
-Que fue del "mientras sea junto a ti siempre lo intentaría"?
-Ojala fuera tan fácil...
-Puede serlo... A veces somos nosotros mismos los que complicamos las cosas...
-Tal vez tengas razón. Pero no se lo que va a pasar ahora.
-De momento vas a irte a México y te vas a comer el escenario. Disfruta mucho vale?
-Gracias por ser así conmigo a pesar de todo.
-Quiero demostrarte que esto merece la pena... 
-Al final vas a conseguirlo y todo.
-Bueno, no te lío más. Buen viaje! Y llévate buena música para el avión. Un beso
-Un beso!!

viernes, 18 de abril de 2014

Capítulo 9 (Vuelta a la rutina)

Un día más desperté con la armoniosa melodía del "a prueba de ti". Eso significaba que el fin de semana ya era historia. Que comenzaba una larga semana de trabajo y de madrugones. Por suerte el despertar con aquella musiquilla me relajaba. Y pensar en el maravilloso fin de semana que habíamos pasado me relajaba todavía más.

Me levanté de la cama. Lo primero que hice fue mirar la dedicatoria de mi guitarra para comprobar que no había sido un largo sueño de tres días intensos.

Todo en orden. Esas hermosas palabras seguían escritas en aquellas vieja guitarra. Al ser reciente era la dedicatoria que más se leía. Esa M de Malú con forma de corazón era lo más destacado. Era increíble.

Me duché, me arreglé y me fui al estudio de grabación como todas las mañanas. Vuelta a la rutina.
Pero no era como un día cualquiera. Os aseguro que mi felicidad podía apreciarse a kilómetros de distancia. Esa sonrisa imborrable y ese brillo permanente en mis ojos azulados, eran los signos más evidentes. Estaba enamorado, si.

Nunca he sido muy enamoradizo. Más bien diría que todo lo contrario. Me ha costado siempre dios y ayuda enamorarme de verdad de alguien. Me han gustado muchas chicas si. Pero enamorarse ya son palabras mayores. 

Creo que en toda mi vida solo me he enamorado de dos personas. Laura y Silvia. Silvia fue mi primera novia. La conocí en el instituto cuando éramos unos críos. Estudiábamos octavo de EGB, lo que ahora equivaldría a segundo de la ESO. Apenas tendríamos 14 años. Silvia era una niña muy aplicada en todas las asignaturas. Y yo por aquel entonces era un autentico desastre como estudiante. Así que todas las tardes después de clase venía a ayudarme con los deberes. 

Esa fue la primera vez que me enamoré de alguien. Lo supe porque experimenté una serie de sensaciones y sentimientos desconocidos por mi hasta entonces. Con ella aprendí a ser yo mismo. Maduré y crecí como persona. Salimos juntos varios años. Hasta que se mudó de ciudad con toda su familia, por cuestiones que nunca descubrí. Intentamos mantener la relación. El vinculo era fuerte. Pero dicen que la distancia hace el olvido. Y tienen razón.

Bien, pues todas esas sensaciones que experimenté la primera vez que me enamoré, habían vuelto a visitarme. De forma sutil. Al principio creándome esa incertidumbre. Esas ganas de conocer más sobre ella. De pasar tiempo con ella. De descubrirla despacio, sin prisas.

Haciéndose cada vez más fuerte conforme pasaban los días. Ese cosquilleo en el estomago. Esos nervios por verla. Y obviamente cada vez iba a más y a más. Junto a todo eso se sumaban ya, esas ganas incontrolables de besarla, de acariciarla, de sentirla a mi lado...


Entré a la sala de maquillaje, intentando disimular para no ser interrogado. A Aurora no se le escapaba ni una. Estoy seguro de que tiene montado su propio sálvame deluxe con todas las marujas de su barrio. Respiré aliviado al ver que esa mañana solo estaba Fanny. Me senté en la silla para empezar con el mismo proceso de siempre.

—¡Hombre estrellita! -saludó ella.

—Buenos días. ¿A que te refieres con eso de estrellita? -pregunté curioso.

—No te hagas el tonto. Twitter está lleno de fotos tuyas con quinceañeras en el concierto de Malú.

En ese momento caí en la cuenta de la legión de fans de Malú que me invadió al finalizar el concierto del viernes.

—Ah. Lo dices por eso. Nada un grupo de niñas que me reconoció. Estuve dos horas haciéndome fotos con todas -le expliqué.

—Ya, he visto varias. Ya sabes eso de, ojos que no ven twitter que te lo cuenta.

Reí. Al final iba a resultar más peligrosa Fanny que Aurora. Que al ser más joven estaba más puesta en esto de las redes sociales.

—Por cierto... -dijo ella con suspense.

—Dime

—Te he visto también en una foto con Malú y Vanesa Martín.

Recordé la foto de la fiesta. Que había subido la propia Malú desde su cuenta oficial. A ver como salgo de esta.

—Si, la verdad es que son majísimas. Pasamos un rato divertido en el concierto.

—Hijo te codeas con la creme de la creme.

Me reí por aquella frase. Pronto intenté desviar el tema. Lo conseguí durante un rato hablando sobre cosas de la serie. Entre tanto me sonó el móvil. Lo cogí rápidamente para salir de aquel interrogatorio.

"Raúl"
-Cabronazo! Que tal con la jefa? Te lo tenías muy callado.
-Raúl no te montes películas. Entre Malú y yo no pasa nada.
-Si ya. Y yo nací ayer. Te gusta reconócelo.
-Como al 90% de españoles. Pero eso no quiere decir nada.
-La tía está incluso más buena al natural. 
-Que capullo eres jajaja.
-Jajajaajajaj
-Te dejo, me voy a trabajar.
-Hala, adios chaval.
-Chao.

No había salido de un interrogatorio y ya me había metido en otro. Tras aquellas palabras, me quedé con la mosca detrás de la oreja. ¿Tanto se notaba? Tendría que aprender a disimular un poco mejor si no quería meter en un lió a Malú. ¿Pero como se consigue eso? ¿Como se oculta que alguien está enamorado?

La mañana se hizo bastante larga entre tanto pensamiento. Por suerte me controlé y actué de la manera más normal posible. Acabé todas mis escenas y pude marcharme a casa antes de lo previsto.

Salí por la puerta de los estudios. Andé por el paseo hacia la puerta del parking. Sentí la presencia de un coche pisándome los talones. Me giré y era aquel Audi Q7 negro del primer encuentro. Paró a mi altura. Bajó la ventanilla del copiloto. Y allí estaba ella. Radiante como siempre. Con su preciosa sonrisa y unas ray ban estilo aviador que cubrían sus ojos.

—Perdona. ¿Algún restaurante por aquí cerca? -preguntó fingiendo no conocerme

—¡Estás loca! -exclamé con una sonrisa- ¿Que haces aquí?

—He venido a invitarte a comer. Anda sube.

Abrí la puerta y entré dentro del coche. Ella arrancó sin más. Sonreí al observarla conducir. Lo hacia con estilo. Se notaba que le gustaba. Sujetaba el volante con una sola mano. Mientras con la otra sostenía el cigarro que acababa de encenderse.

—¿A donde vamos? -pregunté.

—Ya lo verás.

—¿Me vas a llevar a un Mc Auto o algo así?

—Mmm es original, pero no.

—Te recuerdo que luego me tienes que traer a por el coche.

