viernes, 30 de mayo de 2014

Capítulo 17 (Solo el amor nos salvará)

—Menos mal que soy cantante y no actriz... 

—Has estado genial.

—Tu, que me ves con buenos ojos -dijo riendo- Anda voy al baño.

Se levantó del sofá y se dirigió hacia allí. La seguí inevitablemente con la mirada durante ese corto trayecto. Llevaba un pantalón pitillo de color azul que le sentaba fenomenal. De repente paró. Se apoyó en el marco de la puerta del baño y se giró hacia mi para mirarme.

—Cariño, deja de mirarme el culo.

—¿Que? -respondí haciéndome el loco.

—Si, ahora disimula. ¡Pervertido! -dijo de coña.

Me reí. Me encantaba verla así. Y realmente así es como era siempre. Me alegraba las noches, los días y todo lo que se pusiera por delante. La vida no es más fácil con un sí. La vida es más fácil con ella al lado.

Encendí mi móvil para leer el twitter en lo que llegaba. Tenía un montón de menciones con mensajes de cariño. Y esto es relmente lo gratificante de este trabajo...
Aunque como era de esperar. Lo que ardía eran las tendencias. Malú era trending topic en aquel mismo instante.

Ojeé por curiosidad algunos de los comentarios que escribían sobre ella. La verdad es que no era muy de leer estas cosas, porque siempre suele haber algún comentario obsceno que acaba por sacarte de quicio. Aunque afortunadamente esos son los menos habituales. Me quedé prendado leyendo la cantidad de tuits que había con el hashtag de #Malú. Tanto que ni siquiera me di cuenta de cuando volvió

—¿De que te ríes? -se interesó ella.

Su preciosa voz me devolvió al mundo real. La miré riéndome sin dejar el móvil.

—¿Has leído últimamente twitter?

—No -contestó tajante- ¿Por que? -preguntó sentándose de nuevo a mi lado.

—En estos momentos eres trending topic -añadí.

—¡¡Jesús!! -exclamó ella entre risas mientras cogía su teléfono.

—Escríbeles algo mujer. Lo están deseando -comenté animándola.

—¿Si no?

Se puso a teclear en la pantalla de su iPhone. La observé atentamente mientras lo hacía. Ponía una cara de concentración máxima. Era para comérsela. Guardé mi móvil y me recosté a su lado para ver lo que escribía en el suyo.

Malú✓ @_MalúOficial_
—————————–—————
Graan capítuloo!!! Lo pasé increíble en el rodaje!!! (Iconos flamenca) Buenas noches familia!!!

Al primer minuto de tenerlo publicado consiguió alrededor de cien retuits. Sinceramente mareaba solo de pensar los que tendría en una hora. Una cifra descomunal seguramente. Menos mal que existe la opción de desactivar las notificaciones...

Dejó el móvil en la mesa sin darle más importancia y me miró. Supongo que estaba acostumbrada a ese tipo de cosas, aunque a mi me pillara de novato.

—¿Ponemos una peli? -propuso ella sin más.

Yo me enamoré al instante de esa carita de niña que acababa de poner. ¿Como no iba a ver una peli con ella? Una y trescientas si hacen falta.

—¡Claro! ¿Alguna sugerencia?

—Sorpréndeme...

—Es decir... Que me coma yo el marrón de elegir.

Ella asintió con la cabeza y se descojonó a más no poder. Me levanté hasta la estantería donde tenía más o menos organizadas las películas. Eché un vistazo rápido. La verdad es que no entendía como podía tener en esa colección algunas pelis tan malas... Encontré por fin una que me gustó. Aunque seguro que Malú ya la había visto. Era un clásico del romanticismo.

—¿El diario de Noah? -propuse con el cd en la mano.

—Oh dios, ¿tu quieres que me jarte a llorar no? -dijo mirándome desde el sofá.

—Decidido -añadí entre risas introduciendo el disco en el dvd.

Volví hasta el sofá. Extendí una manta fina sobre nosotros y me acurruqué a su lado. Estaba tan a gusto que no tardé ni diez minutos en quedarme dormido. El cansancio esta vez se salió con la suya y terminó por ganarme la partida. Tenía el sueño acumulado de la noche anterior.

Dormí toda la noche como un bebe. Durmiendo en un sofá, si. Pero abrazado a ella. El resto ya daba igual. Mientras estuviera con ella, podría estar durmiendo en una colchoneta en mitad del mar. Me desperté entre caricias. Notaba como sus suaves manos acariciaban mis mejillas de forma delicada. Abrí los ojos y la vi allí. Sonriendo a diez centímetros de mis labios.

—Buenos días dormilón. ¿Que tal la peli? -dijo de forma divertida.

—Mmmm yo quiero despertar así toda la vida -dije sonriendo.

—Ah si? Pues esto no es nada... -dijo ella vacilando.

Me miró sensualmente mordiéndose el labio inferior. Se acercó a mis labios y los besó con dulzura. A la vez que acariciaba mi torso por debajo de mi camiseta. Se había levantado guerrera la niña. Y yo necesitaba poco para animarme.

—Malú que me pierdo...

—Bueno, pues piérdete... Hoy tengo el día libre -dijo volviéndome a besar.

Le hice caso. Era imposible que pudiera resistir mucho tiempo a sus encantos y a su manera de encandilarme. Me tenía ganado. Abrí los ojos y en una de esas vi la hora en el reloj de su muñeca. Me incorporé dejando de besarla.

—Cariño. Dime que no es esa hora.

—Si quieres te lo digo, pero te mentiría.

—Mierda no llego. Lo siento -me levanté y le di un beso fugaz en los labios.

—Anda date prisa. Yo te llevo.

Subí volando a la habitación. Me cambié de ropa y me peiné en cuestión de tres minutos. Bajé tan rápido las escaleras que tropecé en el último escalón y casi me caigo. Malú rió ante la situación de verme tan ajetreado. 

Nos dirigimos en su coche hasta el plató. Sabía perfectamente el camino así que no tuve que indicarle nada. Sacó un cigarro de un paquete de tabaco que siempre llevaba en el coche. Se lo colocó en los labios y lo encendió sin quitar la vista de la carretera. Me hizo gracia. Me resultaba extremadamente sexy con esos gestos. Aunque no me gustaba que fumara tanto. Y ella lo sabia. Me quedé mirándola.

—No me mires así. Me has dejado sin sexo... 

Me reí por su respuesta. Tan espontánea y original como siempre. Desde luego, ella siempre tenía una buena respuesta para callar a cualquiera.

—Te recompensaré cariño... -dije posando mi mano izquierda sobre su muslo.

—Mmmm suena bien ¿Quedamos a comer?

—¿Me recoges a las dos? -pregunté.

Asintió con la cabeza. Llegamos enseguida a los estudios. Detuvo el vehiculo en la misma puerta. Nos despedimos con un largo beso. De esos que no quieres que terminen nunca por nada del mundo. Sin embargo terminó.

—Te quiero -dije justo antes de bajar del coche.

—Yo también tonto -respondió sacándome la lengua.

Me despedí haciendo un gesto con la mano y entré al plató. Me dirigí directamente hasta la sala de reuniones. Afortunadamente para mi, Jesús no había llegado todavía. Y menos mal porque tal y como estaban últimamente los ánimos, como para echarle más leña al fuego.

Llegó cinco minutos después que yo. Con no muy buena cara a decir verdad. Otro día que pintaba ser un infierno. No entendía nada. Era imposible que el cabreo de mi escapada le durara eternamente. Pasamos guión de forma normal. Tras esto nos fuimos a rodar bajo su supervisión. Varias horas en las que la tensión se fue reduciendo poco a poco. Parecía que todo volvía a su estado normal.

—Muy bien. Hemos terminado -dijo Jesús levantándose de su silla- Ahora que no se vaya nadie. Quiero veros en la sala de reuniones en diez minutos.

Nos citó de nuevo en la sala de reuniones. Fui al vestuario a cambiarme de ropa y después me dirigí hasta allí con en resto de mis compañeros. Ocupamos nuestras sillas y esperamos a que el jefe hiciera su aparición. Lo hizo a los pocos minutos. Ocupó su silla habitual. Apoyó los codos en la mesa. Entrelazó los dedos de sus manos. Y nos miró a todos.

—Voy a ir al grano. Sabeis que los indices de audiencia no han cumplido las expectativas de la cadena...

—Anoche fue un éxito -apuntó uno de mis compañeros.

—No nos engañemos. Anoche fue un éxito por el cameo de Malú -corrigió el jefe- Si no habría sido como todas las semanas.

