viernes, 26 de septiembre de 2014

Capítulo 30 (Entre tú y yo guerra fría)

En ese momento pasan mil cosas por mi cabeza. Y en todas aparece ella. La mujer a la que quiero con locura. La misma que me va a odiar para siempre. Me desplomo abatido en plena calle. Pero ya nada importa. Se ha ido. Se ha ido sin querer escuchar mis palabras. Y peor aún sin mirarme. Me siento fatal. Es la peor sensación del mundo. Porque si ella me falta nada tiene sentido. Porque no imagino mi vida si no es ella la que está a mi lado. Es mi razón de ser. La luz que ilumina mis mañanas. La sonrisa que me hace sonreír. La fuerza que necesito para afrontar los días malos. Y también los buenos. Porque solo ella tiene la clave para mejorarlos. Y ahora la he perdido...



Saco fuerzas de donde no las hay y me levanto del suelo. Subo a mi casa con la intención de averiguar lo que ha pasado minutos antes. Que Laura iba desnuda por mi piso era una realidad. Pero estoy tranquilo. Porque a pesar de que pareciera obvio, sé que no he hecho nada. Que todo tendrá una explicación. Y que seguramente será de lo más simple. Y aunque ella ya no quiera escucharla yo si quiero descubrirla.

Abrí la puerta con desgana. Miré al frente y despejé mis dudas de inmediato. Ya no me hacen falta explicaciones porque acabo de entender lo que ha pasado aquí. Nada más entrar me encontré a Raúl danzando por el salón con muy poca ropa. Y es ahora cuando me encajan todas las putas piezas de este puzzle. Ahora si que si. Blanco y en botella... Mi mejor amigo se ha acostado con mi ex. Fin de la historia.

Negué con la cabeza sin quitarle la mirada de encima. Sé que sabe que lo sé. De hecho se da cuenta de que mi mosqueo aumenta a una velocidad de vértigo. Me pide calma haciendo un gesto con las manos. Pero precisamente eso es algo que ahora mismo soy incapaz de encontrar. Así que me dirijo hasta él con cara de muy pocos amigos y de un empujón lo hago caer en el sofá.

—¡Raúl, me cago en tu puta madre! -exclamé.

Pero apareció Laura para salvar el pellejo de su reciente follamigo. Me paró los pies separándome de él. No sé que coño hacer con la rabia que tengo acumulada y lo acabo pagando con la pared que tengo más cerca. Descargo toda la ira de un puñetazo que me destroza los nudillos de la mano derecha. Y muero de dolor. Pero da igual. Nada duele más que pensar que nunca volveré a besar sus labios. Me volví hacia ellos con cara de pocos amigos. Respiré hondo intentando encontrar la calma que necesito. Pero es bastante complicado encontrarla en esas circunstancias.

—Me importa una puta mierda si habéis follado o no -pronuncié con un elevado tono de voz apuntándolos con mi dedo índice. ¿Pero teníais que hacerlo en mi casa?

Ambos me miran callados. Serios eso si. Se limitan a comerse la bronca. La culpa de que Malú se haya pensado lo que no es, no es de ellos. Hasta ahí estamos de acuerdo ¿Pero tenían que echar el polvo en mi casa? Sé que en caliente las cosas sientan peor o se les da más importancia de la que tienen. Es un mal entendido y ya está. Deben ser los astros que se han alineado en mi contra. Eso o que me ha mirado un tuerto. O que el puñetero cupido me odia de verdad. No sé. Un cúmulo de casualidades sin más.

—Ahora iros a hacer con vuestras vidas lo que os de la gana. Los dos solitos acabáis de joder la mía -dije sentándome en el sofá.

—Nacho. Deja que nosotros se lo expliquemos. Lo entenderá joder. -dijo Laura.

—Gracias pero ya habéis hecho bastante ¿no crees?

—Es un error. Un mal entendido. Cuando le contemos la verdad se le pasará el enfado -insistió ella.

