Las guitarras eléctricas comenzaron a sonar desatando la euforia en la muchedumbre. Miré ligeramente hacia atrás y la vi. Tras el escenario. Guapísima. Respirando hondo para paliar los nervios. Y preparada para hacer su aparición ante toda esa gente. Me guiñó un ojo. Gesto que agradecí inmensamente. Porque sirvió para que me olvidara de todo. Para que me quitara los miedos y las inseguridades de un plumazo y únicamente disfrutara del momento.
Las luces se apagaron. Las guitarras silenciaron su sonido. Y el gentío volvió a enloquecer de nuevo.
"Ni un paso atrás" comenzó a sonar en las fantásticas manos de Rubén. Y al momento, su voz inundó el auditorio sevillano, provocando así la definitiva locura de todos los asistentes.
Un espectacular juego de luces se proyectó sobre el escenario.
Jose me miró indicándome que era nuestro turno. Sujeté la guitarra y comencé a tocar con decisión. La música de nuestras guitarras acústicas se entremezclo con el resto de instrumentos que ya sonaban. Y la combinación era realmente increíble.
Era una auténtica locura, pero lo estaba haciendo. Estaba siendo guitarrista en un concierto de la jefa. Y me sentía bien. Ni en mis mejores sueños lo habría imaginado nunca.
Creo que la gente me miraba desconcertada. Las fans tenían fichados a todos los miembros de la banda de Malú. Y seguramente yo les descuadraba en aquel concierto.
Miré hacia abajo. Hacia la zona más próxima al escenario. Buscaba a mis padres entre la gente. Parecía misión imposible, pero no tardé en localizarlos. Con ellos también estaba Marcos. Les dediqué una gran sonrisa que me devolvieron de inmediato. Los tres flipaban y me miraban sin entender nada. Creo que había sido una buena sorpresa.
Mis temidos nervios habían desaparecido por completo. Y no solo eso, sino que me crecía más con cada canción. Y mi motivación era ella. La observaba moverse de un lado para otro, sin parar ni un solo momento. Bailaba, corría, saltaba... Todo a la vez. Era un verdadero huracán. Pero eso no me pillaba de susto. Sabía perfectamente como era sobre el escenario. Y también fuera de el.
Sonreí al ver que lo pasaba tan bien. Que se entregaba tanto a su público. Aquel que sin duda también se entregaba a ella. De hecho se dejaban la voz y el alma por acompañarla en cada una de sus canciones. Y eso me ponía los pelos de punta.
Los minutos pasaban. Y con ellos el concierto. Hasta que el lado más sensual de la cantante llegó con "Toda". Bailaba con el pie de micro como si de una barra americana se tratara. Intenté no desconcentrarme. Pero eso era imposible viendo aquello. Y por si no había sido suficiente, se me acercó y cantó una estrofa sin dejar de mover sus caderas muy pegada a mi.
"Te abriré las puertas del alma de par en par, dispuesta a hacer todo a tu voluntad, dispuesta a hacer todo lo que te de la gana"
Me la comí enterita con la mirada. Ella rió al ver mi cara. Que era una mezcla entre concentración y deseo. No tardó en alejarse con una especie de saltito habilidoso que la volvió a situar en medio del escenario. En el estribillo dejó que fuera el público quien pusiera la voz al tema. Ofrecía su micro al aire en cada "Toda" mientras corría alocada de un sitio para otro. Y de esa forma, tras un par de canciones más llegamos al final.
—Siempre es un placer volver a esta tierra. ¡¡¡Sevilla de mi alma!!! -pronunció con acento andaluz- ¡¡¡Nos vemos prontoo!!!
Un nuevo gesto de Jose me indicó lo que tenía que hacer. Dejé la guitarra a un lado y me acerqué hacia delante con el resto de la banda. Nos cogimos de las manos para saludar al público. Cogí la suya casualmente. La apreté con fuerza. Ella hizo lo mismo con la mía. La gente aplaudió sin descanso hasta que desaparecimos del escenario.