—Tranquilo. Está aquí al lado -dijo apagando su cigarro en el cenicero del coche.

Se dirigió hacia el interior de Villaviciosa de Odón. El mismo pueblo donde se encontraban los estudios de la serie.

Llegamos hasta la puerta de un restaurante. El nombre era bastante raro. Rollo inglés. A la gente le da por poner los nombres en inglés para que suene más cool. Eso es un hecho.

—Aquí es -dijo bajando del vehículo.

—¿Que tiene de especial?

—La clientela es bastante reservada, así que estaremos tranquilos -explicó ella- Además, conozco al dueño casi desde que nací. Es amigo de mis padres.

—Entonces estaremos como en casa -opiné yo.

Entramos al restaurante. Malú saludó al propietario. Me presentó y charlamos un ratito con él. Había que cumplir.

Nos sentamos en la mesa que nos indicó. Al fondo para estar más tranquilos. Había gente. Lo normal para ser lunes. Pero Malú tenía razón. Allí nadie se fijaba en nadie.

—¿Que te parece?

—Está genial -contesté

—Pues la comida es aún mejor -afirmó ella.

—Me muero de hambre -dije frotándome las manos.

—Te va a encantar, ya verás.

—¿Que me recomendarías? -pregunté leyendo la carta.

–Carne. Del tipo que quieras. Es espectacular -dijo sin dudarlo.

—Mmm es buena idea.

Nos decantamos ambos por entrecots a la pimienta. Algo clásico, pero con el toque de la casa. Acompañamos toda la comida con un buen vino. Lo eligió Malú. A decir verdad yo no tenía ni idea de vinos.
 
Terminamos de comer a eso de las cuatro de la tarde. Nos lo tomamos con bastante calma. Yo ya no tenía que volver al plató, pero Malú si tenía trabajo esa tarde. Sabía que pronto empezaría de lleno con su gira. Me llevó a por el coche.

—¿Que te parece si esta noche te invito yo a cenar? Es lo justo

—Lo siento Nacho, esta noche no puedo. Tengo una cena con mi manager para decidir algunas cositas de la gira -explicó ella.

—Bueno no importa. Otro día.

—Eso está asegurado.

—Hasta mañana entonces -dije terminando con un beso.

—Oye le estás cogiendo afición a esto de robarme besos -apuntó con un tono divertido.

—Es que me encantas -dije sacándole la lengua.

—Tiembla Malú !Nacho el empalagoso ha vuelto! -se dijo a si misma riéndose.

—Recuérdame en otra ocasión lo empalagoso que soy.

—Mmmm -rió ella

Nos despedimos entre risas y mucha complicidad. Malú se marchó a trabajar. Saqué el coche del parking y me dirigí a casa. 

Me llamó Raúl para tomar algo. Seguro que quería marearme con el tema de Malú. Cuando se pone pesado es así. Tenía la tarde libre así que quedé con él en la terraza de una cafetería.

—¿Entonces que? ¿Me estás diciendo que entré Malú y tu no hay nada?

—Estás tonto. Ya quisiera yo.

Quería contarle que me encantaba esa mujer. Que me había enamorado casi sin darme cuenta. Y todo lo que estaba viviendo con ella. Pero sabía que había que ser discreto. No es que no confiara en el. Pero de momento es mejor así. Ni siquiera yo se que es lo que tengo con ella.

—Vale, vale, no insisto más. 

—Menos mal. Pensaba que no te ibas a callar nunca -dije riéndome.

—¿Sabes que? Aún tenemos que celebrar tu cumpleaños...

—Uff quita. Ya han pasado demasiados días.

—Una fiestecita tío. A ver si ligamos. Que tu ya no te acordarás como se hacia -insistió él

—Eres un capullo. A mi déjame que estoy muy bien así... -dije dando un trago a mi cerveza.

—Mira que te has hecho aburrido macho. Eso es culpa de Laura.

—No es culpa de nadie. Yo he madurado, no como otros.

Pasamos la tarde entre risas y cervezas. A lo tonto se había hecho bastante tarde. Me fui a casa dando un paseo. El bar estaba bastante cerca de casa y había ido andando.

Me relajé en el sofá. Cogí el móvil para mandarle un WhatsApp a Malú y preguntarle que tal iba su cena. No me dio tiempo a abrir la aplicación. Sonó el timbre en ese momento. Fui a abrir la puerta. Lo hice sin mirar por la mirilla. Me sorprendí al verla. Puse cara de sorpresa y sonreí al instante.

—Que he pensado que mi manager va a hacer lo que quiera... Así que, que las decida ella. ¿Has cenado? -dijo sonriente mostrando una bolsa llena de comida.

martes, 15 de abril de 2014

Capítulo 8 (Sintiéndonos)

Aquella noche dormí como un verdadero angelito. Si la noche soñada existía, la mía sin duda había sido esa. Con ella al lado todo era perfecto. No necesitaba nada más. 

Desperté cuando los primeros rayos de luz atravesaron las finas líneas de la persiana de la habitación. Alargué el brazo hasta la mesita para coger el móvil. Quería mirar la hora y yo no solía utilizar nunca relojes de muñeca.
Todavía eran las 8.05 de la mañana. Quizás demasiado pronto para levantarse un domingo.

Miré hacia el otro lado de la cama. Allí estaba ella. No había sido un sueño. La miré sonriendo. Dormía placidamente como una niña pequeña. Su gesto era totalmente relajado. Era un gusto mirarla. Daba igual la situación en la que estuviera. Ella estaba guapísima de cualquier forma y en cualquier situación. 

Acaricié su mejilla con delicadeza. Su piel era extremadamente suave. Podría tirarme horas así. Me encantaba. Pronto convertí las caricias en pequeños besos. Hasta que una sonrisa se dibujó en su boca. Era señal de que se había despertado, aunque todavía seguía con los ojos cerrados. Reí al ver ese gesto y aumenté la intensidad de los besos.

—Se que estás despierta... -susurré en su oído.

Ella rió al escucharme, pero se hizo la remolona durante unos segundos más. Abrió los ojos perezosa y me miró sin decir nada. Esa mirada era más que suficiente...

—Buenos días -dije dedicándole la mejor de mis sonrisas.

—Buenos días -dijo desperezándose de una manera que enamoraba.

Más bien creo que todo lo que hacia me enamoraba. Cuando te enamoras te gusta todo de la otra persona. Tanto que no existen los defectos. Y eso me pasaba a mi ahora. No veía, ni era capaz de imaginar un solo defecto en ella. No creo que lo tuviera.

—¿Que tal has dormido? -me interesé.

—Genial -contestó sonriendo- ¿Y tú?

—Bien. Tienes una cama muy cómoda.

—¿Si no? -rió ella.

—Hombre dormir a tu lado también tiene algo que ver. Pero es que no quiero que se te suba.

Me pegó en el brazo riendo. No muy fuerte. Tenía la manía de hacerlo con todo el mundo. Era uno de sus gestos más repetidos con quien tenía confianza. Y conmigo debía tenerla porque ya iban varias veces.

—Ya te vale -rió.

Sonreí al ver su cara. Me acerqué a sus labios sin decir nada y le robé un beso.

—¿Siempre eres tan empalagoso? -preguntó ella intentando picarme.

—¿Siempre eres tan sosa? -respondí en forma de pregunta.

—Eso no me lo decías anoche... -apuntó con una sonrisilla pícara.

