—Vaya
yo también me alegro de verte.
—Perdona.
Es que… -La miré intentando encontrar las palabras adecuadas. Algo imposible. Así que me decanté por la pregunta más obvia que podía hacer en aquellas
circunstancias. —¿Pasa
algo Laura?
—¿Te
pillo en mal momento? –preguntó mirándome de arriba abajo.
En ese momento me di cuenta de que iba semi-desnudo. De
forma casi intuitiva me sujeté la toalla por la cintura. Ella siguió barriendo
mi cuerpo como si tal cosa. Me incomoda bastante la situación. Y sé que ella lo
sabe. Aunque parece resultarle divertido.
—Oye
tranquilo. No voy a ver nada que no haya visto ya –comentó lanzando una sonrisa
al aire.
—Supongo
que no habrás venido solo para esto. Te lo digo porque yo he quedado para cenar
con Raúl y debe estar al caer.
—¿Sabes
una cosa? Nunca soporté a tu amigo Raúl -apuntó con calma.
—Lo
sé. Y también sé que el sentimiento es mutuo.
Apenas había acabado de pronunciar la última frase cuando
apareció Raúl en la puerta de casa. De la que por cierto no nos habíamos movido
en todo el rato. Se paró y nos miró algo desconcertado. Supongo que debe ser raro
encontrarme medio en pelotas hablando con mi ex.
—Hola…
-saluda mirándonos a ambos.
—¡Raúl!
¿Qué tal? –preguntó mi ex fingiendo una sonrisa falsa.
Se saludan por puro compromiso dándose dos besos. Los miro
riéndome. A decir verdad la escena es graciosa. Las caras de los dos son un
poema. Nunca se gustaron. Y tampoco se molestaron en disimularlo. Lo
justo y necesario. Saludos y poco más.
—Oye
chicos. ¿Os importa si me uno a la cena?
Y esa pregunta me pilla a traición y me deja totalmente
fuera de combate. Raúl me hace gestos desde atrás para que no se me ocurra
decir que si. Intento no mirarlo demasiado porque me entra la risa tonta de
verlo. Sin embargo mis palabras no son capaces de salir de mi boca. Mi amigo se
acerca hasta mi. Me abraza por el hombro y mira a mi ex.
—Eh
mira Laura… Es que es una cena de hombres. Tenemos cosas de las que hablar… No
se si me explico… -comenta él lanzando una indirecta.
—¿Ah
si? ¿Fútbol y coches? ¿A eso se le puede llamar hablar? -apunta Laura.
—¿De
que nos vas a hablar tú? ¿Del último bolso que te has comprado? -contraataca mi amigo.
—¡Bueno
vale ya! Vamos a cenar. Pero como sigáis así el que se queda en casa soy yo
–dije de manera tajante intentando poner paz.
Ambos me miraron y aceptaron a regañadientes. Iba a estar
divertida la cena. Subí a cambiarme. Lo hice de forma veloz para no dejarlos a
solas mucho tiempo. Había cuchillos cerca y no era plan de que mi casa se
convirtiera en el escenario de un crimen. Saldría en la sección de sucesos de
todos los periódicos. Y ya tenía bastante con que en las redes sociales se
especulara sobre mi supuesta relación con Malú.
La cena fue más tranquila de lo que a priori parecía.
Charlamos durante horas de manera civilizada. Aunque los piques de Raúl y Laura
no desaparecieron del todo. Eran como dos niños y a veces me sacaban de quicio.
Aproveché el parón de los cafés para salir a la calle a llamar a mi chica. Su
concierto ya debía de haber acabado y ahora estaría híper eufórica gritando por
los pasillos. Sonreí al imaginármela
—¡Hola
princesa! -dije nada más que descolgó.
—¡Hola
príncipe! –exclamó una voz de hombre al otro lado del teléfono.
—Jose,
eres un gilipollas. ¡Pásame a tu hermana!
—Yo
también te quiero cuñado. Un beso.
Me reí por la bromita de Jose. Y por fin escuché su voz.
—Perdona
cariño. Está gracioso porque una fan le ha dicho guapo y se le ha
subido a la cabeza. ¿Qué tal el casting?
—Bueno…Bien -dije poco convencido.
—No
me gusta ese bien… ¿no ha ido como esperabas no?
—No.
Pero no pasa nada. Lo importante ahora… ¿Qué tal el concierto?
—Increible.
Super especial. No sabes cómo es la gente aquí… ¿Y por ahí que tal?
—Bien.
Estoy cenando con Raúl y con Laura.
—¿Laura?
¿Tu ex? -se interesó ella.
—Si.
Nos la hemos encontrado y se nos ha acoplado. Pero no creo que tardemos en
quitárnosla de encima -añado para quitarle importancia al asunto.
—Genial…
Muy maja tu ex.
—¿No
estarás celosa? Sabes que yo solo tengo ojos para ti.
—No
son celos tonto –dijo con un tono de voz dulce. —Pero me gustaría estar ahí.
—Te
aseguro que a ella también le gustaría que estuvieras. Pero si no se entera de
lo nuestro mejor. No imaginas lo pesada que es.
Mis
amigos me sorprenden apareciendo en la puerta del restaurante, así que solo se
me ocurre disimular la conversación.
—Bueno
mamá, tengo que dejarte.
Mi
chica se parte de la risa al otro lado. Supongo que se imagina que ya no estoy
solo.
—Anda,
pasadlo bien. Te quiero tontito.
—Te
quiero. Un beso.
Creía de verdad que tras la cena nos iríamos cada uno a su nido. Pero ya se sabe como son estas noches. Sabes cuando empiezas pero difícilmente sabes cuando acabas. Fuimos a tres o cuatro pubs diferentes. Los más frecuentados de la ciudad de Alcorcón. Bailamos, charlamos y sobre todo bebimos. Bebimos una gran cantidad de alcohol. Gintonics elaborados de mil y una formas. Y chupitos. Chupitos de todos los colores, que nos sirvieron para realizar incontables brindis.
Creía de verdad que tras la cena nos iríamos cada uno a su nido. Pero ya se sabe como son estas noches. Sabes cuando empiezas pero difícilmente sabes cuando acabas. Fuimos a tres o cuatro pubs diferentes. Los más frecuentados de la ciudad de Alcorcón. Bailamos, charlamos y sobre todo bebimos. Bebimos una gran cantidad de alcohol. Gintonics elaborados de mil y una formas. Y chupitos. Chupitos de todos los colores, que nos sirvieron para realizar incontables brindis.
Perdí completamente la noción del tiempo. Serían las cuatro
o las cinco de la madrugada cuando aterrizamos literalmente en el portal de mi
casa. Demasiada cantidad de alcohol en sangre. Y si no era suficiente el que
llevábamos encima, a los chicos se les ocurrió que tomáramos la última. ¿Y
quien era yo para negarme? Lo estábamos pasando bien. Y sobre todo, por primera
vez en toda la noche, mi amigo y mi ex estaban de acuerdo en algo.
Subimos en el ascensor. Les imploré de todas las maneras
posibles que no hicieran ruido hasta que no entráramos en el piso. Pero fue
inútil hacerlo. Un gasto de saliva para nada. La más mínima tontería servía
para descojonarse de la risa y montar escándalo. Y como no podía ser de otra
forma allí estaba Raúl. Tirado en el suelo del rellano mientras un ataque de
risa se adueñaba de él. Vete tu a saber porqué… Tampoco me interesaba saberlo.
Un simple silencio me habría bastado. Porque no os imagináis como es su risa…
Es exageradamente exagerada. Laura con su punto de embriaguez no tardó en
contagiarse. Así que a estas alturas creo que los vecinos ya deben estar
despiertos y marcando el número de la policía. Afortunadamente no tardé demasiado en
atinar con la llave en la cerradura.
Me dejé caer en el sofá mostrando un claro gesto de
cansancio. Raúl al verme se ofreció a preparar las copas y se
marchó a la cocina dejándome a solas con Lau, que se sentó a mi lado. Saqué el
móvil para mirar la hora. Y de paso el whatsapp. Sabía que no tenía ninguno de
ella. Pero ver nuestra conversación me hacía sonreir como un auténtico idiota.
Lo necesitaba.
—¡Eres
un pesado! ¿No desconectas nunca o que? –dijo Laura quitándome el móvil de la
manos.
—Eiiii
¡Dámelo Lau! –protesté echándome encima de ella.
A la que quise darme cuenta estaba recostado en el sofá
sobre mi ex, intentando atrapar mi móvil de sus manos. Claro que cualquiera que
hubiese visto la escena no habría pensado precisamente en eso.
Sin saber como, nuestras miradas se cruzaron y el tiempo
pareció detenerse. Realmente no sé si lo hizo. El contacto se rompió cuando su
mirada se dirigió a mis labios. Los acarició suavemente con uno de sus dedos
hasta que decidió besarlos. Y yo saboreé ese beso sin oponer resistencia. Cerré los ojos y simplemente me dejé besar. Solo hasta el momento
en el que los abrí. Abrí los ojos y no encontré
los ojos, ni los labios, ni la sonrisa que yo necesitaba.
—¡Para,
para! –me aparté de inmediato y me eché las manos a la cabeza.
—Lo
siento… -susurró acariciando mi pierna.
Creo que la borrachera se me quitó de golpe. Si, lo hizo. Y
quizás también la suya. Que me habló con una calma impropia de ella. Parecía entenderme. Y de alguna forma sentí la necesidad de explicarle lo que pasaba
por mi corazón. Lo que sentía de verdad. Las conversaciones en estado de
embriaguez pueden llegar a ser muy interesantes. Dicen que los borrachos y los
niños siempre dicen la verdad. Y puede que yo estuviera borracho, si. Pero de amor por ella.
—Pensé
que nunca iba a volver a querer a nadie como te quise a ti… -comenté volviendo
a mirarla.
—¿Pero?
—Pero
me equivocaba.
—¿Es
Malú verdad? Preguntó curiosa.
—¿Malú?
