El viaje de vuelta transcurrió con total normalidad. Lento, eso sí. Ocho horas son demasiadas horas. Por no hablar de la diferencia horaria. Eso si que era un auténtico quebradero de cabeza.
Salir de México a las dos del mediodía y aterrizar en Madrid a las cinco de la madrugada...
Recogimos nuestras maletas de la zona de equipajes y una furgoneta nos devolvió a nuestros lugares de origen. A mi concretamente a casa de Jose. Debía recuperar mi querido Opel Astra. Llevaba aparcado en la puerta de su casa desde que nos marchamos. Y lo necesitaba para ir a currar. Que por cierto solo me quedaban tres horas para intentar dormir algo.
Me despedí de Jose y me fui a casa. Adoraba conducir de noche. Sobre todo a altas horas de la madrugada. Cuando no te cruzas ni a un solo coche. Habrá quien opine que así es más fácil quedarse dormido al volante. Sin embargo a mi me inspira la soledad de la carretera. Esa tranquilidad acompañada únicamente por su música...
Llegué a casa apenas veinte minutos después. Encontré sitio en la misma puerta. Algo bastante raro para tratarse del centro. Pero supongo que por la hora que era, mucha gente ya se habría ido a trabajar. Así que no me molesté ni en bajarlo al garaje. Lo aparqué allí mismo y subí a mi domicilio.
Dejé caer la maleta nada más entrar al salón. Estaba bastante desganado. Debía ser el famoso jet lag. Subí al dormitorio directamente. Me desvestí y me metí en la cama en ropa interior. Retiré mi edredón de rayitas para taparme solo con la sabana. A pesar de ser primavera estaba siendo un mes bastante caluroso.
Cogí el móvil para encenderlo. Lo había puesto a cargar justo antes de meterme en la cama, en el enchufé de la mesita de noche. Durante todo el viaje lo había llevado apagado. Recibí de golpe las notificaciones de todas las aplicaciones sincronizadas. Un montón de interacciones de twitter, otras tantas de facebook y unos cuantos hilos en whatsapp.
Abrí su conversación sin molestarme en mirar nada más. Allí debían ser alrededor de las once de la noche.
"Chica Q7"
-Que tal el viaje??
Sonreí al leerlo. Al darme cuenta de que se preocupaba por mi. De que le importaba. Habían pasado dos horas desde que me lo había mandado, pero no hacía mucho rato desde su última conexión, así que decidí contestarle.
-Perdona el retraso. He estado sin batería.
-Tranquilo. Has pasado mucho miedo?
-Un poco si... Pero porque no estabas conmigo.
-Ibas con mi hermano, te he mandado representación familiar jaja
-Jajaja ya, pero me daba vergüenza cogerle la mano a tu hermano...
-Jajajajajajajja
-No te rías cabrona!
-Jajaja anda te dejo descansar, mañana me cuentas.
-Buenas noches princesa (iconos corazones)
-Buenas noches (iconos besos)
Esa noche apenas pude pegar ojo. Alguna cabezada puntual. De esas en las que te despiertas de repente y no sabes en que día vives. No se si achacarlo al calor, al jet lag o simplemente al hecho de no tenerla a mi lado. Pero lo más probable es que fuera una mezcla de las tres.
Me levanté antes de que mi despertador cumpliera su función. Sin vestirme bajé a la cocina a preparar café. Lo necesitaba en cantidades industriales.
Me relajé mientras me lo tomaba. Repasé el guión, las escenas que teníamos que rodar hoy. Me esperaba un día liado. No sabía como iban a estar los ánimos en el estudio después de mi espantada.
Cuando se hizo la hora me marché hacia allí. De camino se me encendió la luz de la reserva. Así que me tocó pasar por la gasolinera más cercana. Afortunadamente no iba a llegar tarde porque siempre salía con un margen de tiempo para cualquier imprevisto.
Como todos los días me presenté en la salita donde siempre hacíamos la lectura de guión. Charlé con mis compañeros hasta que llegó el director. Algo así como los niños de una clase hasta que llega el profesor.
—Buenos días. Vamos a empezar -dijo sentándose.
Todos hicimos lo mismo. Nos colocamos alrededor de una gran mesa presidida por el jefe. Pasamos lectura de las secuencias previstas para ese día.
—Manos a la obra -dijo finalizando la reunión.