Nos buscamos casi sin darnos cuenta hasta terminar abrazados. Ambos estábamos eufóricos. La levanté y di tres o cuatro vueltas con ella en el aire.
—¡Que subidón! -grité.
—Has estado genial -contestó mi chica.
Vi venir a Jose que también me abrazó para felicitarme.
—¡Enhorabuena cuñao! Increíble de verdad.
Malú rió y me miró sonriendo. Yo no sabía donde meterme. No cabía en mi de felicidad. Me sentía bien. Tenía ganas de gritar, de saltar. De celebrarlo como tocaba.
—¡Nacho!
Una voz inconfundible pronunciando mi nombre me hizo girarme. Era mi madre. Corría hacia mi por delante de mi padre y de mi hermano, que simplemente la seguían.
—¡Mamá! -exclamé ilusionado.
Corrí hacia ella hasta fundirme en un gran abrazo. Abrazo que se prolongó durante varios segundos. Y al que también se añadieron mi progenitor y mi hermano pequeño. Me separé de ellos y los miré.
—¿Que tal? ¿Que os ha parecido?
—Pero hijo ¿como no nos habías contado esto?
—¿Guitarrista? Te has salido con la tuya.
—¿Y desde cuando? ¿Que ha pasado con la serie?
Las preguntas salían disparadas una detrás de otra de boca de mis padres. Tan rápido que ni siquiera distinguí cuales hizo mi padre y cuales mi madre. No habían acabado una y ya habían lanzado la siguiente. Me reí mirándolos.
—A ver tranquilos. Vamos por partes... ¿Os parece que tomemos algo y os pongo al día? -propuse intentando poner calma.
—Claro hijo ¿Vienes a casa?
—Espera, primero quiero presentaros a alguien.
Malú seguía charlando con el resto del grupo a pocos metros de nosotros. Me miró de reojillo. Creo que escuchó mi última frase.
—¡Jefa! -exclamé
Se giró mirándome divertida y se acercó hacia donde estabamos. Acompañada siempre por su inseparable sonrisa.
—Hola -saludó.
—Mira ellos son mis padres y el es mi hermano -dije mientras los señalaba a todos.
—Es un placer conoceros -contestó ella amablemente.
—El placer es nuestro... -dijo mi hermano mirándole el escote de forma descarada.
—¡Niño! -renegué pegándole una colleja.
Al final todos reímos. Mi hermano no tenía remedio. ¿Y que chaval de veinte años lo tiene? Supongo que pocos se libran. A esa edad somos hormonas con patas. Todos hemos pasado por ahí.
—¿Os ha gustado el concierto? -preguntó la jefa.
—Has estado increíble chiquilla -respondió mi madre entusiasmada.
Mi chica se sonrojó ante esa respuesta. Sonreí. Me quede embobado mirando esa carita de niña que solía poner. Era para comersela. Reaccioné cuando me di cuenta de que todas las miradas se centraban en mi.
—Bueno familia. Os veo ahora -dije yo finalmente
—Te esperamos en casa.
Nos despedimos de ellos para ir a cambiarnos. Yo me fui con el grupo y Malú se marchó a su camerino. Dentro siguieron las felicitaciones. La verdad es que había sido un éxito. Y sobre todo una experiencia única. Tanto que mi entusiasmo continuaba presente.
Terminé de cambiarme y fui hasta la sala donde estaba ella. Entré directamente. Miró hacia la puerta y sonrió al verme.
—Que rápido eres -dijo mientras tecleaba en la pantalla de su iPhone.
—Solo cuando quiero... -sonreí- ¿que haces?
—Cotillear un poco el twitter.
—¿Algo interesante? -pregunté curioso.
Giró el teléfono para que pudiera verlo. Leí detenidamente uno de los tuits que me enseñó.
