viernes, 7 de noviembre de 2014

Capítulo 32 (A prueba de ti)


Sigue pensativa. Pero no me aparta la mirada en ningún momento. Y mientras, yo me pierdo en sus ojos. Que hoy brillan con más fuerza que nunca. O al menos lo hacen de una forma distinta. Y sé que esa es la luz que ahora ilumina mi camino. El lugar perfecto donde refugiarme para siempre. Como si mientras permanezca en ellos nada malo pueda ocurrir. Porque una sola mirada suya es capaz de cambiar mi mundo.
De repente sus labios se empiezan a curvar, dando paso a una dulce e irresistible sonrisa. Y los míos se contagian en un microsegundo. Porque si. Porque van acordes. Al igual que nosotros. Es entonces cuando creo saber su respuesta. Y no puede caber más felicidad en mí.

—¿Eso es un si? –pregunté.

—Cállate y abrázame.

Me acerco lentamente sin poder dejar de sonreír. Nuestras miradas no se separan ni un solo segundo. Y estoy seguro de que podrían estar así todo el tiempo del mundo. Rompo el contacto en el momento en que decido abrazarla. Porque ahora necesito sentirla. La aprieto con tanta fuerza que casi nos fundimos en un solo cuerpo. Se queja ligeramente emitiendo un sonido que ni yo mismo soy capaz de distinguir. Pero pronto es su risa lo que sale de su boca. Doy vueltas con ella en brazos. Hasta que terminamos cayendo en la cama de aquella habitación de hotel. Beso su cabello y hundo mi nariz en él. Su olor me envuelve por completo. Solo el aroma de su champú ya me lleva hasta el universo más lejano. Pero por si esto no fuera suficiente, tiene la manía de impregnar su pelo con gotas de su perfume favorito antes de secarlo. Y el resultado es mi absoluto delirio.

Toda ella me hace delirar. Con un solo gesto me transporta a lugares donde probablemente ningún hombre haya estado jamás. Por eso me siento el tío más afortunado del planeta. Miles de millones de personas en todo el mundo y me ha ido a elegir a mí. La verdad es que cuando lo pienso en frío hasta me da miedo. Pero ahora no era el momento de perderme en mis pensamientos, sino de perderme en ella. Besos, abrazos, caricias, gestos, miradas, pasión, lujuria, deseo… Esa mezcla que nos lleva a vivir una de las noches más apasionadas desde que estamos juntos. Hacemos el amor tantas veces que pierdo la cuenta a partir de la tercera. Y el mar es el único testigo de nuestra noche de amor clandestino. Y es ese mar de la costa alicantina el que nos guardará el secreto para siempre.



Llegamos a Madrid a media mañana. Supuestamente hoy era día de descanso para mi chica. Y digo supuestamente porque ya nos habíamos ocupado nosotros de convertirlo en un precioso día de mudanza. Llenamos su coche y el mío de cajas con las cosas que previamente habíamos empaquetado. La verdad es que la mañana había sido bastante entretenida.

—Creo que con todo esto podré sobrevivir -dije cerrando la puerta del portal con la última caja a cuestas.

—Eso espero. La casa no te la traes porque no tiene ruedas que si no... -bromeó Malú.

—¡Nacho! -exclamó una voz familiar a lo lejos.

Me giré nada más escuchar mi nombre. De hecho ambos lo hicimos. Genial. Lo que me faltaba. Mi gran amigo Raúl. Ese mismo que me la había liado tirándose a mi ex novia en mi propia cama. Ese por el que casi pierdo a la mujer de mi vida. No lo había vuelto a ver desde ese día. Y no sé porqué, pero pienso que este encuentro no debe ser casual.

—Hola tío -dijo amable —Hola Malú.

Mi chica se limitó a sonreírle en forma de respuesta y se apartó un poco para dejarnos hablar. Pero la paré cogiéndola de la mano y volviéndola a situar a mi lado para hacerle saber que no sobraba.