La gente empezó a dispersarse. Cada uno al sitio que le correspondía. Todos sabíamos cual era nuestro trabajo. Me levanté con la misma intención que los demás, pero sin éxito. Jesús impidió que me fuera. Parece que no me iba a librar de la bronca.
—Nacho tú quédate. Tengo que hablar contigo -añadió el jefe con su inconfundible voz ronca.
Esperó a que la sala se desalojara por completo. Se dirigió hacia la puerta y la cerró. Yo seguía sentado en la misma silla en la que había presenciado la reunión.
—¿Se puede saber donde cojones te has metido? -preguntó él aumentando notablemente el tono de voz.
—Creía que había quedado claro. Necesitaba los días por asuntos personales -repliqué yo.
—Por tus asuntos personales, tenemos que concertar otra fecha para el rodaje de exteriores y movilizar de nuevo a todo un equipo. ¿Tienes la más mínima idea de lo que cuesta eso?
No dije nada. Me limité a observarlo mientras se movía de un lado a otro de la sala, sin parar ni un momento de gesticular. Era puro espectáculo.
—Te fuiste sin mi consentimiento. Si me diera la gana hoy mismo estabas en la puta calle.
—Haz lo que tengas que hacer -dije convencido de mis palabras.
—Venga fuera. Te esperan en maquillaje. No me hagas perder más el tiempo.
Me levanté sin decir nada y salí de allí. Cualquier cosa que hubiese dicho habría servido para caldear aún más el ambiente. Vale que lo de marcharme dejando tirado al equipo de rodaje no había estado bien. Pero a lo hecho pecho. No me arrepiento en absoluto. Creo que incluso volvería a hacerlo.
Aquella jornada fue larga. Acabé a las nueve de la noche. Y casi del tirón. Solo paramos una hora para comer. Cuando terminamos me cambié de ropa y me fui a casa.
El día había sido casi tan duro como esperaba. Quería desconectar. Lo necesitaba como el comer. Subí hasta mi habitación. Puse el disco que me regaló Malú y me tiré en la cama con el móvil en la mano. Hoy en día no se que sería de nosotros sin móvil. Desde luego yo era uno de los que no podría vivir sin el.
"Chica Q7"
-Hola preciosa!!
-Hola guapo!
-Que tal la mañana?
-Puff! He tenido tres entrevistas.
-Uff tómatelo con calma. A que hora sale tu vuelo?
-En dos o tres horas. Llegaré a España por la mañana.
-Me muero por verte.
-Yo también tengo ganas, aguanta!
-Que remedio...
-Tengo que dejarte. Ha venido Rosa a buscarme para ir a comer.
-Vale. Pasa buen viaje.
-Gracias! Eres un amor!!
-Besoos!
-(iconos de besos)
Esa conversación me reconfortaba después de este largo día. De hecho ella era la única que lo conseguía. Que me hacía sentir así. Unas simples palabras. Unas simples palabras que para cualquier persona pueden resultar lo más insignificante del mundo, para mi lo eran todo. Tan solo ella era capaz de dibujarme esa sonrisa en la cara. Esa sonrisa de enamorado que tantas veces se había convertido en suya.
Dejé el móvil y cogí la guitarra. La tenía apoyada en una de las paredes de mi cuarto. Era lo que veía todas las noches antes de irme a dormir. Me encantaba leer su dedicatoria una y otra vez. Sin parar. Esas hermosas palabras escritas de su puño y letra. Me hacían sonreír. Desconectar por completo...
"Sin previo aviso, sin un permiso, como si nada...
Gracias por aparecer de la nada, por hacerme sentir única en este mundo, por regalarme tu cariño..."
Malú
¡Dios! Adoraba a esa mujer. Me tenía completamente enamorado. Completamente loco.
Comencé a tocar los acordes de algunas de sus canciones. O al menos a intentarlo. Compartir momentos con Jose de Lucia me habían servido para aprender algunos truquitos. Y no solo eso. Además, me había animado a retomar mi jovi con la guitarra. Algo que deseaba hace mucho tiempo.
Trasteaba las cuerdas de aquella inseparable compañera, cuando escuché de fondo el timbre. La dejé sobre la cama y bajé rápidamente las escaleras.
Abrí sin ni siquiera comprobar por la mirilla de quien se trataba. Así mi impacto fue mayor. Era ella. La niña de mis ojos. La causante de mis sonrisas. La culpable de mis locuras.
Por un momento pensé que la mandíbula se me iba a desencajar de tanto sonreír. No podía dejar de hacerlo. Ella tampoco.