—¿Qué se le pasará el enfado? ¿Qué pensarías tú si encuentras a una tía desnuda en casa de tu novio? Una tía que además resulta ser su ex.

Y de nuevo me miran sin hablar. Raúl no ha sido capaz de pronunciar palabra. Sé que está avergonzado. Sé que en sus cabales jamás se habría tirado a mi ex. Y menos en mi casa. Pero en ese momento le odio por la que me ha liado.

—Quiero estar solo de verdad -dije con mucha más calma.

Cumplieron mi deseo. Me quedé solo, tirado en el sofá donde había pasado la noche. Sin poder dejar de pensar. Sin poder quitármela de la cabeza ni un solo minuto. Cogí el móvil. Le envié varios whatsapps. Las horas pasaron lentas. Muy lentas. Y el resultado era claro. Mil whatsapps sin respuesta y llamadas con la misma fortuna. Malú no quería ni oír hablar de que existo. La entiendo. Pero yo necesito contarle la verdad. Aunque suene a coña. Aunque probablemente no me crea. Necesito hacerlo.

Así que dejé de perder el tiempo en el sofá. Cogí las llaves de mi coche y puse rumbo hasta su casa. Me cansé de llamar. Pero no encontré respuesta. Resoplé sin saber muy bien que hacer. No sé si es que no está en casa o simplemente no quiere abrirme la puerta. Y algo pasa entonces por mi cabeza. Tal vez no es la mejor opción. Pero es la única que se me ocurre. Tecleo en los contactos del iPhone el número de Jose.

—Hola -contesta al otro lado del teléfono. Por su tono de voz intuyo que debe saberlo todo.

—Jose. Necesito saber donde está tu hermana. No me coge el teléfono, ni me contesta a los whatsapps. Y tampoco está en casa...

—Nacho, no se que coño ha pasado entre vosotros. Pero a mi no me metáis en vuestros líos.

—Es importante. ¿Dónde está?

—Se ha ido a Alicante. El próximo concierto es allí. Dice que se pillaba estos días para desconectar. Pero ya veo que lo que no quiere es verte.

—Escúchame. Necesito que me digas el hotel donde está. Tengo que hablar con ella.

—Mira, no se que os pasa. Pero ella sabia que recurrirías a mi. Y me ha dejado claro que no te diga nada.

—Voy a averiguarlo con tu ayuda o sin ella.

—Tío no la agobies. Déjala desconectar y cuando vuelva habláis de lo que tengáis que hablar.

—¿Cuándo es el concierto? 

—El viernes.

Me despedí de él y colgué el teléfono. Volví a casa bastante desanimado. Esperaba encontrarla allí y sin embargo ha sido más lista que yo. Pero no me apetece esperar a que vuelva. Se me ocurre sorprenderla en el concierto y allí explicarle todo. Sé que no quiere escucharme, pero tendrá que hacerlo.

Los días siguientes son depresivos. Hace tres que no veo la luz del sol. Y tampoco hago nada por remediarlo. No salgo de casa ni para comprar el pan. Lo único que me preocupa es solucionar mis problemas con ella.

El viernes salgo temprano hacia Alicante. La idea es pillar el menor tráfico posible. Pero parece que hoy a toda la gente le ha dado por madrugar. A pesar de todo solo llego media hora después de lo que había previsto. 




Localicé el pabellón donde se iba a celebrar el concierto. No me costó trabajo hacerlo. A las puertas se concentraba un numeroso grupo de fans acampados con tiendas de campaña. Así que no había dudas de que era ahí. Miro el reloj. Quedan al menos cuatro horas para que comience el espectáculo. Pero conociéndola estoy seguro que ya está indagando por el lugar del show. Le encanta hacerlo. Entré fácilmente con la acreditación que guardo durante toda la gira. Voy a la zona del backstage, donde me encuentro con un montón de caras conocidas. Además son ellos los que me indican donde le han montado el camerino a mi chica. 