—Es que tengo muy mala memoria. ¿Por que no me recuerdas lo que decía anoche?

—Ya te gustaría guapo. Pero no tengo tiempo para eso. ¡Arriba!

Se levantó de la cama. Únicamente llevaba puesta mi camiseta. Le cubría casi hasta las rodillas. Pero le quedaba genial. 

—Estás muy sexy -dije mirándola con deseo mientras inevitablemente me mordía el labio inferior.

—Lo sé! -vaciló ella- ¡Venga Nacho, levanta!

Negué con la cabeza y me cubrí entero con la sábana. Tardó muy poco en venir a molestarme para que saliera. Pero le salió mal, porque en cuanto tuve la oportunidad salí de mi escondite y la tumbé de nuevo a mi lado. La besé mientras mis manos se perdían acariciando sus piernas desnudas. 

—Ves como tenía razón. ¡Eres un empalagoso! -exclamó con un claro tono de broma.

—Ya. Pero tu tienes la culpa.

—¡A mi no me eches la culpa! Yo no he hecho nada. -dijo defendiéndose.

—¿Te parece poco mirarme con esa sonrisa?

—Eres un amor... -dijo acariciándome la cara y terminando la frase con un beso.

Esos pequeños gestos eran los que conseguían que me enamorara cada segundo un poquito más.

—¿Quién es ahora la empalagosa? -bromeé

—No se lo cuentes a nadie. Tengo una reputación que mantener -dijo riendo.

—A mi me encantas así.

Tras mi respuesta volví a besarla. Aquellos labios que me volvían loco. Ella respondió a mis besos con la misma intensidad, incluso con más. Era pura pasión. Y no, ya no se resistió, ni pensó en levantarse. Simplemente nos dejamos llevar por lo que en aquel momento nos apetecía.

Olvidamos el tiempo. Olvidamos el mundo. Nos olvidamos de todo por un momento. Como si no existiera nada más. Solo ella y yo. Ella y yo solos en aquel cuarto, alumbrado únicamente por la suave luz del amanecer. Comiéndonos a besos. Acariciándonos cada rincón de nuestros cuerpos desnudos. Disfrutando el uno del otro.

La llama del deseo seguía encendida. Ella era mi debilidad. Sentía que me hacia especial. Me hacia diferente. Sin darse cuenta me hacia el hombre más feliz del mundo.

Nos quedamos dormidos tras aquel arrebato de pasión. Caímos rendidos casi sin darnos cuenta. Abrazados y arropados solamente por una fina sábana blanca.

El sonido de notificación de mi móvil me despertó de repente. A Malú le paso lo mismo. Me miró algo desconcertada.

—Perdona. He olvidado ponerlo en silencio.

—Tranquilo. Es hora de levantarse. Nos hemos quedado dormidos.

Aproveché para leer el WhatsApp. Era mi amigo Raúl.

”Raúl"
-Tío, donde te metes? No se nada de ti.
-Quedamos a comer??

Me reí al leerlo. La verdad es que hacia varios días que no nos veíamos. Ni siquiera el día de mi cumpleaños, que le puse una excusa de lo más tonta para no salir de fiesta. Malú me miró con una sonrisilla.

—¿Tu amante te ha propuesto plan? -bromeó ella.

—Sí, pero no se que decirle.

—Dile que igual hoy estás algo agotado.

—No creas, yo tengo aguante para rato.

—¡Fantasma! -vaciló con una risa irónica.

Me reí por aquel comentario. Adoraba esas bromitas que nos hacían empezar a tener una gran complicidad.

—Es Raúl, mi mejor amigo. Me ha propuesto quedar a comer.

—¿Y que le has dicho?

—Que no puedo. Que me va a invitar a comer una chica guapa.

—¿Ah si? No tengo noticias... -rió

—No en serio. Me gustaría presentarte a Raúl. ¿Y si quedamos a comer con él? -propuse.

—No se Nacho... -dijo con indecisión.

—Malú, te aseguro que es de confianza -dije mirándola- Tu me has presentado a los tuyos, lo justo es que yo haga lo mismo.

—Esta bien. Comemos, pero nada de restaurantes muy transitados -advirtió ella.

—¿Mi casa te parece lo suficientemente discreta?

—Mmmm tu casa me parece perfecta

Se acercó de forma cariñosa y me dio un beso justo antes de levantarse. Se dirigió hacia el baño totalmente desnuda. Ni siquiera se molestó en ponerse algo que la cubriera. Me reí por esa naturalidad.

—Voy a la ducha.

—Vale -acerté a responder mientras observaba embobado sus curvas perfectas.

Cogí el móvil para contestarle a Raúl. Abrí el hilo de mensajes.

"Raúl"
-Hola tío! Siento la ausencia. Perfecto, quedamos a comer.
-Ya me contarás que has estado haciendo cabrón.
-Jajajjaja
-Nos vemos donde siempre.
-Mejor comemos en mi casa. Quiero presentarte a alguien.
-Como quieras. No me digas que has ligado?
-Jajajaja no es eso. Es una amiga.
-Si ya! A mi no me engañas.
-Eso si, podrías pillar algo del restaurante. No me apetece cocinar
-Venga, yo me paso.
-Gracias, luego nos vemos.
-Chao.

Me duché cuando salió Malú. Pensé en invadirle la ducha. Pero nos íbamos a volver a liar y no era plan de llegar tarde.

Cuando ambos estuvimos listos fuimos a buscar mi coche y nos dirigimos a mi piso. Vivía en pleno centro de Alcorcón. Y como era domingo había bastante gente. Familias enteras, parejas paseando de la mano, grupos de amigos correteando por las calles...

Sin pensarlo dos veces metí el coche a mi plaza de garaje. Era pequeñita, pero fue suficiente para subir a casa sin tener que pisar la calle. Un alivio para Malú.

Entramos al piso. Era un ático duplex bastante acogedor. Cuando me lo quedé hice obra para hacerlo tipo loft. Y eso le daba un encanto especial. Tenía el salón y la cocina juntos en el primer piso, separados solamente por una barra estilo americano. Arriba estaban las habitaciones, a las que se accedía mediante una escalera de caracol. Laura, mi ex, me ayudó bastante en la decoración, y quieras que no, el lado femenino se notaba en el encanto. La única pega es que estaba un pelín desordenado.

—Perdona el desorden -dije excusándome.

—Tranquilo -rió ella- Tienes un piso precioso.

—Gracias. Ponte cómoda.

Subí a cambiarme de ropa. Todavía llevaba la ropa del día anterior. Cuando terminé bajé al salón con la guitarra que me regalaron mis padres hace ya bastantes años. Estaba bastante vieja. Simplemente por el paso del tiempo. La tenía firmada por gente del colegio y por buenos amigos. Aún sonreía al leer aquellas dedicatorias.

—¿Que te parece? -sonreí enseñándosela.

—Guuau! -exclamó

—Me la regalaron mis padres cuando tenía 12 años.

—Tu primera guitarra -dijo obsevándola con detalle.

—Si bueno y también la última -dije.

—¿Nunca pensaste en dedicarte a la música? Se te da bien -sonrió mirándome.

—Mil veces la verdad. Pero bueno me decidí por la interpretación... 

—¿Puedo firmártela? -preguntó con entusiasmo.

—¿Bromeas? Estás tardando.

Fui a por un permanente de color negro y se lo dejé. La miré sonriendo mientras escribía. Estaba súper concentrada. Cuando terminó me la dio.