La cogí de la cintura y la elevé ligeramente hacía arriba. Ella se abrazó a mi lo más fuerte que pudo. Entré sin bajarla. Cerré la puerta empujándola con el talón del pie derecho.
Ya estábamos solos y sin peligro de que algún vecino pudiera vernos. La bajé al suelo y le dí un largo beso. Ese que había necesitado durante este día.
—Te quiero... te quiero... te quiero... -pronuncié cada frase entre beso y beso.
—Tonto... -dijo ella casi en un susurro con voz sensual.
—Guapa -contesté utilizando el mismo tono.
Esta vez fue ella quien me besó. Le respondí con intensidad. Estaba eufórico con la sorpresa que acababa de darme.
La cogí de la mano. Entrelacé mis dedos con los suyos. Ese sencillo gesto que no podíamos hacer por la calle. La dirigí hasta el sofá.
Nos sentamos el uno al lado del otro. Yo recostado sobre el sofá y ella recostada sobre mi.
—Bueno cuéntame... ¿Tu no tendrías que estar todavía en México? -pregunté curioso.
—Tendría... Pero me apetecía darte una sorpresa -contestó acariciando mi torso por encima de la camiseta.
—Si es que ¿Como no te voy a querer?
Ella rió y se giró para darme un beso. Un beso fugaz. Con solo el contacto de nuestros labios. Volvió a recobrar la postura anterior. Hundiendo cada vez más su cabeza en mi pecho.
—¿Que tal tu día? -se interesó ella
—Bueno... Bastante largo. El jefe se ha mosqueado un poquito por desaparecer el fin de semana -expliqué.
—Lo siento...
—Ya se le pasará -dije restándole importancia.
Acariciaba su pelo mientras hablábamos. Me gustaba hacerlo. Y a ella que lo hiciera. Notaba como cada vez estaba más calmada. Como cada vez más le costaba más pronunciar las palabras. Como poco a poco se le cerraban los ojos.
Debía estar cansada por el viaje. La observé sin poder borrar la sonrisa de la boca. Tenía un ángel durmiendo entre mis brazos. Me relajé. Con ella era fácil.
Al final y sin poder evitarlo yo también me quedé dormido un buen rato. Fue ella
quien me despertó.
—Cariño despierta -dijo acariciando mis mejillas.
La escuchaba de fondo, como en sueños. Hasta que por fin desperté. Me hice un poco el remolón.
—Venga Nacho a la cama -insistió ella sin levantar mucho el tono.
La cogí por la cintura y la dejé caer encima de mi. Pegándola por completo contra mi cuerpo.
—¡Nacho! -exclamó.
—Mmm ¿te quedarás conmigo no?
—No se yo... Depende como te portes -vaciló mirándome a los ojos.
—Yo siempre me porto bien, ya lo sabes -dije poniendo cara de niño bueno.
—¡Te como esa carita!
Se acercó más a mi, hasta que nuestros labios se encontraron de nuevo. Disfruté de ellos lentamente, como solía hacer.
Dejamos el sofá y nos dirigimos hasta mi habitación. Tenía la guitarra y todo por medio. Malú me miró sorprendida.
—¿Que pasa? - pregunté riendo.
—Nada. Solo que ahora me vas a tener que tocar algo... -dijo sonriente recostándose sobre la cama.
—Yo te toco lo que tu quieras -dije sacándole la lengua.
—¡Guarro! -dijo descojonada cuando se dio cuenta de lo que acababa de decir.
Me senté a su lado. En el lado izquierdo de la cama. Cogí la guitarra. Ella me miró esperando a que lo hiciera.
Toqué la canción de ni un segundo. Y la comencé a cantar muy bajito. Casi susurrándola en su oído.
"Sin ti... se han ido tantas cosas en mi vida, no es nada ya como lo conocia, cambió la vida entera de color..."
Sonrió al escucharme. Le gustaba. Su mirada me pedía más. Me pedía que siguiera. Y así lo hice. Seguí cantando. Dejándola cada vez más y más relajada. No se como, pero había conseguido recostarse en mi pecho. Aún con la guitarra de por medio.
Dejé la guitarra en el suelo a mi lado de la cama. Pasé mi brazo derecho por encima para abrazarla por completo y le di un beso en la cabeza.
—Buenas noches pequeña -susurré en su oído.
Y así, abrazados y vestidos con ropa de calle, nos quedamos dormidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario