Desperté desconcertado a mitad de la noche. Más o menos hasta que mi brazo empezó a resentirse por la postura en la que nos encontrábamos. Malú se había dado la vuelta y dormía sobre el utilizándolo como almohada. La tenue luz que se filtraba a través de la persiana era suficiente para verla. Estaba preciosa. Incluso dormida parecía tener su perfecta sonrisa. Intenté apartar mi brazo con todo el cuidado del mundo. Lo conseguí. Gesticuló sin abrir los ojos. Morí literalmente de amor al ver esas caritas mientras dormía. Acerqué mis labios y deposité un cálido beso sobre su frente. En ese momento era el hombre más feliz sobre la faz de la tierra.
Allí estaba yo, mirándola embobado con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Que más podía pedir? Movió de nuevo su cuerpo. Tragó saliva y se mojó los labios pasando su lengua por ellos. Abrió los ojos y me miró sonriente.
—Hola... -dije con un tono de voz bajito. Como si una palabra más alta que la otra pudiera romper la delicadeza de aquel momento.
—¿Que hora es? -preguntó ella algo desconcertada.
—No sé, creo que todavía debe ser pronto.
Me giré hacía la mesita de noche para comprobar la hora en la pantalla del iPhone. Eran las cuatro de la madrugada.
—¿Y tu que haces despierto?
—Nada... me he desvelado, y estaba aquí... pensando -dudé en la respuesta y me reí.
—¿Y en que pensabas? -se interesó ella.
—En que soy el hombre más afortunado del mundo por tenerte a mi lado... -dije mirándola sin moverme.
Me devolvió la mirada. A la que acompañó con una gran sonrisa. No dijo nada. Pero no hizo falta. Sus gestos respondieron a lo que su boca calló. Dicen que una imagen vale más que mil palabras... Es cierto.
Se acercó a mi hasta abrazarme con fuerza. Se hundió en mi pecho. Besé de nuevo su cabeza y acaricié su pelo. Se quedó así durante largos segundos. Tras ese tiempo levantó la cara en busca de la mía. La encontró. Me sonrió de nuevo y me besó en los labios.
—Gracias... -dijo con la voz segura y mirándome a los ojos.
—¿Por que?
—Por ser mi más bonita casualidad.
Esa es la frase más bonita que me podía decir en aquel momento. Y en boca de ella. Con esa voz, con esa mirada, con esa sonrisa... Era una mezcla de cosas explosivas que detonaban en mi corazón, dejándolo cada vez más enamorado.
—¿Has comido mucha azúcar en el avión o se te está contagiando mi lado empalagoso? -pregunté bromeando.
—Idiota -dijo pegándome una palmada en el pecho.
Me encanta cuando se pica conmigo. Cuando se ofende de broma e intenta poner cara de enfadada. Se pone más guapa de lo que ya es. Y eso ya es dificil. Pero ella lo consigue. Como todo lo que se propone.
Convierte una palabrota o un insulto, en algo tierno. O al menos así hace que suene.
—Eres un idio...
Y es justo en ese preciso momento, cuando freno sus palabras con un beso. Sonrie en mi boca y yo en la suya. Me acaricia la cara con suavidad sin dejar de besarme.
Muerde mi labio inferior para volverme loco. Se aparta ligeramente y me mira triunfante. La miro con picardía mientras levanto su camiseta hacía arriba para quitársela. Sabe por donde voy y le gusta. Levanta los brazos para facilitarme el trabajo. Me deshago de ella y la lanzo hacía un lado de la cama.
Le devuelvo la mirada de satisfacción. Sabiendo que esta vez el triunfo había sido mio. Me mira con cara de niña buena. Corresponde desprendiéndose de mi camiseta.
Comienza a subir la temperatura de la habitación y también la nuestra propia. Se la hora que es. Soy consciente. Pero quiero más. La deseo. La deseo con locura.
Nos desnudamos el uno al otro en un constante juego de sonrisas, besos y miradas. Ese juego. Ese juego que habíamos inventado entre los dos. Que era solo nuestro. Risas convertidas en te quieros y miradas con las que conseguiamos parar el tiempo.
Su desnudez, lo más bonito de aquella habitación. Y del mundo entero. Alumbrada solamente por aquella claridad suave que creaba un contraste de luz y sombra en sus curvas perfectas.
Acaricié cada centimetro de su piel. A mi paso se le iba poniendo la piel de gallina. Un escalofrio la recorrió enterita. Sonrió mirándome a los ojos.
—¿Tienes frio? -pregunté.
Me miró y negó gesticulando con la cabeza.
—Todavía consigues ponerme nerviosa.
Me reí ante su respuesta. La tumbé para quedar encima y comencé a besarla. Cada beso y cada caricia la hacian temblar. Estremecerse. Soltaba algún suspiro donde liberaba toda la tensión. Se abandonó y se relajó por completo. Me encantaba esa sensación. El poder que ejercía sobre ella.