Me salió una sonrisilla sola al escuchar su nombre. Pronto me di cuenta de que estaba rodeado de gente y reaccioné disimulando de la mejor forma posible.

—¿Que nos quieres decir con esto? -pregunté yo.

—Que no nos van a renovar para una nueva temporada. No hay sitio para nosotros en prime time -comentó el jefe con tono serio mirándonos a todos.

Se hizo el silencio en aquella sala. Cruzamos las miradas entre nosotros sin soltar palabra. Acababa de decirnos que la serie iba a terminar y que por tanto nos quedábamos en la calle.

—¿Se acabó? -pregunté yo rompiendo el silencio.

—Cuando terminemos el rodaje de los capítulos que faltan si, se acabó -añadió Jesús.

—Genial -dije con tono irónico levantándome de la silla.

—Lo siento chicos -insistió él.

Me fui de allí sin ni siquiera esperar a que terminara la reunión. A veces tenía un pronto un tanto raro. Me había mosqueado bastante con la noticia. Era normal. Pero estaba claro que él no era el culpable, así que no podía reprocharle nada.

Salí de los estudios. Localicé el Q7 negro de mi chica nada más salir por la puerta. Me puse mis ray ban negras y me dirigí hacia allí. Abrí la puerta del copiloto y me adentré en el coche.

—Hola amor -dije dedicándole una sonrisa algo forzada.

—Hola -dijo mirándome- ¿No me das un beso o que?

—Perdona -me acerqué y la besé.

—Cariño ¿estás bien? -se interesó ella.

—Claro. ¿Vamos a comer? -pregunté poniéndome el cinturón.

—Si. Oye que he quedado con mi hermano y con Vane a comer. Nos invita a su casa ¿te parece bien?

—Eh si claro -dije sonriendo.

Fuimos hasta casa de Jose. El camino fue raro. De hecho era yo el que me sentía raro por todo lo que había pasado en el curro, pero no quería que me afectara con ella. Son cosas que pasan y ya está. El trabajo de un actor siempre es así de incierto...

Llegamos hasta Boadilla del Monte. A la urbanización de chalets donde vivía Jose. Y también ella. Malú aparcó en la misma puerta de la casa de su hermano. Apagó el motor y me miró antes de bajar del coche. Sabía que me pasaba algo. Se me notaba a kilómetros de distancia.

—Nacho mírame -ordenó ella.

Le hice caso. La miré a través de los cristales oscuros de mis gafas de sol. Pero no tardó nada en quitármelas ella misma para verme los ojos.

—Cariño... ¿Que pasa? -insistió.

—La cadena no nos renueva para otra temporada. No hemos cumplido las expectativas...  Se acabó -expliqué con la voz rota.

—Lo siento -dijo abrazándome- Lo siento mucho.

Me vino genial ese abrazo. Era justo lo que necesitaba en aquel momento. Un abrazo suyo. Correspondí abrazándola fuerte. Estuvimos así durante largos segundos. Pegados el uno al otro, sin separarnos. Me transmitía toda su energía y su ánimo.

—Gracias. Menos mal que te tengo a ti -dije separándome por fin.

—No te desanimes. Sabes que pronto te saldrá algo. No van a desperdiciar el talento del mejor actor de este país -añadió dándome un beso en la mejilla.

—Ahora sé porque te quiero tanto.

—¡Guapo! 

Se recompuso en su asiento. Dio media vuelta a la llave para arrancar el coche. Se encaminó hacia abajo, giró y subió por la calle paralela. Era la de su casa. Encerró el coche en su garaje.

—Creía que comíamos con Vane y con tu hermano -dije yo extrañado.

—Cambio de planes... Comemos tú y yo solitos.

Sonreí al instante. Esta vez de verdad. Solo ella sabía entenderme de esa forma tan especial. Solo ella sabía lo que pasaba por mi cabeza y lo que necesitaba en cada momento. Me comprendía como nadie lo había hecho hasta ahora.

—Gracias -dije clavando mi mirada en la suya.

Me sonrió como respuesta a lo que acababa de decirle. Y para hacerlo aún más perfecto lo terminó con un beso.

Entramos en casa. Jose llamó a Malú un par de veces. Las ignoró. Hasta que llamó una tercera vez y esta acabó por descolgarle. Le contó que no se encontraba muy bien y que se quedaba en casa descansando o algo parecido.

—A mi me da que no se lo ha creido -rió ella.

—Pues entonces nada más comer los tenemos aquí. -dije yo riendo.

—Pues habrá que aprovechar -dijo ella de forma contundente lanzándose a mis labios.

—Estás desatada cariño -pronuncié entre besos.

Y a la que quise darme cuenta, gracias a sus besos, a sus gestos, a sus caricias... Me había olvidado completamente del trabajo y me preocupaba solo de disfrutar de ella.

domingo, 25 de mayo de 2014

Capítulo 16 (Dulce casualidad)

Desperté desconcertado a mitad de la noche. Más o menos hasta que mi brazo empezó a resentirse por la postura en la que nos encontrábamos. Malú se había dado la vuelta y dormía sobre el utilizándolo como almohada. La tenue luz que se filtraba a través de la persiana era suficiente para verla. Estaba preciosa. Incluso dormida parecía tener su perfecta sonrisa. Intenté apartar mi brazo con todo el cuidado del mundo. Lo conseguí. Gesticuló sin abrir los ojos. Morí literalmente de amor al ver esas caritas mientras dormía. Acerqué mis labios y deposité un cálido beso sobre su frente. En ese momento era el hombre más feliz sobre la faz de la tierra.

Allí estaba yo, mirándola embobado con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Que más podía pedir? Movió de nuevo su cuerpo. Tragó saliva y se mojó los labios pasando su lengua por ellos. Abrió los ojos y me miró sonriente.

—Hola... -dije con un tono de voz bajito. Como si una palabra más alta que la otra pudiera romper la delicadeza de aquel momento.

—¿Que hora es? -preguntó ella algo desconcertada.

—No sé, creo que todavía debe ser pronto.

Me giré hacía la mesita de noche para comprobar la hora en la pantalla del iPhone. Eran las cuatro de la madrugada.

—¿Y tu que haces despierto?

—Nada... me he desvelado, y estaba aquí... pensando -dudé en la respuesta y me reí.

—¿Y en que pensabas? -se interesó ella.

—En que soy el hombre más afortunado del mundo por tenerte a mi lado... -dije mirándola sin moverme.

Me devolvió la mirada. A la que acompañó con una gran sonrisa. No dijo nada. Pero no hizo falta. Sus gestos respondieron a lo que su boca calló. Dicen que una imagen vale más que mil palabras... Es cierto.

Se acercó a mi hasta abrazarme con fuerza. Se hundió en mi pecho. Besé de nuevo su cabeza y acaricié su pelo. Se quedó así durante largos segundos. Tras ese tiempo levantó la cara en busca de la mía. La encontró. Me sonrió de nuevo y me besó en los labios.

—Gracias... -dijo con la voz segura y mirándome a los ojos.

—¿Por que?

—Por ser mi más bonita casualidad.

Esa es la frase más bonita que me podía decir en aquel momento. Y en boca de ella. Con esa voz, con esa mirada, con esa sonrisa... Era una mezcla de cosas explosivas que detonaban en mi corazón, dejándolo cada vez más enamorado.

—¿Has comido mucha azúcar en el avión o se te está contagiando mi lado empalagoso? -pregunté bromeando.

—Idiota -dijo pegándome una palmada en el pecho.

Me encanta cuando se pica conmigo. Cuando se ofende de broma e intenta poner cara de enfadada. Se pone más guapa de lo que ya es. Y eso ya es dificil. Pero ella lo consigue. Como todo lo que se propone.
Convierte una palabrota o un insulto, en algo tierno. O al menos así hace que suene. 

—Eres un idio...

Y es justo en ese preciso momento, cuando freno sus palabras con un beso. Sonrie en mi boca y yo en la suya. Me acaricia la cara con suavidad sin dejar de besarme.

Muerde mi labio inferior para volverme loco. Se aparta ligeramente y me mira triunfante. La miro con picardía mientras levanto su camiseta hacía arriba para quitársela. Sabe por donde voy y le gusta. Levanta los brazos para facilitarme el trabajo. Me deshago de ella y la lanzo hacía un lado de la cama.

Le devuelvo la mirada de satisfacción. Sabiendo que esta vez el triunfo había sido mio. Me mira con cara de niña buena. Corresponde desprendiéndose de mi camiseta.

Comienza a subir la temperatura de la habitación y también la nuestra propia. Se la hora que es. Soy consciente. Pero quiero más. La deseo. La deseo con locura.