—¿Que quieres Raúl? -pregunté.

—Pedirte perdón. Lo siento mucho de verdad.

—Mira tío, lo que hagas con mi ex ni me va ni me viene. Lo que me jode es que casi me cuesta mi relación.

—Lo siento. Y me alegro de que estéis bien en serio... ¿Te marchas? -preguntó señalando mi caja.

—Sí. Me mudo con ella. Y tenemos un poco de prisa la verdad.

—Vale. Hablamos en otra ocasión -dijo despidiéndose.

Me dolía mucho estar así con el que ha sido mi mejor amigo desde que éramos niños. Pero no podía evitarlo. Después de todo lo que pasó se me activaba solo mal carácter. Miré a Malú, que me lanza una miradita que me atraviesa. Y entiendo a la perfección lo que quiere. Ella me ha perdonado a mí, que era lo importante. ¿Por qué no iba yo a hacerlo yo con él?

—¡Raúl espera! -exclamé.

Se giró y me miró. Y sin decir nada más me acerqué y le di un abrazo amistoso. Porque nosotros no habíamos nacido para estar enfadados. Teníamos nuestras cosillas si, pero como todos los amigos del mundo. Nada que no se solucione en una tarde de cañas.


Por fin llegamos a nuestro destino. A esa casa que pronto se convertiría en mi nuevo hogar. Descargamos todas las cajas dentro de la casa. Y ahora había que hacer malabarismos para pasar entre ellas sin chocarte con ninguna. La de cosas que se llegan a acumular en un casa sin aparentarlo…



Dicen que las mudanzas son estresantes. Y sin embargo yo estoy viviendo uno de los momentos más emocionantes que alguien puede sentir. ¿Hay algo más especial que compartir tu vida con la persona que tu has elegido? Es tan bonito que ni siquiera una mudanza puede resultar incomoda, sino todo lo contrario. Sentía que una nueva vida empezaba. Y en realidad era así. Una vida con ella. Una vida donde verla despertar a mi lado todas las mañanas. Donde compartirlo todo... Desde el espacio de su armario, hasta el vaso donde dejar el cepillo de dientes. Y enamorarme cada día un poco más. Enamorarme de todas sus manías. Como cuando no quiere levantarse de la cama y se cubre entera como si el edredón la hiciera invisible. Me saca sonrisas con las cosas más insignificantes del mundo. Y sé que he llegado a un punto donde necesito de ella para sobrevivir.

—Cariño, ¿Que tal si hacemos un descanso de media horita? -propuso mi chica.

—Mmm ¿y que quieres hacer en esa media horita?

—Dime una cosa. ¿Tú siempre estás pensando en lo mismo? -dijo en un tono de cabreo algo confuso.

—Ehh... Bueno no exactamente -dije algo cortado.

—¡Que es broma tonto! -exclamó tirándome el primer cojín que le vino a mano.

—¡Serás! –protesté —Tenía una cosa para ti. Pero ahora por lista tendrás que esperar -dije sacando algo de entre las cajas.

—Jooo Nachoo, enséñamelo porfa –suplicó con cara de niña buena.

¿Y quien puede resistirse a esa cara? Yo no. Sabe que con ese gesto y con ese tono de voz me tiene más que ganado. Y además se encarga de explotarlo al máximo. Pero la verdad es que me encanta que lo haga. A veces la hago rabiar solo para verla poner esa carita. La miro con cara pensativa para alargar el momento en que sus ojos me lo pidan a gritos.

Ese día está guapísima. Según ella está horrible. Pero eso es lo que opina el 90% de las veces que se mira al espejo. Lleva un pantalón vaquero y una camiseta básica. El pelo recogido con un moño improvisado. Ningún tipo de maquillaje cubre su rostro y sus ojos muestran claros signos de haber pasado en vela la noche anterior. Y es precisamente esa naturalidad lo que hace que esté radiante.