Me entretuve en aquel paraiso que era su cuerpo. Desvelarse así era lo que tantas veces había soñado.
Hicimos el amor. Despacio, sin prisas. De la manera más dulce que se puede hacer. Disfrutando el uno del otro. Comiéndonos a besos. Bebiendo de nuestros cuerpos. Tocamos el cielo juntos. Y ella creo que más de una vez.
Nos quedamos pegados. Intentando recuperar nuestras respiraciones. Llevarlas hasta su estado habitual. Me miró con una sonrisa. La más grande del mundo. Gestos como esos eran los que me hacían sentir diferente.
—Ya me has desvelado a mi también -dijo ella riendo.
—Me encanta desvelarte así...
—Ya, pero mañana le explicas tu a Rosa el porque de mis ojeras -comentó con gracia.
—Te quiero -dije sin más finalizando la conversación.
Le encantó. Lo supe por su mirada. Por ese brillo en sus ojos... Me abrazó. La arropé con mi cuerpo entre mis brazos hasta que se quedó dormida.
Yo ya no pude pegar ojo en toda la noche. O mejor dicho en lo que quedaba de ella. Vi pasar las horas hasta que la noche dejó paso a un nuevo día. Cancelé la alarma del móvil. Ya no hacía falta que sonara.
Me levanté sin despertarla y me fui a la ducha para terminar de despejarme. Abrí el grifo del agua. Regulé su temperatura hasta dejarla templada y me metí dentro. Salí tras un largo rato de relajación. Me lié una toalla a la cintura y salí a la habitación.
La cama estaba vacia. Malú ya no estaba ahí. Me extrañé al no verla. Bajé las escaleras que llevaban al salón y a la cocina. Y allí estaba. Ultimando los detalles del desayuno. Con el pelo alborotado y vestida únicamente con una de mis camisas. Le llegaba por las rodillas, pero estaba increíblemente guapísima. Me miró con su particular sonrisa.
—¡Buenos días madrugador! -exclamó con una increíble fuerza mañanera.
—Buenos días -dije mientras caminaba hasta donde estaba.
—¿Que tal has dormido? -preguntó antes de besarme.
—Mmmm dormir no he dormido mucho.
—Claro. Eso te pasa por desvelarte a mitad de noche -dijo divertida sacándome la lengua.
—Anda tira, que no eres buena -dije dándole una palmada en en culo.
—Eeh! Cuidadito. Que te denuncio por acoso sexual -bromeó riendo.
—No te tengo miedo -añadí volviendo a posar mi mano en el mismo lugar.
—Deberías... -dijo desafiante. Desvió su mirada hacia el reloj de su muñeca- ¡Coño, no llego!
Me reí por su expresión tan natural y espontánea. Sin perder más tiempo subió hasta la habitación dejándome allí. Se vistió en cuestión de minutos y bajó de nuevo.
—Cariño, que vida más estresada tienes -apunté divertido.
—Lo sé.
Se acercó hasta donde estaba. Me quitó la tostada que llevaba de las manos y le dió un bocado. Me la devolvió y me besó fugazmente.
—Te veo luego -dijo antes de marcharse.
Me reí por verla tan acelerada. Siempre se le echaba el tiempo encima. Era única.
Desayuné relajadamente mientras revisaba las notificaciones de twitter. Leí en el twitter oficial de la serie algo que había olvidado por completo. Hoy era el día en que Malú nos acompañaba. El día en que se emitía el capítulo donde participó.
Dedicí recordarlo en el mío propio. Subí un tuit. El primero que me vino a la cabeza.
Nacho González @nachogs85
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Ganaas de capítulo! Hoy nos acompaña la jefa @_MalúOficial_
Pronto obtuve un montón de favoritos y retuits. Entre ellos el suyo. Me reí al verlo.
Malú✓ marcó como favorito
Ganaas de capítulo! Hoy nos acompaña la jefa @_MalúOficial_
Me fui a currar. De nuevo un día duro. Tenía la ligera sensación de que el jefe me estaba puteando. Pero no quise más lios. Así que, simplemente obedecí sus ordenes. Cuando terminé mi trabajo me marché.
Había recibido un whatsapp de Raúl para quedar a tomar algo. No dudé un momento. Guardé el coche en el garaje y fui andando hasta la cafetería de siempre.
Raúl ya esperaba sentando en la terraza. Me pedí una cerveza y me dirigí hasta donde estaba.
—¡Hombre! Dichosos los ojos -exclamó nada más verme.
—Que pasa tio -reí saludándole.
—Macho. No te veo el pelo.
—Lo sé. Últimamente no paro en el trabajo.
—Relájate hombre. El trabajo no lo es todo. ¿Te apetece que cenemos?
—No puedo. Ya tengo plan.
—¿Malú?
—Si. Hoy emiten el capítulo que rodó en la serie. Hemos quedado para verlo.
—¿Estás coladito no? -preguntó.
—¿Que dices hombre? Ya estamos con lo mismo de siempre.