Nos desnudamos el uno al otro en un constante juego de sonrisas, besos y miradas. Ese juego. Ese juego que habíamos inventado entre los dos. Que era solo nuestro. Risas convertidas en te quieros y miradas con las que conseguiamos parar el tiempo. 

Su desnudez, lo más bonito de aquella habitación. Y del mundo entero. Alumbrada solamente por aquella claridad suave que creaba un contraste de luz y sombra en sus curvas perfectas. 

Acaricié cada centimetro de su piel. A mi paso se le iba poniendo la piel de gallina. Un escalofrio la recorrió enterita. Sonrió mirándome a los ojos.

—¿Tienes frio? -pregunté.

Me miró y negó gesticulando con la cabeza.

—Todavía consigues ponerme nerviosa.

Me reí ante su respuesta. La tumbé para quedar encima y comencé a besarla. Cada beso y cada caricia la hacian temblar. Estremecerse. Soltaba algún suspiro donde liberaba toda la tensión. Se abandonó y se relajó por completo. Me encantaba esa sensación. El poder que ejercía sobre ella.

Me entretuve en aquel paraiso que era su cuerpo. Desvelarse así era lo que tantas veces había soñado.

Hicimos el amor. Despacio, sin prisas. De la manera más dulce que se puede hacer. Disfrutando el uno del otro. Comiéndonos a besos. Bebiendo de nuestros cuerpos. Tocamos el cielo juntos. Y ella creo que más de una vez. 

Nos quedamos pegados. Intentando recuperar nuestras respiraciones. Llevarlas hasta su estado habitual. Me miró con una sonrisa. La más grande del mundo. Gestos como esos eran los que me hacían sentir diferente.

—Ya me has desvelado a mi también -dijo ella riendo.

—Me encanta desvelarte así...

—Ya, pero mañana le explicas tu a Rosa el porque de mis ojeras -comentó con gracia.

—Te quiero -dije sin más finalizando la conversación.

Le encantó. Lo supe por su mirada. Por ese brillo en sus ojos... Me abrazó. La arropé con mi cuerpo entre mis brazos hasta que se quedó dormida. 

Yo ya no pude pegar ojo en toda la noche. O mejor dicho en lo que quedaba de ella. Vi pasar las horas hasta que la noche dejó paso a un nuevo día. Cancelé la alarma del móvil. Ya no hacía falta que sonara.

Me levanté sin despertarla y me fui a la ducha para terminar de despejarme. Abrí el grifo del agua. Regulé su temperatura hasta dejarla templada y me metí dentro. Salí tras un largo rato de relajación. Me lié una toalla a la cintura y salí a la habitación.

La cama estaba vacia. Malú ya no estaba ahí. Me extrañé al no verla. Bajé las escaleras que llevaban al salón y a la cocina. Y allí estaba. Ultimando los detalles del desayuno. Con el pelo alborotado y vestida únicamente con una de mis camisas. Le llegaba por las rodillas, pero estaba increíblemente guapísima. Me miró con su particular sonrisa.

—¡Buenos días madrugador! -exclamó con una increíble fuerza mañanera.

—Buenos días -dije mientras caminaba hasta donde estaba.

—¿Que tal has dormido? -preguntó antes de besarme.

—Mmmm dormir no he dormido mucho.

—Claro. Eso te pasa por desvelarte a mitad de noche -dijo divertida sacándome la lengua.

—Anda tira, que no eres buena -dije dándole una palmada en en culo.

—Eeh! Cuidadito. Que te denuncio por acoso sexual -bromeó riendo.

—No te tengo miedo -añadí volviendo a posar mi mano en el mismo lugar.

—Deberías... -dijo desafiante. Desvió su mirada hacia el reloj de su muñeca- ¡Coño, no llego!

Me reí por su expresión tan natural y espontánea. Sin perder más tiempo subió hasta la habitación dejándome allí. Se vistió en cuestión de minutos y bajó de nuevo. 

—Cariño, que vida más estresada tienes -apunté divertido.

—Lo sé.

Se acercó hasta donde estaba. Me quitó la tostada que llevaba de las manos y le dió un bocado. Me la devolvió y me besó fugazmente.

—Te veo luego -dijo antes de marcharse.

Me reí por verla tan acelerada. Siempre se le echaba el tiempo encima. Era única.

Desayuné relajadamente mientras revisaba las notificaciones de twitter. Leí en el twitter oficial de la serie algo que había olvidado por completo. Hoy era el día en que Malú nos acompañaba. El día en que se emitía el capítulo donde participó.

Dedicí recordarlo en el mío propio. Subí un tuit. El primero que me vino a la cabeza.

Nacho González @nachogs85
—————————–—————
Ganaas de capítulo! Hoy nos acompaña la jefa @_MalúOficial_ 

Pronto obtuve un montón de favoritos y retuits. Entre ellos el suyo. Me reí al verlo.

Malú✓ marcó como favorito
Ganaas de capítulo! Hoy nos acompaña la jefa @_MalúOficial_


Me fui a currar. De nuevo un día duro. Tenía la ligera sensación de que el jefe me estaba puteando. Pero no quise más lios. Así que, simplemente obedecí sus ordenes. Cuando terminé mi trabajo me marché.

Había recibido un whatsapp de Raúl para quedar a tomar algo. No dudé un momento. Guardé el coche en el garaje y fui andando hasta la cafetería de siempre.

Raúl ya esperaba sentando en la terraza. Me pedí una cerveza y me dirigí hasta donde estaba.

—¡Hombre! Dichosos los ojos -exclamó nada más verme.

—Que pasa tio -reí saludándole.

—Macho. No te veo el pelo.

—Lo sé. Últimamente no paro en el trabajo.

—Relájate hombre. El trabajo no lo es todo. ¿Te apetece que cenemos?

—No puedo. Ya tengo plan.

—¿Malú?

—Si. Hoy emiten el capítulo que rodó en la serie. Hemos quedado para verlo.

—¿Estás coladito no? -preguntó.

—¿Que dices hombre? Ya estamos con lo mismo de siempre.

—Venga Nacho. A mi no me engañas. Estás muy distinto a cuando te dejó Laura.

Tenía razón. Él me conocia mejor que nadie. Llevaba mucho tiempo aguantándome. Me tocaba salir de esta situación de manera airosa. Intenté hacerlo.

—Me gusta. ¿Contento? -dije para callarlo.

—No te jode. A mi también me gusta -exclamó él riendo- Tiene un polvazo.

—¡Eh no te pases! -salté al oir esas palabras.

Me molestó que hablara así de ella. Sabía que Raul era así de espontáneo, rozando el punto vulgar en algunas de sus frases. No había maldad en sus palabras. Pero era ella. Era la persona de la que estaba enamorado. Aunque él no tuviera ni idea.

—Me tengo que ir -dije terminándome la cerveza de un trago.

—Nacho espera. ¿Se puede saber que te pasa?

—Nada. ¿Hablamos vale?

Desaparecí de allí. Me dirigí a casa. Lo de que había quedado con Malú era cierto. Todavía quedaba un rato. Pero aproveché para preparar algo de cena con que sorprenderla. Era bastante cocinillas. Me distraía cuando necesitaba no darle muchas vueltas a la cabeza.

Al rato sonó el timbre. Dejé la cena a fuego lento y fui a abrir la puerta de casa. Conmigo siempre era puntual. Sonreí al verla. La primera sonrisa de verdad en todo el día.

—Mmmm que bien huele -dijo saludándome con un beso- ¿Estás cocinando para mi?

—No, estoy esperando a mi amante -me reí- ¿Que tal el día?

—Estoy molida. Necesito un baño de esos relajantes con espuma -comentó con tono cansada.

—¿Por que no te lo das mientras acabo la cena? -propuse yo.

—¿No te importa? -preguntó dudosa.

—Claro que no tonta -dije dándole un beso.

—No tardo nada -añadió metiéndose en el baño del piso de abajo.

Terminé de hacer la cena. Con mucho mejor humor, para que engañarnos. Cuando estaba con ella todo era diferente. Y aunque estuviera quemado del trabajo. Que lo estaba. Me ocupaba de que mis preocupaciones se quedaran fuera.

De repente la puerta de arriba de casa volvío a sonar. No esperaba a nadie, pero volvieron a tocar con insistencia. Me dirigí hasta allí. Miré antes de abrir. Era mi amigo Raúl. Resoplé apoyado en la puerta y finalmente abrí.

—Raúl. ¿Que haces aquí?

—¿Me puedes explicar que te pasa? -dijo autoinvitandose a pasar.

Cerré la puerta cuando entró. Lo miré para contestarle a la pregunta.

—Oye tío, estoy bien. No te preocupes.

—¿Por que te has ido así de la cafetería?