—Está bien... Ven aquí -me senté en el sofá y di un par de golpecitos a mi lado para que ella hiciera lo mismo.

Obedeció al instante. Y vino con la misma ilusión de un niño pequeño cuando se despierta el día de reyes. Se sentó a mi lado acurrucándose entre mis brazos. Lo que tenía en la mano era un album de fotos. Un album con algunos de nuestros momentos juntos. Se lo di para que fuera ella quien lo abriera.

—Son fotos. Fotos de los dos... -aclaré.

Lo abrió por la mitad. Si, mi chica lo de empezar por el principio como que no le va. Se sorprende porque todas las páginas que ha visto están vacias. Simplemente son hojas en blanco. Me mira confusa.

—Cariño, eres un desastre. ¿No te han enseñado a empezar por el principio? Me has jodido la sorpresa.

Me hago el ofendido mientras ella se retuerce de risa en el sofá. Y como no, yo termino por contagiarme también.


—Si empiezas por el principio verás que hay fotos de los dos. Todas las que he recopilado de nuestros momentos juntos... Y bueno las páginas en blanco simbolizan el futuro. Nuestro futuro. Ahora están vacias. Pero me encantaría llenarlas de momentos imborrables contigo. De momentos que podamos recordar siempre. Y que llenemos este y quinientos más si hacen falta...

—Había olvidado lo empalagoso que eres a veces. Y también había olvidado que me vuelve loca cuando lo eres.

—Intentaré controlarme. No quiero que mueras por sobredosis de azúcar. No me lo perdonaría.

—Te quiero -dijo justo antes de besarme.

Ese beso me calla por completo. Pero me da igual. Me preocupo solo de responderle. Saboreo cada rincón de su boca. Sabe a chicle de sandía. Le apasionan los chicles. De hecho su bolso es como entrar en la fábrica de trident. Nunca le falta uno. Aunque no soporta los sabores que a priori podrían considerarse normales. Odia los de menta porque dice que pican demasiado. Y odia los de fresa porque le saben a jarabe.

Por fin abre el album, esta vez por la primera foto. Sonríe de inmediato y yo la miro con tanta ternura que no puedo evitar besar su cabeza. 

—Aquel improvisado día de senderismo... -dijo señalando la primera foto —Me encanta... Es preciosa.


—Lo pasamos genial, si...

—México. Fuimos a comer a un restaurante el mismo día del concierto. Menuda cara de idiota se me quedó cuando te vi aparecer... -señaló la segunda.



—Mejor dicho... Menuda cara de idiota que se le quedó a tu chófer. El pobre debió flipar.

—Bueno y esta... -exclamó señalando la siguiente. —Anda que vaya paliza te metí señor Fernando Alonso.

—Perdona bonita. ¡Te dejé ventaja!




—¡Si ya! 

Y así, foto tras foto, pasamos un buen rato rememorando los momentos que una vez nos hicieron sonreír. Y que volvemos a hacerlo al recordarlos.

Me encantan...

—Sabía que te iban a gustar. En el fondo eres una romántica.

—Oye, ¿tu recuerdas la primera que nos vimos? -Preguntó curiosa.

—Creo que siempre lo voy a recordar. Al igual que siempre voy a amar tu coche. Gracias a que decidiera estropearse, yo tuve la excusa perfecta para entablar conversación contigo.

—No creo en el destino, pero es todo muy casual ¿no?

—Que va cari, las casualidades no existen. Yo te jodí el Q7 aposta -dije bromeando.

—¡Idiota! -exclamó sin poder evitar sonreír.

—No sé Malú... Simplemente pasó. Llámalo destino o casualidad... No sé.

—Nacho... Creo que voy a hacer público lo nuestro -Dijo sin más cambiando de tema.

—¿Que? ¿Estás segura? -pregunté incrédulo.