—¡Pero no lo mires! -exclamó con un tono alto

—¿Por que no? -pregunté curioso.

—Porque no. Cuando yo no esté.

—Vale. Pues voy a guardarla.

—¡Nacho prométemelo! -dijo divertida.

—Te lo prometo. No la leeré.

Me reí. Era como una niña y eso me gustaba. Guardé la guitarra sin leer la dedicatoria, tal y como le había prometido. Aunque me moría de curiosidad.

Sonó el timbre mientras estaba arriba. Bajé rápidamente a abrir la puerta. Miré a Malú. Le hice un gesto cómplice con la mirada para que se acercara. Abrí. Obviamente era Raúl. Entró convencido.

—Eehh cabrona... -hasta aquí llego su frase. Creo que no esperaba ver a Malú allí. Lógico por otra parte.

—Zo -terminó la palabra y nos miró a los dos con cara de sorpresa- Hola -se arrancó por fin.

—¡Que pasa tío! -le saludé- Te presento a Malú. Malú este es Raúl.

—Hola Raúl. Encantada -saludó la jefa cariñosamente dándole dos besos.

—Igualmente -dijo mi amigo recuperándose del impacto.

—¿Sorprendido Raulillo? -dije aún descojonado.

—Hombre, ¿tu que crees? no esperaba encontrarme con Malú.

—Nacho es que eres muy cabrón. Podrías haber avisado a tu amigo -apuntó ella.

—¿Y perderme su cara? 

Reímos los tres. Comimos tranquilamente lo que Raúl había traído del restaurante al que solíamos ir. Charlamos de todo un poco. Mi amigo pronto se soltó. Era muy extrovertido y no tenía problemas para hacerse con la gente. Era la típica persona que caía bien a todo el mundo.

Cuando se hizo la hora nos despedimos de él y nos dirigimos a casa de Malú. Tenía que dejarla. Acababa este gran fin de semana. Y no, no quería que acabara. Pero desgraciadamente mañana ambos volvíamos al trabajo.

Volví a casa tras dejarla a ella en la suya. Solía ver la tele antes de dormir. Pero esa noche me fui directamente a la cama. Cogí el móvil y abrí el WhatsApp para darle las buenas noches.

"Chica Q7"
-Buenas noches preciosa.
-Buenas noches Nachete.
-No trabajes mucho!
-Lo mismo te digo.
-Descansa (iconos de besos)
-Un beso (iconos de besos)

Dejé el móvil sobre la mesita. De repente miré al frente y ví la guitarra. Me levanté a cogerla. Volví a sentarme, la puse sobre mi y busqué su firma.

"Sin previo aviso, sin un permiso, como si nada...
Gracias por aparecer de la nada, por hacerme sentir única en este mundo, por regalarme tu cariño..."
Malú

domingo, 13 de abril de 2014

Capítulo 7 (Yo nunca)

Volvimos a casa al atardecer. El nivel de agotamiento después de haber pasado el día caminando por aquel lugar era bastante evidente.
Malú se durmió casi todo el camino. No podía evitar mirarla cada vez que la carretera me lo permitía. Me transmitía tanta paz, que tuve que hacer un gran esfuerzo para mantenerme despierto.

Llegamos a su casa tras algo más de media hora de viaje. Paré el coche. Ella todavía dormía. Podría haberme tirado horas mirándola y sonriendo como un tonto. Le acaricié la cara suavemente para despertarla. Abrió los ojos algo desconcertada. Pronto descubrió que se había quedado dormida. Me miró con esa sonrisa tan suya.

—Hola, bella durmiente.

—Hola -dijo ella sin borrar la sonrisa.

—Ya hemos llegado -apunté yo.

—¿Que hora es?

—Creo que serán las 9 o así -contesté.

—Mmm ¿Te quedas a cenar?

—Si me lo pides así -sonreí.

—¿Eso es un sí?

—Eso es un, lo estoy deseando.

Entramos en casa de Malú. Nos sentamos en el sofá del salón. Aquel donde surgió nuestro primer beso. Ella se recostó sobre mi, apoyando su cabeza en mi pecho. Intuitivamente le acaricié el pelo.

—Como sigas haciendo eso me voy a volver a dormir -dijo ella.

—Estás muy guapa cuando duermes.

—Ya, pero te vas a quedar sin cenar.

—Pido unas pizzas -dije riendo.

—Oye, pues no es mala idea -añadió ella.

El teléfono de la jefa empezó a sonar, cortando así nuestra conversación. Se levantó perezosa a por el. Lo había dejado nada más entrar sobre la mesa del salón. Descolgó y se puso a hablar. La miré atento sin moverme del sitio.

Pude intuir por lo que había escuchado que no íbamos a cenar solos. La miré tras colgar y antes de que pudiera decir nada, se adelantó ella.

—Mi hermano y Vanesa, que se apuntan a cenar. ¿No te importa no?

—En absoluto. Me gusta la idea -dije mirándola.

—Me apetecía cenar a solas contigo -dijo acercándose y sentándose sobre mis rodillas- Pero no podía decir que no.

—Ya tendremos tiempo -añadí finalizando la frase con un beso.

—Te veo muy seguro de eso -dijo ella vacilándome.

—Lo estoy jefa -dije picándola.

—¡Fantasma! -me pegó con la mano en el pecho.

—Auuu -me quejé de broma- Te vas a enterar guapa -la miré con cara de malo.

—No te tengo miedo.

Seguía sobre mis piernas. La cogí de la cintura, la tumbé en el sofá y empecé una tortura de cosquillas. Se moría de la risa. Intentaba decirme que parara pero apenas le salían las palabras de la boca. Solo podía reír. Paré enseguida.

—Te odio -añadió ella dándome con el cojín.

—¡Empezaste tú!

—Esta te la guardo -dijo seria incorporándose en el sofá.

—¿Te has enfadado?

No dijo nada. Solo se levantó. Cogió el móvil y se encaminó hacia otro lugar de la casa. Yo estaba algo desconcertado en ese momento. No sabía si le había sentado mal lo de las cosquillas. Pero a juzgar por lo visto parecía que si. Me levanté y fui tras ella.

—Oye Malú, que era una broma -la frené en mitad del pasillo cogiéndola de un brazo. —Perdona...

Se giró hacia mi. Todavía con el mismo gesto serio. Me miró a los ojos y a los tres segundos de mantenerme la mirada sonrió.

—¡Tontoo! -me calló con un beso.

Beso que seguí sin pensar en nada más. Me había tomado el pelo completamente. 

—Me habías asustado -dije yo.

—Te dije que te la guardaría -añadió ella con una sonrisa triunfante.

—Eres muy mala.

Me reí por la situación. Volví a besarla. Esta vez con más intensidad. Adoraba sus labios. Podría pasarme la vida en ellos. La levanté en el aire, sosteniendo sus muslos a ambos lados de mi cuerpo. La apoyé contra la pared del pasillo donde nos encontrábamos. Ella rodeó mi cuello con sus brazos para no caerse. Pronto empecé a besar y a mordisquear su cuello.

—¡Nacho! -dijo ella entre suspiros ahogados.

La escuché pero no paré. Me volvía aún más loco verla así. Era tan perfecta.

—¡Nacho para! -dijo no muy convencida de querer parar- Van a llegar estos de un momento a otro.

—Sosa -dije bajándola al suelo.

—Eso no me lo dices luego a solas -dijo susurrándome al oído con tono pícaro.

—Ya lo veremos.

Creo que era bastante obvio que empezaba a haber una importante tensión sexual en el ambiente. Y a mi me encantaba ese jueguecito que nos traíamos entre manos. Ese tira y afloja de piques amistosos. Me encantaba toda ella. 

—Oye por cierto. ¿Vanesa y tu hermano están liados? -pregunté sin pensarlo dos veces.

—Pues ni idea. Mi hermano nunca me cuenta nada. Y con Vane hace tiempo que no hablo de eso.

—No se, que igual son imaginaciones mias. Pero eso me pareció en la fiesta.

El timbre sonó en ese preciso instante. Malú fue a abrir la puerta. Me quedé justo detrás de ella. 
Entraron los invitados de la jefa.

—Ah chicos, he invitado a Nacho a cenar con nosotros -aclaró Malú.

Ambos me saludaron con la misma amabilidad que el día de la fiesta. Entramos al salón. Malú se fue a ducharse y a ponerse cómoda. Mientras nosotros, pedimos unas pizzas y charlamos durante un rato. Veía la complicidad entre ellos dos. Esas miradas que delataban a cualquier enamorado. Esas miradas que seguramente yo tendría hacia la jefa. Esas que creo que pilló Jose el día de la fiesta.

—¿Bueno que? ¿Pedimos unas pizzas no? -dijo Malú, que acababa de llegar.

Había salido de la nada. Iba especialmente guapa. Se había puesto un pijama ancho con pantalón a cuadros que le quedaba estupendamente. ¿Y que no le quedaba bien a esta mujer? La miré atontado. Esa mirada de la cual hablaba antes. Afortunadamente me di cuenta de que no estábamos solos y reaccioné a tiempo.

—Llegas tarde hermanita -se adelantó Jose.

—Espero por vuestro bien que me hayáis pedido la barbacoa.

—¿Y si no? -preguntó él.

—Si no os mato y me hago una pizza barbacoa con vosotros.

—Hija que agresividad -comentó Vane con su peculiar acento malagueño.

Todos reímos por su comentario. Pronto llegó el pizzero. Abrí yo la puerta. A decir verdad era el menos conocido de los tres. Y no era cuestión de crear alarma entre fans. 

Cenamos en el salón. La post-cena se hizo larga. Empezamos con el café y terminamos con las copas. Estaba entre ellos como si estuviera en una cena familiar. Como si los conociera de toda la vida. Así me hacían sentir y eso era de agradecer.

—Bueno, se me ocurre que podíamos jugar a un juego... -dijo Malú mirándonos a todos.

—¿Que juego? -pregunté yo.

—Yo nunca. Se trata de ir diciendo cosas y si las habéis hecho bebéis.

—Eso suena peligroso -añadió Vanesa.

—A ver no. Por ejemplo... Yo nunca he montado en bici -dijo Malú mirándonos- Pues todo el que haya montado en bici bebería.

—Fácil -dije yo riendo.

Recargamos nuestras copas y empezamos a jugar. Unas cuantas preguntas de precalentamiento básicas en las que los cuatro bebíamos, sirvieron para caldear el ambiente y romper el hielo. Hasta que Malú no espero más para soltarlo. Quería poner a prueba a Vane y a su hermano.

—Yo nunca me he acostado con nadie de los aquí presentes -soltó sin más.

Ella no bebió. Y yo obviamente tampoco. Vanesa dudó. Miró a Jose, que sin pensárselo dos veces bebió de su copa. Vane al verlo hizo lo mismo. Malú los miró sorprendida y al momento estalló en risas.

—¡Sois unos cabrones! -exclamó todavía riéndose.

—Ya dije que este juego era peligroso -dijo Vanesa riendo también.

—Ya podríais haberme contado algo. Mi hermano y mi mejor amiga, ¿y ninguno me dice nada?

—No había surgido hermana -dijo Jose.

—Bueno pues contarme ahora -insistió ella.

—Pues na' chiquilla. Que tu hermano y yo estamos juntos -concluyó la malagueña.

Jose la miró y se acercó para darle un beso en los labios.

—Estoy enamorado de esta mujer hermanita.

—Anda que, ya os vale. No decirme nada a mi... Oye que me alegro mucho –añadió Malú.

Yo miraba la conversación divertido sin entrar en ella. Hasta que Jose me metió sin comerlo ni beberlo.

—Bueno ¿y vosotros que? -dijo mirándonos a ambos.

—¿Nosotros que de que? -disimuló Malú.

—Venga, a ver si te piensas que no me he dado cuenta -insistió Jose.

—Cariño, el juego continua. Y me toca a mi... -dijo su chica- Yo nunca he besado a nadie de esta sala -pronunció hábilmente Vanesa.

Ellos dos lógicamente bebieron. Yo no sabía que hacer. Pero no quería mirar a Malú porque se iba a notar mucho. Me resistí esperando a que ella lo hiciera en primer lugar. Tras unos segundos me decidí a beber. Malú también bebió. Lo hicimos prácticamente a la vez. Ambos nos miramos y nos reímos.

—Han cambiado los papeles. Ya estáis contando -dijo Jose.

—Que lo haga ella -dije yo algo cortado.

—No hay nada que contar. Nacho me gusta y punto -afirmó muy segura de si misma.

Ante esa respuesta no pude evitar sonreír. Lo había dicho delante de su hermano y de su mejor amiga. Le gusto. Le gusto de verdad.

—Haceis buena pareja -comentó Vane.

—Nachete me gusta de cuñaó hermanita -dijo Jose de manera divertida.

Los cuatro reímos. Aquel juego se nos había descontrolado ligeramente. Queriendo descubrir a ellos, nos descubrimos todos. Pero había confianza. 

Me gustaba además que Malú no hubiera tenido ningún problema en contarlo. Eso debía significar que no era un capricho de artista. Que del alguna forma le gustaba de verdad.

La parejita se fue a eso de las 4 de la madrugada. Yo me quedé a ayudar a Malú a recoger todas las bebidas y demás.

Me acerqué a ella por detrás. La rodeé por la cintura. Le besé el cuello con delicadeza.

—¿Puedes repetir eso de que te gusto? -le susurré bajito al oído.

Ella rió automáticamente. Dejó las botellas que tenía entre las manos y poniendo sus brazos alrededor de mi cuello, se giró hacia mi.

—Me gustas mucho -dijo también en un susurro.

La besé dulcemente saboreando sus labios. Me guió hacia su habitación. Convirtiendo el camino en un camino de besos. Levanté su camiseta del pijama y me desprendí de ella antes de adentrarnos en el cuarto. 

Me empujó de forma autoritaria. Caí sobre el colchón de su cama con ella encima. La miré mordiéndome el labio. Me ponía a mil esa manera agresiva que tenía de llevar las riendas. Era la jefa en estado puro.

—¿Puedes repetir eso de que soy una sosa? –me susurró.

—Eres una sosa... -dije yo para picarla un poco.

Tras eso, me arrancó la camiseta casi literalmente. Acarició y besó a placer cada rincón de mi torso desnudo. Bajó sin ninguna prisa hasta llegar al principio de mi pantalón. Lo desabrochó y me lo quitó sin vacilar. Volvió a subir a mis labios. Respondía sus besos siguiendo con el ritmo que ella marcaba. Me estaba volviendo absolutamente loco. 