Tenía que pensar rápido. Malú iba a salir en cualquier momento del baño. Y así fue. No me dio tiempo a reaccionar y a juzgar por sus palabras, ella ni siquiera sabía que estaba acompañado.

—Cariño, ¿me dejas una camisa?

Miré hacía ella cuando salió. Apreté los labios fuerte. Ella miró a Raúl súper cortada. Iba solamente cubierta con una toalla.

—Eh hola -dijo antes de volver al baño.

Raúl me miró. Creo que se quedó a cuadros. No era capaz de pronunciar palabra. No me extraña. Yo me reí por la situación.

—Lo siento. No quería interrumpir.

—Siéntate anda -propuse finalmente.

Enseguida volvió a aparecer Malú. Esta vez vestida con la ropa con la que había venido. Agitó su pelo mojado con la mano, moviéndolo de un lado para otro. Se sentó a mi lado en el sofá. Y le contamos a Raúl absolutamente todo lo que había entre nosotros dos. Lógicamente flipó.

—Ahora ya sabes todo. Pero necesitamos que nos guardes bien el secreto, es importante para ella -expliqué yo.

—Claro. Lo entiendo -dijo él de manera comprensiva.

—Es jodido tener a la prensa todo el día esperando a que des un paso en falso para pillarte -añadió mi chica con cara de indignada.

—Si os queréis el resto de igual -aportó Raúl.

—Pero es mi vida privada. Y quiero que siga siendo mía...Y no de media España -dijo Malú.

—Es lógico. Oye que me alegro mucho. ¿Cuidamelo vale? -soltó Raúl en plan amigo total.

Me reí por sus palabras. Decidió marcharse y dejarnos solos. Ya no pintaba nada allí y nosotros teníamos una cena pendiente. Miré a Malú cuando Raúl se fue.

—Lo siento...

—No ha sido culpa tuya -dijo quitándole importancia al asunto.

En realidad un poco si lo era. Pero sabía que Raúl era de fiar. Que no iba a decir nada de esto. Que podíamos estar tranquilos.

Cenamos antes de que empezara la serie. Después nos acomodamos en el sofá para verla juntos. Malú se meaba en todas sus intervenciones. Yo me reía por sus comentarios. Pero en realidad estaba estupenda. Como siempre...

lunes, 19 de mayo de 2014

Capítulo 15 (Ni un segundo)

El viaje de vuelta transcurrió con total normalidad. Lento, eso sí. Ocho horas son demasiadas horas. Por no hablar de la diferencia horaria. Eso si que era un auténtico quebradero de cabeza. 
Salir de México a las dos del mediodía y aterrizar en Madrid a las cinco de la madrugada...

Recogimos nuestras maletas de la zona de equipajes y una furgoneta nos devolvió a nuestros lugares de origen. A mi concretamente a casa de Jose. Debía recuperar mi querido Opel Astra. Llevaba aparcado en la puerta de su casa desde que nos marchamos. Y lo necesitaba para ir a currar. Que por cierto solo me quedaban tres horas para intentar dormir algo.

Me despedí de Jose y me fui a casa. Adoraba conducir de noche. Sobre todo a altas horas de la madrugada. Cuando no te cruzas ni a un solo coche. Habrá quien opine que así es más fácil quedarse dormido al volante. Sin embargo a mi me inspira la soledad de la carretera. Esa tranquilidad acompañada únicamente por su música...

Llegué a casa apenas veinte minutos después. Encontré sitio en la misma puerta. Algo bastante raro para tratarse del centro. Pero supongo que por la hora que era, mucha gente ya se habría ido a trabajar. Así que no me molesté ni en bajarlo al garaje. Lo aparqué allí mismo y subí a mi domicilio.

Dejé caer la maleta nada más entrar al salón. Estaba bastante desganado. Debía ser el famoso jet lag. Subí al dormitorio directamente. Me desvestí y me metí en la cama en ropa interior. Retiré mi edredón de rayitas para taparme solo con la sabana. A pesar de ser primavera estaba siendo un mes bastante caluroso.

Cogí el móvil para encenderlo. Lo había puesto a cargar justo antes de meterme en la cama, en el enchufé de la mesita de noche. Durante todo el viaje lo había llevado apagado. Recibí de golpe las notificaciones de todas las aplicaciones sincronizadas. Un montón de interacciones de twitter, otras tantas de facebook y unos cuantos hilos en whatsapp. 

Abrí su conversación sin molestarme en mirar nada más. Allí debían ser alrededor de las once de la noche.

"Chica Q7"
-Que tal el viaje??

Sonreí al leerlo. Al darme cuenta de que se preocupaba por mi. De que le importaba. Habían pasado dos horas desde que me lo había mandado, pero no hacía mucho rato desde su última conexión, así que decidí contestarle.

-Perdona el retraso. He estado sin batería.
-Tranquilo. Has pasado mucho miedo?
-Un poco si... Pero porque no estabas conmigo.
-Ibas con mi hermano, te he mandado representación familiar jaja
-Jajaja ya, pero me daba vergüenza cogerle la mano a tu hermano...
-Jajajajajajajja
-No te rías cabrona!
-Jajaja anda te dejo descansar, mañana me cuentas.
-Buenas noches princesa (iconos corazones)
-Buenas noches (iconos besos)

Esa noche apenas pude pegar ojo. Alguna cabezada puntual. De esas en las que te despiertas de repente y no sabes en que día vives. No se si achacarlo al calor, al jet lag o simplemente al hecho de no tenerla a mi lado. Pero lo más probable es que fuera una mezcla de las tres.

Me levanté antes de que mi despertador cumpliera su función. Sin vestirme bajé a la cocina a preparar café. Lo necesitaba en cantidades industriales. 

Me relajé mientras me lo tomaba. Repasé el guión, las escenas que teníamos que rodar hoy. Me esperaba un día liado. No sabía como iban a estar los ánimos en el estudio después de mi espantada.

Cuando se hizo la hora me marché hacia allí. De camino se me encendió la luz de la reserva. Así que me tocó pasar por la gasolinera más cercana. Afortunadamente no iba a llegar tarde porque siempre salía con un margen de tiempo para cualquier imprevisto.

Como todos los días me presenté en la salita donde siempre hacíamos la lectura de guión. Charlé con mis compañeros hasta que llegó el director. Algo así como los niños de una clase hasta que llega el profesor.

—Buenos días. Vamos a empezar -dijo sentándose.

Todos hicimos lo mismo. Nos colocamos alrededor de una gran mesa presidida por el jefe. Pasamos lectura de las secuencias previstas para ese día.

—Manos a la obra -dijo finalizando la reunión.

La gente empezó a dispersarse. Cada uno al sitio que le correspondía. Todos sabíamos cual era nuestro trabajo. Me levanté con la misma intención que los demás, pero sin éxito. Jesús impidió que me fuera. Parece que no me iba a librar de la bronca.

—Nacho tú quédate. Tengo que hablar contigo -añadió el jefe con su inconfundible voz ronca.

Esperó a que la sala se desalojara por completo. Se dirigió hacia la puerta y la cerró. Yo seguía sentado en la misma silla en la que había presenciado la reunión.

—¿Se puede saber donde cojones te has metido? -preguntó él aumentando notablemente el tono de voz.

—Creía que había quedado claro. Necesitaba los días por asuntos personales -repliqué yo.

—Por tus asuntos personales, tenemos que concertar otra fecha para el rodaje de exteriores y movilizar de nuevo a todo un equipo. ¿Tienes la más mínima idea de lo que cuesta eso?

No dije nada. Me limité a observarlo mientras se movía de un lado a otro de la sala, sin parar ni un momento de gesticular. Era puro espectáculo.

—Te fuiste sin mi consentimiento. Si me diera la gana hoy mismo estabas en la puta calle.

—Haz lo que tengas que hacer -dije convencido de mis palabras.

—Venga fuera. Te esperan en maquillaje. No me hagas perder más el tiempo.

Me levanté sin decir nada y salí de allí. Cualquier cosa que hubiese dicho habría servido para caldear aún más el ambiente. Vale que lo de marcharme dejando tirado al equipo de rodaje no había estado bien. Pero a lo hecho pecho. No me arrepiento en absoluto. Creo que incluso volvería a hacerlo.

Aquella jornada fue larga. Acabé a las nueve de la noche. Y casi del tirón. Solo paramos una hora para comer. Cuando terminamos me cambié de ropa y me fui a casa.

El día había sido casi tan duro como esperaba. Quería desconectar. Lo necesitaba como el comer. Subí hasta mi habitación. Puse el disco que me regaló Malú y me tiré en la cama con el móvil en la mano. Hoy en día no se que sería de nosotros sin móvil. Desde luego yo era uno de los que no podría vivir sin el.