¿Estás de coña? –dije disimulando de la mejor forma posible.
—Al
resto de la gente puede. Pero sabes que a mi no puedes mentirme.
—No
te estoy mintiendo Laura –pero no soy capaz de mirarla a los ojos.
—¿Te
has enamorado de ella? –preguntó levantándome la cabeza para volver a unir
nuestras miradas.
—Estoy
enamorado… -En ese momento deseo gritarle al mundo lo mucho que la quiero. Y contengo mis ganas. —Pero
no es de ella ¿Por qué iba a serlo?
Miré a Laura con la suficiente confianza como para que mis
palabras sonaran convincentes. Lo de que a ella no puedo mentirle es verdad. Pero
no solo a ella. En general soy un desastre para mentir. Clavó su mirada en mi antes
de responderme.
—Porque
antes a mi también me mirabas como la mirabas a ella el otro día. –dijo casi en
un susurro.
Desvié la mirada y agaché la cabeza de nuevo. Lo había conseguido. Unas simples palabras lo habían conseguido. El estomago se me
encogió. Sentí un pellizco en lo más profundo del alma. No supe que decir.
Simplemente la miré sin decir nada. Me sonrió levemente y me abrazó. Abrazo que
no tardó en interrumpirlo Raulito, que salió al salón con tres copas y con
todas las botellas de alcohol que había encontrado por la cocina. Y nuestra fiesta improvisada continuó hasta altas horas.
El timbre sonó. Su sonido retumbó repetidas veces en mi cabeza, provocándome un malestar generalizado. Las consecuencias de la noche anterior llamaban a mi puerta. O más bien ya habían llegado. Me levanté del sofá. No recuerdo bien que hacia durmiendo allí. Llevaba puesta la ropa de la noche anterior. Miré el reloj. Eran las tres de la tarde. Me dirigí hasta la puerta y abrí sin pensarlo dos veces. Los ojos se me abrieron de par en par y las legañas se me quitaron de un plumazo. No le di tiempo a decir nada. La abracé y la levanté en el aire.
—¿Que haces aquí? -dije sorprendido
—¿No te ha gustado mi sorpresa? ¿Noche larga no? -preguntó dirigiendo su mirada a mis pintas.
—Me ha encantado. Te echaba de menos...
Un ruido se escuchó en el piso de arriba. Alguien empezaba a bajar las escaleras. Era Laura. Tapada solo con una toalla. Flipó al vernos. Pero podéis imaginar quien flipó más en aquel momento. Yo el primero porque no me acordaba de nada. Pero Malú... Malú palideció. Nunca en todo el tiempo que la conozco la había visto así. Un montón de lágrimas se acumularon en sus ojos, haciendo que su brillo no fuera el de siempre. Me miró con desprecio. Con todo el que supongo que aquella escena le había producido.
—Ya lo veo... ¡Eres un cabrón! -y tras dejarme un recuerdo en mi mejilla izquierda se marchó de allí.
—¡Malú espera! -grité saliendo detrás de ella.
Pero no se detuvo. Corrió como si no hubiera mañana. Y tal vez no lo hubiera. Subió a su coche y desapareció dando un acelerón.
El timbre sonó. Su sonido retumbó repetidas veces en mi cabeza, provocándome un malestar generalizado. Las consecuencias de la noche anterior llamaban a mi puerta. O más bien ya habían llegado. Me levanté del sofá. No recuerdo bien que hacia durmiendo allí. Llevaba puesta la ropa de la noche anterior. Miré el reloj. Eran las tres de la tarde. Me dirigí hasta la puerta y abrí sin pensarlo dos veces. Los ojos se me abrieron de par en par y las legañas se me quitaron de un plumazo. No le di tiempo a decir nada. La abracé y la levanté en el aire.
—¿Que haces aquí? -dije sorprendido
—¿No te ha gustado mi sorpresa? ¿Noche larga no? -preguntó dirigiendo su mirada a mis pintas.
—Me ha encantado. Te echaba de menos...
Un ruido se escuchó en el piso de arriba. Alguien empezaba a bajar las escaleras. Era Laura. Tapada solo con una toalla. Flipó al vernos. Pero podéis imaginar quien flipó más en aquel momento. Yo el primero porque no me acordaba de nada. Pero Malú... Malú palideció. Nunca en todo el tiempo que la conozco la había visto así. Un montón de lágrimas se acumularon en sus ojos, haciendo que su brillo no fuera el de siempre. Me miró con desprecio. Con todo el que supongo que aquella escena le había producido.
—Ya lo veo... ¡Eres un cabrón! -y tras dejarme un recuerdo en mi mejilla izquierda se marchó de allí.
—¡Malú espera! -grité saliendo detrás de ella.
Pero no se detuvo. Corrió como si no hubiera mañana. Y tal vez no lo hubiera. Subió a su coche y desapareció dando un acelerón.
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Bueno.... En primer lugar quiero disculparme por este parón. He estado liada y no he tenido tiempo para escribir... Ahora lo he encontrado. Asi que espero que os guste. Un beso!


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