Pronto decidí cambiar los papeles. La cogí de la cintura y la giré para conseguir que quedara justo debajo de mi.

Besé su cuello mientras con un hábil giro de muñeca me deshacía de su sujetador. Bajé hasta su pecho. Me entretuve un buen rato. Los besé repetidas veces. Jugué con ellos a mi antojo.
Al mismo tiempo deslicé su pantalón de cuadritos por sus piernas perfectas. Lo hice casi de manera imperceptible. Al ser el pijama resultó mucho más fácil.

A la que nos quisimos dar cuenta estábamos desnudos el uno encima del otro. Pegados. Sin ningún espacio entre nosotros. Sintiéndonos completamente. Entregándonos todo. Fue tan especial y delicado como parece. Esa noche hicimos el amor apasionadamente. Hicimos el amor por primera vez. Nuestra primera vez juntos. Esa que pasara lo que pasara, ya había dejado huella...

martes, 8 de abril de 2014

Capítulo 6 (Enamorándome)

Creí haber vuelto a la adolescencia cuando miles de mariposas recorrieron mi estomago. Era una sensación única. Indescriptible...
Me dejé llevar, disfrutando al máximo cada milímetro de sus labios. Saboreándolos despacio, sin ningún tipo de prisa. Acaricié su cara con una mano. Lo hice lentamente, tal y como la magia del momento exigía. Me separé quedando a tan solo centímetros de su boca.

—Así que un idiota no? -la miré con una gran sonrisa.

—Un súper idiota -Afirmó ella sonriente.

—Ya te vale guapa...

Volví a besar sus labios. La empujé despacio sobre el sofá, dejándome caer con cuidado encima de ella. Perdí mis manos por debajo de su camiseta. La acaricié suavemente. Sentí como su piel se ponía de gallina al contacto con las yemas de mis dedos. Ella hacia lo mismo conmigo. Recorría con sus manos mi espalda de arriba a abajo. A su antojo. Una y otra vez. Conseguía estremecerme por completo.

La temperatura subía prácticamente sin darnos cuenta. Me preguntaba si el alcohol habría sido el desencadenante de este mágico final. Paré de besarla. Le aparté un mechón de pelo que le caía por la cara.

—¿Estás segura?

Ella no dijo nada. Únicamente me volvió a besar. Me parecía una buena respuesta para seguir. Quizás la mejor que te puedan dar. Pero no en esta situación. No con ella. Habíamos bebido más de la cuenta y no quería que esto quedara en un calentón. Que al fin y al cabo empezaba a serlo. ¿Si no como se explica? Malú y yo ¿juntos? 

—Malú, no quiero que mañana te arrepientas de esto -insistí yo.

—Nacho no me voy a arrepentir -aseguró ella convencida.

—¿Segura?

—Eres un pesado -volvió a callarme con un beso. 

Un beso con más intensidad que los anteriores. Con más ganas. Con más pasión. Un beso que terminó de convencerme. 
Deslicé su camiseta hacia arriba y con su ayuda se la quité por completo. Dejando así al descubierto un bonito sujetador negro. Era aún más perfecta de lo que jamás habría imaginado. 
Desde luego, si esto era un sueño no quería despertar nunca.

De repente sonó el timbre. Hasta aquí duró el sueño. Me sobresalté sin querer. A ella le pasó lo mismo. Y casi por simple impulso me quité de encima. Nos miramos extrañados por la hora que era.

Malú se levantó volviéndose a poner la camiseta de la cual me había desprendido yo momentos antes. Se dirigió a la puerta. Yo me senté de manera normal en el sofá, e incluso cogí la guitarra para disimular.

Pude distinguir la voz de Jose cuando Malú abrió la puerta. Acto seguido entraron los dos en el salón. Ella me dirigió una mirada cómplice  y me hizo un gesto como pidiéndome perdón. Sonreí al verla. Estaba muy graciosa gesticulando.

—¡Coño Nacho! -saludó Jose- ¿Interrumpo algo? -preguntó mirando a su hermana.

—No, no interrumpes nada. Estábamos tomando la última -dijo ella.

—Exacto. Lo que pasa es que tu querida hermana me ha sacado la guitarra y me ha liado -comenté yo señalando la guitarra.

—Te entiendo. Cualquiera le dice que no...

—¿Y a ti que te ha pasado? -preguntó Malú dirigiéndose a Jose.

—He debido olvidarme las llaves de casa en casa de Rubén.

—Vaya hombre -añadió ella.

—¿No te importará acoger a tu hermanito una noche no? -preguntó él- No voy en condiciones de coger otra vez el coche.

—Que remedio hermanito...

—Bueno chicos pues yo mejor os dejo. Es muy tarde -dije yo levantándome del sitio.

—Si, creo que lo mejor será que nos vayamos a dormir todos -comentó Malú.

Y así fue. Me despedí de Jose hasta la próxima. Nos prometimos una próxima vez. Eso me alegraba. Había estado súper a gusto con ellos esta noche. Y por su puesto sería un placer repetir.

Malú me acompañó hasta la puerta. Ambos reíamos por la situación. Las cosas del destino. Quizás ese no era nuestro momento.

—Lo siento... -insistió ella casi en un susurro.

—No pasa nada ya lo sabes -hice una caricia en su mejilla para que quedara convencida.

—Gracias -sonrió.

—Gracias a ti por esta increíble noche.

—Hablamos ¿no?

—¿Sabes que todavía no tengo tu teléfono? -dije divertido

—Será porque no me lo has pedido -me miró interesante.

—Es que... Me daba vergüenza pedírtelo -confesé yo.

—Serás tonto.

Me quitó el iPhone literalmente de las manos y tecleó su número de teléfono en la agenda de contactos.

—¿Ves como no era tan difícil? -dijo devolviéndome el móvil.

—Mmm tu móvil y tu dirección. ¿Por esta exclusiva ya me darán pasta no? -Bromeé sacándole la lengua.

—¡Idiota!

—Hasta mañana guapa. 

Me encaminé hacia fuera. Pero tuve la sensación de que me faltaba algo. Necesitaba volver a probar sus labios. Paré de golpe. Deshice mis propios pasos. Llegué de nuevo hasta donde estaba ella y sin que se lo esperara, la besé. Un beso fugaz. Ella me miró sonriendo, esa gran sonrisa que me estaba empezando a volver absolutamente loco. Me hizo un pequeño gesto con las manos para decirme adiós y cerró la puerta.

Volví a casa sin ser capaz de borrar la sonrisa de la boca. Lo había conseguido. Tenía la sonrisa más grande del mundo gracias a ella. Llevo en una nube desde el día que la conocí. Pero no en la misma. Cada vez en una más alta. Cambié de nube el día que me siguió en twitter. Volví a cambiar el día que se acordó de mi cumpleaños. Y esta noche me he mudado a la nube más alta de todas. Por un momento he llegado incluso a tocar el cielo con la mano. Es sencillamente genial.

Dormí feliz. Como un autentico niño. Me desperté cuando mi cuerpo descansó todo lo de la noche anterior. Hoy era sábado y no sonó el despertador como todas las mañanas. Lo que si sonó fue el whatsapp varias veces.

Lo miré todavía desde la cama. Me extrañé al ver el nombre, pero automáticamente me reí. Era el que puso Malú cuando guardó su teléfono.

"Chica Q7"

-Buenos días!!
-Buenos días chica Q7!!
-Jajajajajaja
-Estás loca
-Ya, pero te has reído, lo sé
-Jajaja un poco. Que tal tu hermano?
-Ya se ha ido a su casa
-Que crack
-Pues ese crack se ha pasado la noche roncando en la habitación de al lado
-Jajajajajajjaj
-No te rías. Por su culpa llevo unas ojeras hasta los pies
-Que exagerada seguro que estás muy guapa
-Jajajaj que va
-Jejej
-Que planes tienes para hoy?
-Nada especial. Conozco un sitio que te encantaría. Te apetece venir?
-Miedo me das...
-Jajajaja en serio, confía en mi
-Bueno, esta bien
-Perfecto, ponte ropa cómoda. Te recojo en una hora
-Vale. Pues ahora nos vemos
-Besos

Me levanté de un tirón. Me duché y me vestí con ropa deportiva. Cogí las llaves del coche y salí de casa dirección a casa de Malú.

Era sábado y había bastante tráfico por la M-30. Llegué en algo más de veinte minutos. Aparqué en la misma puerta. Bajé del coche y antes de que pudiera llamar salió ella. Iba súper sport, pero estaba guapísima con esa ropa. Llevaba unas mallas ajustadas y una camiseta de tirantes. 

Estábamos a mediados de mayo. La temperatura primaveral de la capital era muy agradable. Tanto que durante el día daba la sensación de estar en pleno verano.

Subimos al coche y puse rumbo a nuestro destino. Malú estaba expectante y eso me gustaba. Parecía una niña de cinco años. No tenía ni idea de a donde íbamos.

—Te va a gustar ya lo verás -dije mirándola en un gesto rápido y volviendo la vista a la carretera.

—¿Una pista? -insistió ella.

—Mmmm senderismo -añadí.

—Bueno, me gusta... -rió- ¿Lugar?

—Has dicho una pista! Y ya te la di.

—Vale. No digo nada más.

El viaje transcurrió con normalidad. Nos pasamos hablando durante todo el trayecto. Me encantaba oír su voz. Llegamos a un sitio de montaña. Aparqué el coche y bajamos. Había una pequeña pista de tierra por mitad de los árboles. Aunque no tenía las señales de ruta senderista. Era un lugar desconocido por mucha gente.

—¿Lista?

—Cuando quieras.

Nos dirigimos hacia aquella senda y nos adentramos en ella.

—¿Estás seguro de que no nos vamos a perder? Esto está sin señalizar -dijo ella.

—Confía en mi. Tengo buen sentido de la orientación

Tras cuarenta y cinco minutos caminando montaña arriba llegamos al lugar hasta donde yo quería.

—¡Espera! -me puse detrás de ella y le tapé los ojo con una mano.

—¡Nacho! No querrás tirarme abajo.

—Si, me has pillado -dije mientras la guiaba hasta delante del todo.

Estábamos en lo más alto de aquella montaña. El aire era limpio. Las vistas eran espectaculares. Era naturaleza en estado puro. Desde arriba se contemplaba absolutamente todo. Se veía un hermoso lago con el agua totalmente cristalina, donde se reflejaban las montañas de alrededor. Elegir este sitio para venir en primavera había sido una buena decisión. La combinación de colores era increíble.

Le descubrí los ojos y me agaché apoyándome en su hombro. Sin tacones era algo más bajita que yo.

—Guaau. Es precioso -soltó ella emocionada.

—Te dije que te gustaría -dije sin cambiar mi posición.

Ella se giró sobre si misma para quedar enfrente de mi. Me miró a los ojos y me besó. Ese beso me supo a gloria.

—Me encanta. Gracias por traerme.

—Me encanta que te encante, así que no me des las gracias.

Pasamos el día explorando los lugares de aquel bonito lugar. Entre risas, besos y fotos para el recuerdo.

Me estaba pasando. Me estaba enamorando perdidamente y sin freno...

sábado, 5 de abril de 2014

Capítulo 5 (Y ahora tú...)

Tardamos un ratito en llegar. La casa estaba en las afueras de Majadahonda. Era un barrio de chalets adosados. Seis o siete calles paralelas unas a otras con todas las casas exactamente iguales. Parecía un juego de buscar las diferencias. Como para encontrar yo solo la que era. Además la iluminación era bastante escasa, lo que dificultaba aún más la búsqueda. Malú tenía razón, habría estado dando vueltas toda la noche sin dar con la casa.

Llegamos a la calle correcta. Al parecer el resto del grupo ya había llegado. Mi acompañante reconoció la mayoría de los coches que invadían la puerta de la casa. Aparqué un poco más atrás, en el primer sitio que encontré libre.

Llamamos al timbre y nos abrió el dueño de la casa.

—Chicos, ¡la súper jefa ha llegado! -gritó para que los demás lo oyeran.

Malú entró dándole un cachete cariñoso por la broma que acababa de hacer. Este tío era un cachondo.
Entré tras ella y lo saludé también.

—¿Te ha dado mucha guerra durante el viaje? Suele ponerse insoportable después de los conciertos -dijo Rubén dirigiéndose a mi.

—¡Te he oído! -gritó la jefa, que ya andaba saludando a los demás.

Me reí mirando al músico. Le hice un gesto cómplice.

—Solo una poca -añadí riendo.

Malú volvió a girarse hacia donde nos encontrábamos nosotros.

—¡Al final cobráis los dos, cabrones! -soltó ella con su desparpajo natural.

—¡Bah ni caso! Bueno Nacho, tómate lo que quieras. Estás en tu casa.

—Gracias -dije algo cortado. 

Creo que todavía no había asimilado lo de hoy. ¿Yo de fiesta con Malú y con su gente tras el conciertazo? Desde luego yo esto lo cuento y no me creen. 

Entramos al salón. Era allí donde se encontraba el resto de la gente. Había música, pero no demasiado fuerte. No era cuestión de despertar a medio vecindario. Además aquello era más como una reunión de amigos. Charlaban los unos con los otros mientras tomaban una copa sin más. Pude distinguir entre la gente a Vanesa Martín, que parece que también se había apuntado a la juerga.

—¿Te apetece una copa? -miré a Malú.

—Te confesaré que no suelo beber. Pero hoy la necesito -dijo ella mientras se encendía un cigarro.

—Claro mujer. Un día es un día.

Nos sentamos en el sofá, al lado de Jose y Vanesa. Saludamos a los dos. Vane y Malú se dieron un abrazo súper emotivo. Se notaba que las unía una gran amistad. Abrazó también a su hermano, felicitándose así mutuamente por el trabajo de esta noche.

—¿Que os pongo venga? -preguntó Jose mirando las bebidas que estaban sobre la mesita de al lado del sofá.

—Un gin tonic porfi -dijo Malú dando una calada a su cigarro.

—Que sean dos -añadí.

—Marchando dos gin tonics -dijo Jose ejerciendo de barman.

Me reí al verle con esa soltura. Debía ser cosa de familia. Miré a las chicas.

—Vanesa enhorabuena! Esa versión de "No te pude retener" ha sido increíble -dije.

—Gracias Nacho. Oye llámame Vane -dijo la malagueña.

—Si llámala Vane, porque Vanesa es muy serio y no le pega nada -comentó su amiga apagando el cigarro en el cenicero de encima de la mesa.

—Cuidado con esta. Los post-conciertos la alteran demasiado. -me advirtió Vane utilizando un tono de broma.

—Perdona guapa. Mi tontería es de serie.

—Si, en mi coche ha puesto el "Sufre mamón" a toda leche -confesé yo.

—¡Eso no se cuenta! -rió dándome una palmada en la pierna.

Jose que estaba al lado y había escuchado la conversación entera, se meaba de la risa. Nos dio las copas y se unió a nosotros.

—Mi hermana es así. Única en su especie -dijo Jose.

—¿La habéis tomado todos contra mi esta noche o que? -preguntó Malú poniendo cara de ofendida.

—Ya sabes que te queremos hermanita.

—¡Cabronazos! Voy a ver al resto -se levantó, cogió su copa y fue a ver al resto de la gente. Es lo que tiene el tener que quedar bien con todos.

Me quedé charlando con Vanesa y con Jose. Guitarrista y cantautora. Que gran combinación. Tema de conversación no nos faltó. Les conté mis anécdotas de niño con la guitarra y ellos quisieron compartir las suyas conmigo. Un privilegio vamos. Eran estupendos ambos.

Miraba de vez en cuando a Malú, que seguía charlando con la gente. Estaba en su salsa. Se notaba que se lo estaba pasando bien. Una de esas veces Jose me pilló de pleno mirándola con cara de bobo. No me vi la cara, pero probablemente fuera esa. No dijo nada al respecto, cosa que agradecí bastante.

De la nada apareció Malú, con el móvil en la mano gritando la palabra "Selfie". Selfies eran las fotos de moda. Lo que se llevaba ahora en las redes sociales. No eran más que auto fotos con la cámara delantera del teléfono. Posamos los cuatro haciendo carazas a la cámara.

—Os voy a tuitear ¡que lo sepáis! -exclamó con entusiasmo Malú.

—Jefa, ¿sabes que has olvidado poner el tuit de agradecimiento post concierto? -le recordó su hermano.

—¡Coño es verdad! Pues allá voy -dijo tecleando en la pantalla de su iPhone.

Los tres la miramos expectantes. No quería enseñarnos el tuit. Así que a la que nos quisimos dar cuenta estábamos todos con el móvil en la mano esperando a que lo publicara de una vez.

@_MaluOficial_
Muchísimaaas graciias Madrid! Ha sido increíble vivir lo de esta noche con vosotros! Nos vemos prontoo!! (Iconos de besos)

Los tres nos miramos riendo. Había salido el lado oculto de la jefa. Nos miró con cara de sorpresa.

—Mis fans son lo primero -aseguró ella, todavía con el móvil en la mano.

—Si no hemos dicho nada -me defendí yo.

—Bueno, por si acaso -dijo mirándome sonriente.

Me vibró el móvil. Al final iba a ser verdad que había tuiteado la foto de los caretos.
Volvía a abrir twitter para comprobarlo.

@_MaluOficial_
Celebrando con amigos! Se puede estar mejor acompañado? @JoseDeLucia @vanesamartin_ @Nachogs85 http://pic.twitter.com/jeldjdofm

Efectivamente, lo había hecho. Y eso que lo caretos eran interesantes. Los tres silenciamos y guardamos los teléfonos. Retomamos la conversación. Las horas pasaban. Nos tomamos otra copa, y otra, y otra más.

—Creo que voy a dejar de beber. Tengo que llegar a casa -añadí.

—Y lo que es más importante. Tienes que llevarme a mi a la mía...

—Con más razón. No quiero que tus fans se abalancen sobre mi si no te llevo sana y salva.

No tardamos mucho en marcharnos. Debían ser como las cinco de la mañana. Nos despedimos de todo el mundo, aunque puede que más de uno mañana ni se acuerde. Salimos y fuimos dirección al coche, menos mal que no tenía perdida.

—¿Hace falta que te guie o sabes llegar? -preguntó ella con tono divertido.

—Creo que sabré llegar. Si no te dejo tirada donde me parezca -bromeé.

—Muy gracioso.

A decir verdad las condiciones para conducir no eran muy favorables. Pero la casa de Malú estaba relativamente cerca. En el pueblo de al lado. Me dirigí hacia allí intentando mantenerme despejado mientras conducía. Malú se reía al ver mi cara de concentración y obviamente me hacia reír a mi también. Llegamos en diez minutos. Al ser las horas que eran, el tráfico era bastante reducido.

—¿Nos tomamos la última? -propuso ella.

—No se yo si es buena idea... 

—Venga Nacho, un día es un día, tu lo dijiste.

¿Y como se le dice que no a Malú? Con esa cara, con esa mirada, con esa sonrisa... ¡Me encantaba! Era la perfección personificada.
La verdad es que no creo que nadie tenga la respuesta a esa pregunta.

Entramos en su casa. Pasamos al salón. Me senté donde me indicó y al momento apareció ella con las copas y con una guitarra a cuestas.

—¡Nooo! -exclamé yo al verla llegar con el instrumento.

—¡Vengaa! Jose me ha dicho que tocas el temazo de "Ahora tú"

—¡Malú no! Olvídalo -dije resistiéndome, a pesar de que sabía a ciencia cierta que acabaría convenciéndome.

—Va tócamelo! -soltó convencida de sus palabras.

Yo solía mal interpretar las palabras. Y si a eso le añades unas copas de más pues aún suena peor. Empezamos a reír sin freno. Malú me pegó tres o cuatro golpes en el brazo para que parara.

—Tío, eres un mal pensaó.

—Reconoce que ha sonado mal -dije mirándola.

—Tal vez un poco si... -dijo algo avergonzada- A veces suelto lo primero que me pasa por la cabeza.

—Tranquila, eso nos pasa a todos.

—¿Bueno que? ¿Vas a tocar LA CANCIÓN o no? -insistió ella, recalcando la palabra canción.

—¿Tu quieres verme hacer el ridículo no? -pregunté mientras cogía la guitarra.

Pensé dos minutos antes de tocar. Hice un par de pruebas y empecé con los acordes del "Ahora tú"
Al inicio de la letra ella me acompañó con su espectacular voz. Cogimos ritmo sin darnos cuenta y acabó cantando más de media canción.

"Y ahora tú, llegaste a mi, sin previo aviso, sin un permiso, como si nada"

Se me ponían los pelos de punta con cada frase que salia de su boca. No solo por oír su voz. Sino por escuchar esa letra y vernos así a los dos. Al fin y al cabo ella también había llegado a mi vida sin esperarlo. Sin aviso... Como si nada... 

Al terminar la canción, nuestras miradas se cruzaron con más intensidad que nunca. Si en ese momento hubiera querido desviar la mirada, no habría podido. Sus ojos me tenían absolutamente hipnotizado. Nuestros cuerpos se acercaban prácticamente solos, por pura inercia. Las intenciones eran claras por ambas partes. ¿Sería cosa del alcohol? De repente paré interrumpiendo el momento mágico que habíamos creado.

—Creo que has bebido demasiado -le saqué la lengua.

—Eres un idiota -me dio un cojinazo.

—Si, pero tengo razón.

—¡Cállate y bésame! -ordenó con un aire de jefa que me había vuelto loco.

Me acerqué despacio después del momento broma. Y acabé lo que sin saber como, habiamos empezado. Mis labios rozaron los suyos para acabar fundiéndose en un cálido beso. Al principio con timidez. Timidez que se iba quedando atrás conforme pasaban los segundos.