"Chica Q7"
-Hola preciosa!!
-Hola guapo!
-Que tal la mañana?
-Puff! He tenido tres entrevistas.
-Uff tómatelo con calma. A que hora sale tu vuelo?
-En dos o tres horas. Llegaré a España por la mañana.
-Me muero por verte.
-Yo también tengo ganas, aguanta!
-Que remedio...
-Tengo que dejarte. Ha venido Rosa a buscarme para ir a comer.
-Vale. Pasa buen viaje.
-Gracias! Eres un amor!!
-Besoos!
-(iconos de besos)

Esa conversación me reconfortaba después de este largo día. De hecho ella era la única que lo conseguía. Que me hacía sentir así. Unas simples palabras. Unas simples palabras que para cualquier persona pueden resultar lo más insignificante del mundo, para mi lo eran todo. Tan solo ella era capaz de dibujarme esa sonrisa en la cara. Esa sonrisa de enamorado que tantas veces se había convertido en suya.

Dejé el móvil y cogí la guitarra. La tenía apoyada en una de las paredes de mi cuarto. Era lo que veía todas las noches antes de irme a dormir. Me encantaba leer su dedicatoria una y otra vez. Sin parar. Esas hermosas palabras escritas de su puño y letra. Me hacían sonreír. Desconectar por completo...

"Sin previo aviso, sin un permiso, como si nada...
Gracias por aparecer de la nada, por hacerme sentir única en este mundo, por regalarme tu cariño..."
Malú

¡Dios! Adoraba a esa mujer. Me tenía completamente enamorado. Completamente loco. 

Comencé a tocar los acordes de algunas de sus canciones. O al menos a intentarlo. Compartir momentos con Jose de Lucia me habían servido para aprender algunos truquitos. Y no solo eso. Además, me había animado a retomar mi jovi con la guitarra. Algo que deseaba hace mucho tiempo.

Trasteaba las cuerdas de aquella inseparable compañera, cuando escuché de fondo el timbre. La dejé sobre la cama y bajé rápidamente las escaleras.

Abrí sin ni siquiera comprobar por la mirilla de quien se trataba. Así mi impacto fue mayor. Era ella. La niña de mis ojos. La causante de mis sonrisas. La culpable de mis locuras.

Por un momento pensé que la mandíbula se me iba a desencajar de tanto sonreír. No podía dejar de hacerlo. Ella tampoco.

La cogí de la cintura y la elevé ligeramente hacía arriba. Ella se abrazó a mi lo más fuerte que pudo. Entré sin bajarla. Cerré la puerta empujándola con el talón del pie derecho.

Ya estábamos solos y sin peligro de que algún vecino pudiera vernos. La bajé al suelo y le dí un largo beso. Ese que había necesitado durante este día.

—Te quiero... te quiero... te quiero... -pronuncié cada frase entre beso y beso.

—Tonto... -dijo ella casi en un susurro con voz sensual.

—Guapa -contesté utilizando el mismo tono.

Esta vez fue ella quien me besó. Le respondí con intensidad. Estaba eufórico con la sorpresa que acababa de darme.

La cogí de la mano. Entrelacé mis dedos con los suyos. Ese sencillo gesto que no podíamos hacer por la calle. La dirigí hasta el sofá.
Nos sentamos el uno al lado del otro. Yo recostado sobre el sofá y ella recostada sobre mi.

—Bueno cuéntame... ¿Tu no tendrías que estar todavía en México? -pregunté curioso.

—Tendría... Pero me apetecía darte una sorpresa -contestó acariciando mi torso por encima de la camiseta.

—Si es que ¿Como no te voy a querer?

Ella rió y se giró para darme un beso. Un beso fugaz. Con solo el contacto de nuestros labios. Volvió a recobrar la postura anterior. Hundiendo cada vez más su cabeza en mi pecho.

—¿Que tal tu día? -se interesó ella

—Bueno... Bastante largo. El jefe se ha mosqueado un poquito por desaparecer el fin de semana -expliqué.

—Lo siento...

—Ya se le pasará -dije restándole importancia.

Acariciaba su pelo mientras hablábamos. Me gustaba hacerlo. Y a ella que lo hiciera. Notaba como cada vez estaba más calmada. Como cada vez más le costaba más pronunciar las palabras. Como poco a poco se le cerraban los ojos. 

Debía estar cansada por el viaje. La observé sin poder borrar la sonrisa de la boca. Tenía un ángel durmiendo entre mis brazos. Me relajé. Con ella era fácil.

Al final y sin poder evitarlo yo también me quedé dormido un buen rato. Fue ella 
quien me despertó.

—Cariño despierta -dijo acariciando mis mejillas.

La escuchaba de fondo, como en sueños. Hasta que por fin desperté. Me hice un poco el remolón.

—Venga Nacho a la cama -insistió ella sin levantar mucho el tono.

La cogí por la cintura y la dejé caer encima de mi. Pegándola por completo contra mi cuerpo. 

—¡Nacho! -exclamó.

—Mmm ¿te quedarás conmigo no?

—No se yo... Depende como te portes -vaciló mirándome a los ojos.

—Yo siempre me porto bien, ya lo sabes -dije poniendo cara de niño bueno.

—¡Te como esa carita!

Se acercó más a mi, hasta que nuestros labios se encontraron de nuevo. Disfruté de ellos lentamente, como solía hacer.

Dejamos el sofá y nos dirigimos hasta mi habitación. Tenía la guitarra y todo por medio. Malú me miró sorprendida.

—¿Que pasa? - pregunté riendo.

—Nada. Solo que ahora me vas a tener que tocar algo... -dijo sonriente recostándose sobre la cama.

—Yo te toco lo que tu quieras -dije sacándole la lengua.

—¡Guarro! -dijo descojonada cuando se dio cuenta de lo que acababa de decir.

Me senté a su lado. En el lado izquierdo de la cama. Cogí la guitarra. Ella me miró esperando a que lo hiciera.

Toqué la canción de ni un segundo. Y la comencé a cantar muy bajito. Casi susurrándola en su oído.

"Sin ti... se han ido tantas cosas en mi vida, no es nada ya como lo conocia, cambió la vida entera de color..."

Sonrió al escucharme. Le gustaba. Su mirada me pedía más. Me pedía que siguiera. Y así lo hice. Seguí cantando. Dejándola cada vez más y más relajada. No se como, pero había conseguido recostarse en mi pecho. Aún con la guitarra de por medio. 

Dejé la guitarra en el suelo a mi lado de la cama. Pasé mi brazo derecho por encima para abrazarla por completo y le di un beso en la cabeza. 

—Buenas noches pequeña -susurré en su oído.

Y así, abrazados y vestidos con ropa de calle, nos quedamos dormidos.

jueves, 8 de mayo de 2014

Capítulo 14 (El mayor desafío de la vida es vivir)

Me levanté de la cama tal cual me había acostado. Es decir, totalmente desnudo. La ropa de la noche anterior se había quedado perdida por algún lugar del baño. Y el resto de mis cosas seguían en la habitación que compartía, entre comillas, con Jose de Lucía.

—Huye cobarde -gritó ella desde la cama.

—No huyo guapa. Necesito una ducha... Anoche alguien me hizo sudar demasiado -dije mirándola apoyado en el marco de la puerta del baño.

—Tendrás morro -exclamó tirándome uno de los cojines de la cama- Tus gestos de placer de anoche no parecían preocuparse por el sudor.

—Bueno ya sabes, la emoción del post concierto -dije sacándole la lengua.

—¡Te odio! -dijo riendo.

Me enamoraba incluso con esas palabras. Lo conseguía. Cualquier frase que salía de su boca sonaba dulce. Ese "te odio" cariñoso que acompañado con su gran sonrisa cambiaba por completo el significado de la palabra. Ese "te odio" que pronunciamos tantas veces entre amigos para decir totalmente lo contrario.

—¡Yo te quiero! -exclamé con entusiasmo.

Me sonrió desde la cama. Estaba guapísima esa mañana. Como siempre supongo. Me encantaba. Me encantaba verla tan natural. Sin maquillaje de por medio, completamente despeinada y recién levantada. Os juro que estaba radiante. Tenía un brillo especial en su intensa mirada. Y por si todo esto no fuera suficiente... esa sonrisa. Esa sonrisa perfecta. Esa sonrisa imborrable. Esa sonrisa capaz de volver loco a cualquiera. A mi el primero. 