Me dirijo hasta allí y sin pensarlo dos veces abro la puerta con decisión. Allí está ella. Tan guapa como siempre pero sin el brillo que caracteriza su mirada. Esa que ahora me mira con odio. Nunca había visto tanto rencor acumulado en esos preciosos ojos. El gesto le cambia al verme. Pero ya no hay marcha atrás. Cierro la puerta con pestillo y me acerco hasta donde está.

—¿Que cojones estás haciendo aquí? Nacho vete ahora mismo.

—Cariño necesito hablar contigo -insistí.

—No me llames cariño. Y vete. Yo no tengo nada que hablar contigo.

Intenta irse de mi lado. Se dirige hacia la puerta para marcharse de allí y dejarme con un palmo de narices. Pero freno sus pasos agarrándola del brazo y obligándola a quedarse.

—Malú por favor.... Mira no me hables si no quieres. Ódiame para siempre. Pero de verdad necesito explicártelo todo. Solo quiero que sepas la verdad. Porque mereces saberla. -hice un parón para mirarla. —Después tienes vía libre para pegarme otra hostia o hacer lo que creas conveniente.

—Habla -dijo cruzándose de brazos.



—No pasó nada con Laura... Lo intentó. Me besó de hecho. Íbamos pasadísimos de alcohol y se lanzó a mis labios. ¿Y sabes que pasó? Que me aparté. Me aparté porque yo no quiero los labios de otras. Porque yo te quiero a ti. Solamente a ti. Porque me tienes loco. Porque te necesito todos los días a mi lado, a todas horas...

—Dos copas más y te olvidaste de todo eso ¿no?

—No. Cuando llegaste tú estaba durmiendo en el sofá con la ropa de la noche anterior. Laura y Raúl se habían acostado juntos en mi cama -dije compartiendo con ella esa mirada de incredulidad. —Si. A mi también me cuesta creerlo. Pero ya ves... De ahí que Laura bajara semi-desnuda por las escaleras.

Me acerqué hasta ella. Se había quedado pensativa pero seguía fría como el hielo. Sin pronunciar palabra y sin ni siquiera mirarme a los ojos. Y eso me duele más que nada en este mundo. Creo que no se ha creído ni una palabra de lo que acabo de contarle.

—Solo quería ser sincero contigo. Que supieras la verdad. Para que al menos no me odies... 

Y en ese momento sentí que ya no tenía nada que hacer en aquel lugar. Que de verdad se había acabado. Que no quería saber nada más de mi. Tal vez, como dice una de sus canciones, ya no había nada por lo que luchar. 

Se me cayó el mundo encima solo de pensarlo. En el fondo tenía la esperanza de que lo arreglaríamos. Y de que todo esto quedaría en una anécdota de lo más tonta. Pero parece que no. Y no la culpo por ello. Un nudo enorme se formó en mi garganta. Tragué saliba e intenté de todas las formas posibles disimular mi dolor. Me acerqué y le di un beso en la mejilla antes de marcharme. Puede que el último.

—Adiós... -susurré.


---------------------------------
Bueno un capi más y uno menos para el final. Queda poquito!! Abrazo a todoos! Nos leemos por twitter!!

martes, 23 de septiembre de 2014

Capítulo 29 (Borracho de amor)


—Vaya yo también me alegro de verte.

—Perdona. Es que… -La miré intentando encontrar las palabras adecuadas. Algo imposible. Así que me decanté por la pregunta más obvia que podía hacer en aquellas circunstancias. —¿Pasa algo Laura?

—¿Te pillo en mal momento? –preguntó mirándome de arriba abajo.

En ese momento me di cuenta de que iba semi-desnudo. De forma casi intuitiva me sujeté la toalla por la cintura. Ella siguió barriendo mi cuerpo como si tal cosa. Me incomoda bastante la situación. Y sé que ella lo sabe. Aunque parece resultarle divertido.

—Oye tranquilo. No voy a ver nada que no haya visto ya –comentó lanzando una sonrisa al aire.

—Supongo que no habrás venido solo para esto. Te lo digo porque yo he quedado para cenar con Raúl y debe estar al caer.

—¿Sabes una cosa? Nunca soporté a tu amigo Raúl -apuntó con calma.

—Lo sé. Y también sé que el sentimiento es mutuo.

Apenas había acabado de pronunciar la última frase cuando apareció Raúl en la puerta de casa. De la que por cierto no nos habíamos movido en todo el rato. Se paró y nos miró algo desconcertado. Supongo que debe ser raro encontrarme medio en pelotas hablando con mi ex.

—Hola… -saluda mirándonos a ambos.

—¡Raúl! ¿Qué tal? –preguntó mi ex fingiendo una sonrisa falsa.

Se saludan por puro compromiso dándose dos besos. Los miro riéndome. A decir verdad la escena es graciosa. Las caras de los dos son un poema. Nunca se gustaron. Y tampoco se molestaron en disimularlo. Lo justo y necesario. Saludos y poco más.

—Oye chicos. ¿Os importa si me uno a la cena?

Y esa pregunta me pilla a traición y me deja totalmente fuera de combate. Raúl me hace gestos desde atrás para que no se me ocurra decir que si. Intento no mirarlo demasiado porque me entra la risa tonta de verlo. Sin embargo mis palabras no son capaces de salir de mi boca. Mi amigo se acerca hasta mi. Me abraza por el hombro y mira a mi ex.

—Eh mira Laura… Es que es una cena de hombres. Tenemos cosas de las que hablar… No se si me explico… -comenta él lanzando una indirecta.

—¿Ah si? ¿Fútbol y coches? ¿A eso se le puede llamar hablar? -apunta Laura.

—¿De que nos vas a hablar tú? ¿Del último bolso que te has comprado? -contraataca mi amigo.

—¡Bueno vale ya! Vamos a cenar. Pero como sigáis así el que se queda en casa soy yo –dije de manera tajante intentando poner paz.

Ambos me miraron y aceptaron a regañadientes. Iba a estar divertida la cena. Subí a cambiarme. Lo hice de forma veloz para no dejarlos a solas mucho tiempo. Había cuchillos cerca y no era plan de que mi casa se convirtiera en el escenario de un crimen. Saldría en la sección de sucesos de todos los periódicos. Y ya tenía bastante con que en las redes sociales se especulara sobre mi supuesta relación con Malú.

La cena fue más tranquila de lo que a priori parecía. Charlamos durante horas de manera civilizada. Aunque los piques de Raúl y Laura no desaparecieron del todo. Eran como dos niños y a veces me sacaban de quicio.

Aproveché el parón de los cafés para salir a la calle a llamar a mi chica. Su concierto ya debía de haber acabado y ahora estaría híper eufórica gritando por los pasillos. Sonreí al imaginármela

—¡Hola princesa! -dije nada más que descolgó.

—¡Hola príncipe! –exclamó una voz de hombre al otro lado del teléfono.

—Jose, eres un gilipollas. ¡Pásame a tu hermana!

—Yo también te quiero cuñado. Un beso.

Me reí por la bromita de Jose. Y por fin escuché su voz.

—Perdona cariño. Está gracioso porque una fan le ha dicho guapo y se le ha subido a la cabeza. ¿Qué tal el casting?

—Bueno…Bien -dije poco convencido.

—No me gusta ese bien… ¿no ha ido como esperabas no?

—No. Pero no pasa nada. Lo importante ahora… ¿Qué tal el concierto?

—Increible. Super especial. No sabes cómo es la gente aquí… ¿Y por ahí que tal?

—Bien. Estoy cenando con Raúl y con Laura.

—¿Laura? ¿Tu ex? -se interesó ella.

—Si. Nos la hemos encontrado y se nos ha acoplado. Pero no creo que tardemos en quitárnosla de encima -añado para quitarle importancia al asunto.

—Genial… Muy maja tu ex.

—¿No estarás celosa? Sabes que yo solo tengo ojos para ti.