“El actor Nacho González @nachogs85 nuevo guitarrista de @_MaluOficial_”
—¡Joder! No han perdido el tiempo.
—Cariño vas a ser trending topic. Ya hay hasta fotos tuyas -añadió divertida.
—No te cachondees.
Le quité el móvil de las manos y la besé. Ese beso que no había podido darle delante de la gente. Y que en realidad tanto necesitaba.
—¿Y esto? ¿Te has inspirado con la canción de toda? -preguntó con tono de broma.
—Eres muy cruel. Me has puesto a mil.
—Si yo no he hecho nada -rió.
Rodeé su cuerpo con los brazos y la atraje hacia mi. La miré con picardía. Volví a buscar su lengua hasta unirla de nuevo con la mía. Acaricié su espalda por debajo de su camiseta.
Y en ese momento la puerta se abrió sin previo aviso. Nos separamos sobresaltados y ambos dirigimos nuestras miradas hacia la entrada. Respiramos aliviados al descubrir que era Rosa.
—Niños... Controlad esos impulsos -vaciló su manager entrando dentro.
—Perdón -dije algo cortado.
—Felicidades Nacho -dijo dándome dos besos.
—Muchas gracias -correspondí de la misma forma.
—Y a ti también mi niña. Espectacular como siempre.
—Como te quiero manager -exclamó Malú.
—¿Os venís a tomar algo? -preguntó Rosa mirándonos a los dos.
—No podemos. Hemos quedado con los padres de Nacho -dijo Malú.
La miré confundido pero a la vez ilusionado. Rosa se despidió de nosotros y se marchó. Miré a mi chica de nuevo. Sonreí levantando una ceja sin entender nada. Me miró imitando mi gesto.
—¿Que? No pensarías que te iba a dejar solo ¿no? -dijo tan natural.
—¿Tu nunca vas a dejar de sorprenderme? -pregunté sonriente.
—Eso espero -me besó dulcemente en los labios.
—Te quiero -dije rozando mi nariz con la suya.
—Y yo.
Nos marchamos y nos dirigimos a casa de mis padres. Por lo que recordaba no estaba lejos del auditorio. Así que llegamos en nada. Habíamos acordado contarles lo nuestro. Al fin y al cabo eran mis padres.
Llamé a la puerta. Creo que ahora la que estaba nerviosa era ella. Lo noté en su forma de mirarme. Nervios que intenté calmar dándole un beso fugaz justo antes de que abrieran la puerta.
Mi madre se quedó con cara de poker al vernos a los dos. ¿Malú en su casa? Creo que no entendía lo que pasaba allí. Nos invitó a pasar intentando disimular su sorpresa. Entramos hasta el salón donde nos reunimos también con mi padre. Marcos era el único que ya no estaba en casa.
—Aquí mi jefa que se ha empeñado en acompañarme -dije mirándolos.
Malú me echó una miradita asesina. De esas que al final solo conseguían matarme de amor.
—Nacho díselo.
—Veréis... Malú no es solo mi jefa, también es mi chica.
Cogí su mano al terminar de pronunciar esta última frase. Mis padres nos miraron atónitos. Creo que por un momento pensaron que les estaba vacilando. Hasta que se dieron cuenta de que hablábamos en serio.
—Ya había notado yo algo -dijo mi madre sonriendo.
—Pues yo no me lo esperaba-contestó él.
—Juan es que ese sexto sentido solo lo tenemos las madres -añadió mi madre mirándolo.
—En cualquier caso enhorabuena. Menuda chica... Ya puedes cuidarla bien -comentó mi padre.
—Ya lo hago papá -dije dedicándole una sonrisa.
Pasamos gran parte de la noche con ellos. Mi madre se lo pasó en grande enseñándole fotos de cuando yo era pequeño. Menuda vergüenza. Odiaba el momento fotos. Pero Malú parecía divertirse. Y eso era lo único que me importaba.
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