Me metí en la ducha. Estuve un buen rato. Relajado. Dejando que el agua recorriera mi cuerpo. Estaba viviendo en un sueño y lo sabía. Nadie elige de quien se enamora. Y yo me había enamorado de ella. De la persona que hay detrás de la artista. De esa chica sencilla que sale a la luz cuando baja de los escenarios. Sabía que iba a ser complicado. Que las circunstancias no eran fáciles. Que no podíamos ir por la calle cogidos de la mano como una pareja normal. Pero ya habíamos dado el primer paso.

Salí después de mi momento de reflexión. Me rodeé una toalla a la cintura y me dirigí de nuevo a la habitación. Malú se había vuelto a quedar dormida. O al menos eso parecía.

Me acerqué despacio. Intentando hacer el menor ruido posible. Estaba tumbada boca abajo. La sábana le llegaba a la altura de los riñones, así que tenía toda la espalda descubierta. Dejando a la vista uno de sus tatuajes. Una frase escrita con letras árabes. Laura me había contado mil veces el significado. Y no se si es que le prestaba poca atención o que, pero la verdad es que no lo recordaba.

La acaricié suavemente. Utilizando únicamente las yemas de mis dedos. Haciendo círculos sobre la tinta negra del tatuaje. Fui bajando muy despacio. Hacía dibujos sobre ella. Dejaba la mente en blanco y curiosamente me salían corazones. Cientos de corazones con mi firma descansarían en su espalda para siempre. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Y una sonrisa que escapó de su boca delató que estaba despierta.

—¿Que dibujas? -preguntó sin moverse.

—Corazones -Respondí

—Me encantas...

No descuidé las caricias en ningún momento. Ni siquiera mientras hablábamos. Pero quise ir un poco más allá. Las empecé a combinar con pequeños besos sobre su piel. Recorriendo poco a poco cada centímetro de su espalda con mis labios. Besos que pasara lo que pasara ya serían imborrables.

—¿Que significa? -pregunté mientras besaba aquella frase.

—El mayor desafío de la vida es vivir -contestó ella.

—Es muy profundo. Pero tiene mucha razón -añadí riéndome- ¿Y por que en árabe?

Se incorporó y se giró para mirarme. Finalizando así con mi juego de besos.

—Pues... Para que cuando tu lo vieras me preguntaras su significado -dijo sonriendo.

Sonreí por esa respuesta. Me encantó. Siempre encontraba las palabras adecuadas para cada momento. Y de nuevo me miraba con esa sonrisa que me enloquecía. Nos miramos fijamente a los ojos. Nuestras miradas quedaron literalmente enganchadas. Fue ella la primera en desviarla. Me miró los labios y al momento me besó con mucha dulzura.

Dulzura que poco a poco iba convirtiéndose en pasión. Me empujó con un ligero toque de agresividad. Y a la que quise darme cuenta la tenía desnuda sentada sobre mi cuerpo. Mandando sobre mi. Teniendo todo el poder. La miré apretando los labios con fuerza. Desde esa posición podía contemplar su belleza. Era perfecta.

Empezó con el mismo juego que había dejado yo momentos antes. Miles de besos y caricias recorrieron mi torso de principio a fin. Sus labios y su lengua al contacto con mi piel eran la mejor sensación del mundo. Dejaba escapar de mi boca pequeños suspiros de placer. Esa era una de mis debilidades. 

Cerré los ojos. Me relajé y me dejé contagiar por su magia. Llevaba el control y eso me ponía hasta limites insospechados. Se me notaba. Mis gestos y mis caras me delataban. Ella lo sabía y disfrutaba aprovechándose de ello. Jugaba conmigo a su antojo. Me encendía al ritmo que le apetecía. Hasta que vio que no podía aguantar más. Fue entonces cuando me hizo el amor de forma desenfrenada. Besé sus labios dejando que sus gemidos terminaran en mi boca y los míos en la suya. Por un momento creo que llegue a tocar el cielo. Lo tocamos juntos.

Nos quedamos unidos durante unos segundos. El calor hacia rato que se había unido a la fiesta. Grandes gotas de sudor se deslizaban por nuestros cuerpos, mezclándose unas con otras. Intenté calmar mi respiración. Ella me miró riéndose. Se bajó de mi como si nada y se tumbó a mi lado.

—No se para que te has duchado... -dijo mirándome con cara de niña buena.

—Te odio -dije todavía con la voz cansada.

—Mentiroso... -rió.

Alargó el brazo hasta la mesita de noche. A parte del móvil tenía también el paquete de tabaco y el mechero. Eran las tres cosas que siempre la acompañaban. Algo así como sus signos de identidad. Sacó un cigarrillo del paquete. Lo puso entre sus labios de la manera más sexy y lo encendió. Se giró hacia mi tirándome a la cara la primera bocanada de humo.

Yo hacía un montón de años que no fumaba. Antes lo hacía, pero mi ex lo odiaba. Me costó bastante dejarlo. Fue uno de los esfuerzos más grandes que tuve que hacer durante aquella relación. Lo hice por ella, el amor es así... Y no me arrepiento en absoluto. A decir verdad esa fue una las mejores cosas que Laura hizo por mi.

—¿Cuanto hace que fumas? -pregunté interesado mirándola a los ojos.

—Buff, ni me acuerdo -dijo dándole una calada- ¿Tu nunca has fumado?

—Si. Hace años. Lo dejé cuando empecé a salir con mi ex. Lo odiaba.

—Es un bonito gesto, aunque yo no se si podría ¿Nunca lo echas de menos?

—Bueno... -la miré con media sonrisa- Me he acostumbrado.

—¿Ni después del sexo? -dijo riéndose.

Me leyó el pensamiento. En momentos como este se echa de menos. Además, para mi, las ganas de encenderse un cigarrillo van en función de lo satisfactoria que haya sido la relación sexual. Cuanto más placer más ganas.

No dije nada. Simplemente la miré. Acercó sensualmente su cigarro a mi boca ofreciéndome para que fumara. No me pude negar. Le di una calada. Por una tampoco pasaba nada.

—Sabes, conozco algo más adictivo que el tabaco...

—¿El que? -preguntó curiosa.

—Tú

Ella rió sin decir nada. Me miró a los ojos. Podía percibir el cariño a través de su mirada. La pasión había vuelto a convertir este momento en un momento dulce. Tras la tempestad siempre llega la calma. Pasé mi brazo por encima de su hombro y la abracé acurrucándola en mi pecho. Besé su cabeza con ternura. Sentía la necesidad de protegerla. De tenerla así siempre. Entre mis brazos. Era como un niña. Era mi niña.

—¿Dónde has estado todo este tiempo? -dijo sin cambiar su posición.

—He estado buscándote...

El ringtone típico del iPhone comenzó a sonar amenizándonos aquel momento. Ambos reímos por la situación. Era el móvil de Malú. Ojala ese momento no hubiera terminado jamás. Quería quedarme así con ella para siempre.
Pero en algún momento había que volver. Había que enfrentarse a la realidad.

Malú descolgó el teléfono. Habló desde la cama para no deshacer la posición que teníamos. Era un amor.
Colgó tras unos minutos. Dejó el móvil y me miró.

—Era mi manager -dijo rompiendo nuestra postura y mirándome a los ojos- Tengo que quedarme un día más.

—Vaya... Al final si se me va a hacer largo el vuelo -bromeé.

—Lo siento -añadió acariciando mi mejilla.

—No pasa nada tonta. Es trabajo.

—Ya, pero me apetecía volver contigo.

—Da igual, no te vas a librar de mi tan fácilmente -aseguré yo.

—¿Ah no?

—Que va. Pasado mañana me tienes en el aeropuerto con un cartel de "Welcome to Spain" -bromeé.

—Que imbécil -dijo riendo.

—Ya, pero te encanta -susurré en su oído.

Volvimos a acurrucarnos un rato más. Me encantaba estar así con ella. Hacía que me olvidara absolutamente de todo lo que pasaba a mi alrededor. Del mundo en general. Era una sensación difícil de describir. Todo el mundo debería sentirla alguna vez en su vida.

Nos levantamos cuando se hizo la hora. Yo si que me marchaba hoy con el resto del equipo. En el mismo avión en el que lo hubiera tenido que hacer ella antes de su imprevisto.
Me vestí con la ropa de la noche anterior, la única que tenía. Todavía tenía que pasar por la otra habitación para recoger mis cosas. Malú decidió acompañarme.

Abrí con la tarjetita. Jose aún estaba durmiendo. Nos miramos riéndonos. Se mordió el labio con un gesto pensativo que se fue transformando en travieso conforme pasaban los segundos.

Se acercó hasta la cama. Se subió de pie en ella y se puso a saltar para despertarlo. Me reí al verla.

—¡Hermanitoo! ¡Despierta! -gritó sin dejar de saltar.

Jose abrió los ojos desconcertado. Seguramente con resaca de la noche anterior. Lo último que supimos de él es que se fue a celebrar el éxito del concierto por bares de copas.

—¿Que pasa? -Preguntó él.

Malú paró de dar saltitos y se sentó por fin en la cama.

—Eso digo yo. ¿Anoche bien no? -dijo ella.

—Déjame dormir -concluyó él tapándose la cabeza con la sábana.

—¡Joder Jose! ¡Vas a perder el avión! -exclamó con tono de enfado.

Se incorporó de un saltó al escuchar sus palabras. Nos miró a ambos algo extrañado de vernos allí.

—¿Que hora es? -preguntó asustado.

—Tranquilo. No le hagas caso a tu hermana. Vamos bien de hora -dije yo calmando los ánimos.

—Joder, que susto. Te has levantado graciosilla... -me miró- ¿que le hiciste anoche?

—Y a ti que te importa ¡fantasma! -se adelantó ella dándole un golpe.

—Oye Nacho ¿Tú estás seguro de que te gusta la loca de mi hermana? -dijo dirigiéndose a mi- Huye, aún estás a tiempo

Me reí por el comentario. Los tres lo hicimos. Malú me miró a la espera de mi contestación.

—No me gusta... Me encanta -dije dándole un beso.

—Mm no empecéis con el rollito empalagoso, que mi Vane no está aquí -protestó él.

—Tengo una amiga que es una santa, no se como te aguanta -dijo divertida.

—Que graciosa estás desde que tienes sexo -bromeó

—Eres un gilipollas -dijo volviendo a pegarle.

—¡Te has pasado! -se quejó.

—¡Pues deja de decir gilipolleces y levántate de una puta vez! -ordenó ella.

Yo me reí al verla así. Me encantaba cuando se ponía así de seria. Jose se levantó y se fue a la ducha, dejándonos solos.

—Me encanta cuando te pones de mala leche.

—En el fondo le quiero. Tú también tienes un hermano. ¿Me entiendes no?

No se en que momento la puse al día con mi vida. Pero estaba claro que lo había hecho. 

—Te entiendo perfectamente.

Malú sacó su móvil del bolsillo. Miró algo en la pantalla y volvió a dirigirse a mi.

—Cariño, tengo que irme...

—¿Me has llamado cariño? -pregunté sorprendido.

Me acerqué a ella. La rodeé por la cintura y la pegué a mi. Juntando nuestros cuerpos. La miré a los ojos en esa corta distancia que nos separaba. 

—Se me ha escapado... -dijo algo avergonzada.

—Pues me encanta -sonreí finalizando con un beso.

Me respondió al beso. No queríamos separarnos, pero teníamos que hacerlo. Fue ella la que dio el primer paso.

—¿Hablamos vale? -dijo separándose.

Nos despedimos con un último beso. Y finalmente se marchó. Dejando lo nuestro más vivo que nunca. Me despedía de aquella aventura. De aquel viaje que había sido inolvidable gracias a ella.


martes, 6 de mayo de 2014

Capítulo 13 (Yo también te quiero)

El concierto terminó por todo lo alto. A lo grande como nos tenía acostumbrados. No era nada raro. Esta mujer era la única capaz de hacer vibrar a miles y miles de personas con su voz y su arte. La gente fuera no se cansaba de gritar su nombre. Además lo hacían de forma coordinada. Todos a una voz, al unísono. Y eso era algo que conseguía ponerme los pelos de punta. 

Bajó del escenario por la parte de atrás. Directa al backstage. Allí estaba yo, mirándola con esa cara de tonto que últimamente se me ponía al verla. Me miró sonriente. Resoplando, soltando toda la tensión acumulada. Al igual que en el palacio vino corriendo hacia mi y dio un salto para que la cogiera. Así lo hice. La cogí en el aire y la abracé con muchas ganas. Un gran grito de entusiasmo salió de su boca. Nos separamos pronto para no dar demasiado el cante delante de los demás compañeros. Disimulamos de la mejor forma posible.

—¡Felicidades jefa! -dije sonriendo.

—Gracias -dijo guiñándome un ojo.

En cuestión de segundos todo se llenó de gente. Gente del equipo que también querían felicitarla por su actuación. "Enhorabuena jefa" fueron las dos palabras más repetidas en ese corto intervalo de tiempo. También lo hicieron los miembros de su banda. A los cuales yo también felicité. Juntos formaban un equipo inmejorable. Y eso se demostraba encima de los escenarios, como hacían ellos.

Desprendían felicidad por los cuatro costados. Y la transmitían. De hecho podía sentir más cerca que nunca aquella cantidad de emociones en mi propia piel. Eso era el trabajo bien hecho. El esfuerzo que se veía recompensado en forma de éxito.

—¿Bueno que? Esto habrá que celebrarlo -Dijo entusiasmado uno de los miembros de la banda.

—Celebrar por México... Menudo peligro -Comentó Rubén.

—Que te lo digan a ti guapo -dijo Malú dándole una palmadita en la espalda.

—Mientras que no vayamos al sitio de aquella vez -añadió el pianista.

Los miré sonriente mientras comentaban sus antiguas juergas por México DF. No quise interrumpir aquella conversación. No era quien para hacerlo. Pero a decir verdad, yo solo podía pensar en ella. En nosotros. En aquellas palabras del concierto. Pronto la gente se empezó a dispersar y quedaron solamente los músicos.

—Ir donde queráis, pero tener cuidado, no quiero quedarme sin banda precisamente ahora -advirtió ella.

—¿Tu no vienes? -se interesó uno de ellos.

—Estoy cansada -dijo mirándome a mi.

—Estás mayor hermanita -añadió Jose.

—Yo también te quiero -vaciló ella.

—¿Nacho tu te apuntas? -preguntó Jose.

Creo que lo hizo básicamente por disimular delante del resto. Pero sabía perfectamente la respuesta. Sabía perfectamente con quien quería celebrarlo yo. Esta noche tenía que ser únicamente nuestra. De los dos. El guitarrista me hizo un gesto cómplice.

—Que va tío. Estoy muerto. Me voy a ir al hotel a descansar -comenté.

—Sois unos muermos -dijo Rubén.

En ese momento les avisaron para que comenzaran a recoger los instrumentos. Los chicos se despidieron y se fueron de nuevo hacia el escenario donde tenían todo.

—¡Pasarlo bien! -gritó Malú para que la oyeran.

—No les animes. Están en el país del tequila... -dije divertido.

—Al final me voy a tener que poner seria.

—Puff con lo que me pone a mi eso -le susurré al oído.

Una sonrisa pícara se dibujó en su boca. Levantó la mirada y me pegó una palmada cariñosa en el pecho.

—Capullo -añadió entre risas.

—Guapa.

—Anda tira. Me voy a cambiar.

—Te veo en el hotel -añadí.

—¿No me esperas? -preguntó ella.

—¿Que pensaría tu chófer si nos tuviera que llevar a los dos solos al hotel mientras todo el mundo se va a celebrar el éxito?

Se quedó pensativa durante unos segundos y pronto se echó a reír.

—Ehh... Mejor espérame allí. Vamos al camerino y te doy la tarjeta.

Fuimos hasta su camerino. El que le habían preparado para el concierto de esta noche. Una sala acondicionada para la ocasión. No era demasiado grande. Pero era acogedora. Y lo que era más importante, en aquella sala por fin estábamos solos. Sin gente pasando por nuestro lado a cada segundo. Sin nadie que nos molestara ni nos interrumpiera.

Entré cerrando la puerta. No pude evitar lanzarme a su boca. Un impulso me obligó a hacerlo. Tal vez el imán que poseían sus labios. No le pilló desprevenida. Me besó también. Por su rápida respuesta intuí que sabía perfectamente lo que iba a hacer. Empezaba a conocerme.

Tras unos segundos de besos sin medida me separé de ella. Puse mis manos a ambos lados de su cara. Cogiéndola por completo. Teniéndola literalmente entre mis manos. Le acaricié las mejillas con suavidad.

—Necesitaba esto... -dije clavando mi mirada en la suya.

—Yo también.

—Me has vuelto loco con la dedicatoria en la canción de "Ahora tú"

—En realidad no hay palabras para agradecerte tanto. Pero te la debía -dijo ella sin apartarme la mirada- Además... Solo he dicho lo que siento

—¿Y que sientes?

—Que yo también te quiero -susurró en mi oído.

Ante esa respuesta no pude hacer nada más que sonreír. Sonreír como un tonto. Un cóctel de emociones me invadió por completo. Se mezclaban sin que pudiera distinguir unas de otras. Pero todas se resumían en una... Felicidad máxima. Lo había dicho. Lo había dicho en voz alta. Me lo había dicho a mi. Casi me da un vuelco el corazón. De hecho creo que por un momento se me paró. 

La miré fijamente. Durante unos segundos no nos dijimos nada. Nuestra ya habitual manía de entendernos con solo mirarnos. Me acerqué a sus labios lentamente hasta juntarlos de nuevo con los míos. Nos besamos de manera apasionada. De manera intensa.

Era maravilloso. Ella era maravillosa. No quería que terminara ese momento. Parecía que no existía nadie más en el mundo. Pero no era así. Y como no era así, alguien tocó la puerta. Aquel sonido nos devolvió al mundo real. Reaccionamos separándonos rápidamente. Pero la puerta no se abrió. Sin embargo una voz se distinguió al otro lado.

—¿Malú? ¿Puedo pasar?

Malú me miró algo sobresaltada. Puso cara de susto. Sus ojos también la delataron. En ellos pude leer algo como... "Si entra la hemos liado"

—¡¡Un momento, ya voy!! -gritó ella- Es Rosa, mi manager. Espera dos minutos y sal detrás de mi -me ordenó en voz bajita.

—¡La tarjeta! -le recordé utilizando el mismo tono de voz.

Me dio la tarjeta de la suite del hotel y salió fuera del camerino para atender a su manager. Confié en que le hubiera dado tiempo en dos minutos a alejarla de la puerta. Salí convencido. Afortunadamente no me crucé con nadie.

Me pillé un taxi para volver al hotel. Subí directamente a la habitación de Malú. De camino me había dado tiempo a planear una de mis sorpresas románticas. Su habitación era una suite. Y como toda suite disponía de una gran bañera de hidromasaje que quitaba el sentido. La llené hasta arriba del todo con agua caliente. 

Con todo preparado solo tenía que esperar su llegada, la cual no tardó mucho en producirse. Escuché que la puerta se abría. Debía llevar otra tarjetita. Me dirigí hacia allí para encontrarme con ella. Entró con su amplia sonrisa saludándome.

—¡Hola!

—Espera, espera, cierra los ojos -me anticipé a decir.

Le tapé los ojos con las dos manos. Me coloqué justo detrás de ella. La dirigí hacia el baño. Mis pasos sirvieron para que los suyos se encaminaran hacia el lugar correcto. 

—No mires eh -insistí yo.

—Nacho, que miedo me das -dijo ella con tono gracioso.

Cuando estuvimos delante paré haciendo que ella parara también. 

—No es nada malo... Es solo que se me ha ocurrido una buena manera de celebrarlo... -dije quitando mis manos de sus ojos.

Sonrió al ver aquello. A parte de llenar la bañera, había preparado champán del minibar. No imaginaba otro plan mejor. Se giró hacia mi. Me miró mordiéndose el labio inferior. Gesto que consiguió enloquecerme un poquito más.

—Me encanta... -pronunció finalmente antes de besarme- ¿me esperas dentro? Tardo dos segundos.

Salió del baño dejándome allí. Y no. No tardó dos segundos. Pero ese fue el tiempo que yo necesité para quitarme la ropa y meterme dentro del agua. Llené las copas con champán y las dejé al borde de la bañera.

Apenas unos segundos después llegó ella. Esta vez más ligera de ropa. Concretamente en ropa interior. Llevaba un conjunto de color negro, con detalles de encajes que lo hacían todavía más sexy. Como si no fuera bastante sexy el hecho de que lo llevara ella. Eso si que era el cuerpo del delito.

La miré con deseo. Con mucho deseo. Ella lo sabia. Se sentía poderosa. Sabia perfectamente como provocarme. Y lo conseguía. Armas de mujer supongo. Me miró con carita de niña buena. Como si no hubiera roto un plato en su vida. Me encantaba esa cara. Era para comérsela. Y si, en ese momento me la habría comido enterita.

Se acercó despacio deshaciéndose de su ropa interior. Primero el sujetador. Lo deslizó por sus brazos y lo lanzó hacia atrás sin pararse a mirar donde caía. Después llevó a cabo el mismo proceso con el tanga. Se lo quitó sin prisas. Mientras lo hacia me miraba mordiéndose el labio con gesto sensual. Tenía la clara intención de ponerme malísimo sin hacer un gran esfuerzo. Y lo estaba consiguiendo. Mi temperatura subía a un ritmo que pronto no podría controlar.

Se adentró en el agua y se relajó apoyando su cabeza en mi pecho. Cogí una de las copas y se la di.

—¿Un brindis? -propuse cogiendo la otra copa.

—¿Por que? -preguntó ella.

—Por el pedazo de concierto que te has marcado hoy... 

—Mejor por esta noche. Por lo que está por venir -añadió.

Brindamos chocando nuestras copas. Todavía no había terminado de beber cuando Malú me quitó la copa para dejarla de nuevo en el borde de la bañera. Hizo un movimiento para quedar sentada sobre mi cuerpo. Atacó mis labios. Nuestras lenguas bailaban al compás de nuestros besos. Se entendían solas. Encajaban a la perfección como dos piezas de puzzle. 

Me incorporé un poco sin bajarla de encima. La sujeté de la espalda para tenerla controlada. Ella se agarró a mi cuello. Cogí una de las copas. No se cual de las dos. En realidad eso me daba igual. Dejé caer el champán por su cuello y por su pecho. Bebí de su cuerpo. Despacio. Muy despacio. Los hombres también tenemos nuestras propias armas. Notaba en su cara y en sus gestos como subía su temperatura. Como se volvía loca con cada roce de mi lengua en su piel. Como dejaba escapar de su boca algún gemido ahogado.

Salimos cuando nos cansamos de estar dentro del agua. Sin secarnos fuimos hasta la cama. Llenando el camino de continuos besos y caricias. Caímos juntos sobre el colchón, mojando todo lo que venía a nuestro paso.

—Hazme el amor -dijo mirándome fijamente a los ojos.

Ese "hazme el amor" pronunciado por ella era realmente especial. Por supuesto en modo imperativo como era habitual en ella. Ejercía de jefa incluso en momentos como este. Pero eso me ponía mucho.

—¿Que prisa tienes? Tenemos toda la noche... -añadí yo.

—Tenemos toda la noche para hacerlo una... y otra... y otra vez más...

Intercalaba sus palabras con pequeños mordiscos en el lóbulo de mi oreja derecha.

Me reí por lo que acababa de decir. No dejaba de sorprenderme nunca. Me encantaba lo que iba descubriendo de ella. Cuando pensaba que no podía ser más perfecta me demostraba que me equivocaba. Allí estaba ella para cambiarlo todo con una de sus sonrisas. 

Esa noche por supuesto consiguió su propósito. No recuerdo las veces que hicimos el amor. Una y otra y otra... Nos vimos inmersos en una vorágine de emociones y sensaciones donde el placer era el principal protagonista. Nuestra sed de deseo no se saciaba fácilmente.

El cansancio fue el único capaz de conseguirlo. El único capaz de derrotar nuestras ganas de seguir queriéndonos. Estábamos exhaustos. Caímos rendidos al cuarto o quinto asalto. Desnudos sobre aquel colchón todavía húmedo por el agua y el sudor de nuestros cuerpos. Cubiertos solamente por una fina sábana de color beige.

Me desperté a la mañana. Cuando el fresco del amanecer se empezó a notar en la habitación. Miré hacia mi lado. Malú dormía placidamente como una niña. Cogí el edredón que habíamos apartado a los pies de la cama y se lo eché por encima con cuidado de no despertarla. Me quedé mirándola atontado. Abrió los ojos perezosa.

—Buenos días princesa -dije en tono bajito.

—Mm buenos días -respondió desperezándose- ¿Que hora es?

—Todavía es pronto. Puedes dormir un rato más

—Da igual, me reservo para el avión.

—Yo voy a hacer lo mismo. Es la única forma de olvidarme de que estoy volando.

—Bueno, como vamos en el mismo avión... Te escapas del grupo y te vienes conmigo -propuso ella sonriendo.

—Eso es muy tentador...

—Lo se. Se que no puedes resistirte a mis encantos -bromeó.

—Creida -dije acercándome a sus labios.

—¿Yo? En absoluto.

—Si tu. Y mucho.

Me acerqué más todavía y cuando estuve a punto de rozarlos me separé.

—¿Tu eres un poco cabrón no?

—Anoche no me decías lo mismo... -dije riendo.

—Ya. Es que los post conciertos son muy malos.

—Anda, me voy a la ducha -dije ahora si dándole un beso.