—No son celos tonto –dijo con un tono de voz dulce. —Pero me gustaría estar ahí.

—Te aseguro que a ella también le gustaría que estuvieras. Pero si no se entera de lo nuestro mejor. No imaginas lo pesada que es.

Mis amigos me sorprenden apareciendo en la puerta del restaurante, así que solo se me ocurre disimular la conversación.

—Bueno mamá, tengo que dejarte.

Mi chica se parte de la risa al otro lado. Supongo que se imagina que ya no estoy solo.

—Anda, pasadlo bien. Te quiero tontito.

—Te quiero. Un beso.

Creía de verdad que tras la cena nos iríamos cada uno a su nido. Pero ya se sabe como son estas noches. Sabes cuando empiezas pero difícilmente sabes cuando acabas. Fuimos a tres o cuatro pubs diferentes. Los más frecuentados de la ciudad de Alcorcón. Bailamos, charlamos y sobre todo bebimos. Bebimos una gran cantidad de alcohol. Gintonics elaborados de mil y una formas. Y chupitos. Chupitos de todos los colores, que nos sirvieron para realizar incontables brindis.



Perdí completamente la noción del tiempo. Serían las cuatro o las cinco de la madrugada cuando aterrizamos literalmente en el portal de mi casa. Demasiada cantidad de alcohol en sangre. Y si no era suficiente el que llevábamos encima, a los chicos se les ocurrió que tomáramos la última. ¿Y quien era yo para negarme? Lo estábamos pasando bien. Y sobre todo, por primera vez en toda la noche, mi amigo y mi ex estaban de acuerdo en algo.

Subimos en el ascensor. Les imploré de todas las maneras posibles que no hicieran ruido hasta que no entráramos en el piso. Pero fue inútil hacerlo. Un gasto de saliva para nada. La más mínima tontería servía para descojonarse de la risa y montar escándalo. Y como no podía ser de otra forma allí estaba Raúl. Tirado en el suelo del rellano mientras un ataque de risa se adueñaba de él. Vete tu a saber porqué… Tampoco me interesaba saberlo. Un simple silencio me habría bastado. Porque no os imagináis como es su risa… Es exageradamente exagerada. Laura con su punto de embriaguez no tardó en contagiarse. Así que a estas alturas creo que los vecinos ya deben estar despiertos y marcando el número de la policía. Afortunadamente no tardé demasiado en atinar con la llave en la cerradura.

Me dejé caer en el sofá mostrando un claro gesto de cansancio. Raúl al verme se ofreció a preparar las copas y se marchó a la cocina dejándome a solas con Lau, que se sentó a mi lado. Saqué el móvil para mirar la hora. Y de paso el whatsapp. Sabía que no tenía ninguno de ella. Pero ver nuestra conversación me hacía sonreir como un auténtico idiota. Lo necesitaba.

—¡Eres un pesado! ¿No desconectas nunca o que? –dijo Laura quitándome el móvil de la manos.

—Eiiii ¡Dámelo Lau! –protesté echándome encima de ella.

A la que quise darme cuenta estaba recostado en el sofá sobre mi ex, intentando atrapar mi móvil de sus manos. Claro que cualquiera que hubiese visto la escena no habría pensado precisamente en eso.

Sin saber como, nuestras miradas se cruzaron y el tiempo pareció detenerse. Realmente no sé si lo hizo. El contacto se rompió cuando su mirada se dirigió a mis labios. Los acarició suavemente con uno de sus dedos hasta que decidió besarlos. Y yo saboreé ese beso sin oponer resistencia. Cerré los ojos y simplemente me dejé besar. Solo hasta el momento en el que los abrí. Abrí los ojos y no encontré los ojos, ni los labios, ni la sonrisa que yo necesitaba.



—¡Para, para! –me aparté de inmediato y me eché las manos a la cabeza.

—Lo siento… -susurró acariciando mi pierna.