—Venga Nacho. A mi no me engañas. Estás muy distinto a cuando te dejó Laura.
Tenía razón. Él me conocia mejor que nadie. Llevaba mucho tiempo aguantándome. Me tocaba salir de esta situación de manera airosa. Intenté hacerlo.
—Me gusta. ¿Contento? -dije para callarlo.
—No te jode. A mi también me gusta -exclamó él riendo- Tiene un polvazo.
—¡Eh no te pases! -salté al oir esas palabras.
Me molestó que hablara así de ella. Sabía que Raul era así de espontáneo, rozando el punto vulgar en algunas de sus frases. No había maldad en sus palabras. Pero era ella. Era la persona de la que estaba enamorado. Aunque él no tuviera ni idea.
—Me tengo que ir -dije terminándome la cerveza de un trago.
—Nacho espera. ¿Se puede saber que te pasa?
—Nada. ¿Hablamos vale?
Desaparecí de allí. Me dirigí a casa. Lo de que había quedado con Malú era cierto. Todavía quedaba un rato. Pero aproveché para preparar algo de cena con que sorprenderla. Era bastante cocinillas. Me distraía cuando necesitaba no darle muchas vueltas a la cabeza.
Al rato sonó el timbre. Dejé la cena a fuego lento y fui a abrir la puerta de casa. Conmigo siempre era puntual. Sonreí al verla. La primera sonrisa de verdad en todo el día.
—Mmmm que bien huele -dijo saludándome con un beso- ¿Estás cocinando para mi?
—No, estoy esperando a mi amante -me reí- ¿Que tal el día?
—Estoy molida. Necesito un baño de esos relajantes con espuma -comentó con tono cansada.
—¿Por que no te lo das mientras acabo la cena? -propuse yo.
—¿No te importa? -preguntó dudosa.
—Claro que no tonta -dije dándole un beso.
—No tardo nada -añadió metiéndose en el baño del piso de abajo.
Terminé de hacer la cena. Con mucho mejor humor, para que engañarnos. Cuando estaba con ella todo era diferente. Y aunque estuviera quemado del trabajo. Que lo estaba. Me ocupaba de que mis preocupaciones se quedaran fuera.
De repente la puerta de arriba de casa volvío a sonar. No esperaba a nadie, pero volvieron a tocar con insistencia. Me dirigí hasta allí. Miré antes de abrir. Era mi amigo Raúl. Resoplé apoyado en la puerta y finalmente abrí.
—Raúl. ¿Que haces aquí?
—¿Me puedes explicar que te pasa? -dijo autoinvitandose a pasar.
Cerré la puerta cuando entró. Lo miré para contestarle a la pregunta.
—Oye tío, estoy bien. No te preocupes.
—¿Por que te has ido así de la cafetería?
Tenía que pensar rápido. Malú iba a salir en cualquier momento del baño. Y así fue. No me dio tiempo a reaccionar y a juzgar por sus palabras, ella ni siquiera sabía que estaba acompañado.
—Cariño, ¿me dejas una camisa?
Miré hacía ella cuando salió. Apreté los labios fuerte. Ella miró a Raúl súper cortada. Iba solamente cubierta con una toalla.
—Eh hola -dijo antes de volver al baño.
Raúl me miró. Creo que se quedó a cuadros. No era capaz de pronunciar palabra. No me extraña. Yo me reí por la situación.
—Lo siento. No quería interrumpir.
—Siéntate anda -propuse finalmente.
Enseguida volvió a aparecer Malú. Esta vez vestida con la ropa con la que había venido. Agitó su pelo mojado con la mano, moviéndolo de un lado para otro. Se sentó a mi lado en el sofá. Y le contamos a Raúl absolutamente todo lo que había entre nosotros dos. Lógicamente flipó.
—Ahora ya sabes todo. Pero necesitamos que nos guardes bien el secreto, es importante para ella -expliqué yo.
—Claro. Lo entiendo -dijo él de manera comprensiva.
—Es jodido tener a la prensa todo el día esperando a que des un paso en falso para pillarte -añadió mi chica con cara de indignada.
—Si os queréis el resto de igual -aportó Raúl.
—Pero es mi vida privada. Y quiero que siga siendo mía...Y no de media España -dijo Malú.
—Es lógico. Oye que me alegro mucho. ¿Cuidamelo vale? -soltó Raúl en plan amigo total.
Me reí por sus palabras. Decidió marcharse y dejarnos solos. Ya no pintaba nada allí y nosotros teníamos una cena pendiente. Miré a Malú cuando Raúl se fue.
—Lo siento...
—No ha sido culpa tuya -dijo quitándole importancia al asunto.
En realidad un poco si lo era. Pero sabía que Raúl era de fiar. Que no iba a decir nada de esto. Que podíamos estar tranquilos.
Cenamos antes de que empezara la serie. Después nos acomodamos en el sofá para verla juntos. Malú se meaba en todas sus intervenciones. Yo me reía por sus comentarios. Pero en realidad estaba estupenda. Como siempre...
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