Creo que la borrachera se me quitó de golpe. Si, lo hizo. Y quizás también la suya. Que me habló con una calma impropia de ella. Parecía entenderme. Y de alguna forma sentí la necesidad de explicarle lo que pasaba por mi corazón. Lo que sentía de verdad. Las conversaciones en estado de embriaguez pueden llegar a ser muy interesantes. Dicen que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad. Y puede que yo estuviera borracho, si. Pero de amor por ella.

—Pensé que nunca iba a volver a querer a nadie como te quise a ti… -comenté volviendo a mirarla.

—¿Pero?

—Pero me equivocaba.

—¿Es Malú verdad? Preguntó curiosa.

—¿Malú? ¿Estás de coña? –dije disimulando de la mejor forma posible.

—Al resto de la gente puede. Pero sabes que a mi no puedes mentirme.

—No te estoy mintiendo Laura –pero no soy capaz de mirarla a los ojos.

—¿Te has enamorado de ella? –preguntó levantándome la cabeza para volver a unir nuestras miradas.

—Estoy enamorado… -En ese momento deseo gritarle al mundo lo mucho que la quiero. Y contengo mis ganas. —Pero no es de ella ¿Por qué iba a serlo?

Miré a Laura con la suficiente confianza como para que mis palabras sonaran convincentes. Lo de que a ella no puedo mentirle es verdad. Pero no solo a ella. En general soy un desastre para mentir. Clavó su mirada en mi antes de responderme.

—Porque antes a mi también me mirabas como la mirabas a ella el otro día. –dijo casi en un susurro.

Desvié la mirada y agaché la cabeza de nuevo. Lo había conseguido. Unas simples palabras lo habían conseguido. El estomago se me encogió. Sentí un pellizco en lo más profundo del alma. No supe que decir. Simplemente la miré sin decir nada. Me sonrió levemente y me abrazó. Abrazo que no tardó en interrumpirlo Raulito, que salió al salón con tres copas y con todas las botellas de alcohol que había encontrado por la cocina. Y nuestra fiesta improvisada continuó hasta altas horas.


El timbre sonó. Su sonido retumbó repetidas veces en mi cabeza, provocándome un malestar generalizado. Las consecuencias de la noche anterior llamaban a mi puerta. O más bien ya habían llegado. Me levanté del sofá. No recuerdo bien que hacia durmiendo allí. Llevaba puesta la ropa de la noche anterior. Miré el reloj. Eran las tres de la tarde. Me dirigí hasta la puerta y abrí sin pensarlo dos veces. Los ojos se me abrieron de par en par y las legañas se me quitaron de un plumazo. No le di tiempo a decir nada. La abracé y la levanté en el aire.

—¿Que haces aquí? -dije sorprendido

—¿No te ha gustado mi sorpresa? ¿Noche larga no? -preguntó dirigiendo su mirada a mis pintas.

—Me ha encantado. Te echaba de menos...

Un ruido se escuchó en el piso de arriba. Alguien empezaba a bajar las escaleras. Era Laura. Tapada solo con una toalla. Flipó al vernos. Pero podéis imaginar quien flipó más en aquel momento. Yo el primero porque no me acordaba de nada. Pero Malú... Malú palideció. Nunca en todo el tiempo que la conozco la había visto así. Un montón de lágrimas se acumularon en sus ojos, haciendo que su brillo no fuera el de siempre. Me miró con desprecio. Con todo el que supongo que aquella escena le había producido.

—Ya lo veo... ¡Eres un cabrón! -y tras dejarme un recuerdo en mi mejilla izquierda se marchó de allí.

—¡Malú espera! -grité saliendo detrás de ella.

Pero no se detuvo. Corrió como si no hubiera mañana. Y tal vez no lo hubiera. Subió a su coche y desapareció dando un acelerón.

--------------------------
Bueno.... En primer lugar quiero disculparme por este parón. He estado liada y no he tenido tiempo para escribir... Ahora lo he encontrado. Asi que espero que os guste. Un beso!