—No. Pero de lo que si estoy segura es de que te quiero. Te quiero como nunca antes he querido a nadie. Y estoy harta de tener que esconderme de todo. De no poder hacer las cosas que hacen las parejas normales.

—Cariño eres Malú... para lo bueno y para lo malo.

—Ya. Pero tu das todo lo que tienes en esta relación y yo... -la interrumpo poniendo mi dedo indice sobre sus labios.

—Escúchame. No lo hagas por mi. A mi me sobra con saber que estás a mi lado. Hasta ahora nos ha ido bien ¿no?

—Si. Pero ese tiempo que tardamos en planear lo que hacer para que no nos vean juntos es un tiempo perdido. ¿Por que tengo que quitarle tiempo a mi relación y a mi vida? ¿Por que tengo que quitarme tiempo de estar contigo?

—Creo que empiezas a mostrar síntomas de exceso de azúcar...

—Necesito gritarlo. ¡Que se entere el mundo de una vez! -exclamó sacando su iPhone del bolsillo de su pantalón.

—¿Malú que vas a hacer? -pregunté asomándome a su pantalla.

—Sshhh espera -me paró y comenzó a teclear.

Soy capaz de imaginar lo que está haciendo. Y casi estoy más nervioso yo que ella. De repente me paro a pensar en la repercusión que puede tener el hecho de que nuestra relación se haga pública. Pero pronto dejo de hacerlo porque me produce dolor de cabeza. Estoy contento, porque deseaba que este momento llegara. El momento en el que esto dejara de ser un secreto para el mundo. El momento en el que empezáramos a ser una pareja normal. ¿Pero realmente podemos ser una pareja normal siendo ella quien es?

Su cara de concentración es total. Se muerde el labio inferior y mira hacia los lados en busca de las palabras adecuadas. Y por fin las encuentra. Me enseña la pantalla cuando lo tiene terminado y publicado. No hay marcha atrás...

Malú @_MaluOficial_

—————————–—————
Familia! Me gustaria compartir algo con vosotros. Estoy feliz y enamorada! @nachogs85 gracias x hacerme la vida tan fácil! Te quiero! ❤❤❤

Y es aquí y ahora, en este preciso instante, donde comienza nuestra vida...


--------------------------------------------------------------------

Bueno. Pues esto ha sido todo queridos lectores. Y llegado este momento solo tengo palabras de agradecimiento. Porque cuando emprendí esta aventura nunca pensé que me daría tantas satisfacciones. Y sin embargo lo ha hecho. Gracias a todos por estar ahí durante todos estos meses. Por dedicarme incontables palabras de cariño. Porque sois geniales todos. Y sé que no puedo devolveros ni la mitad del cariño que vosotros me habéis dado. Vosotros. Los que habéis conseguido que intentara superarme con cada capitulo. He tenido momentos puntuales de bajón, momentos en los que no me ha salido ni una sola frase, incluso os he hecho esperar semanas enteras... Y allí estabais para entenderme y animarme a seguir. Solo os puedo decir que no me arrepiento en absoluto de haberla escrito. Nunca fue algo que tuviera en mente. Pero lo hice. Y gracias a esto he conocido a personas increíbles. Gente que no se encuentra una todos los días. Y eso es de agradecer.
En fin. ¡Gracias a todos! Espero que os haya gustado. Y podéis darme vuestras opiniones a través de twitter. Estaré encantada de leerlas.
@apruebadeti_

viernes, 3 de octubre de 2014

Capítulo 31 (Vivo y muero para darte amor)

Ya estaba rozando el pomo de la puerta para salir de ese camerino en el que dábamos nuestra relación por acabada cuando, de pronto, frenó mis pasos tirando de la mano que le pillaba más cerca. No sé qué le impulsó a hacerlo, igual que tampoco sé por qué segundos después sus labios se posaban sobre los míos derribando de un golpe el frío que había penetrado entre nosotros. No lo sé pero me encanta. Es una de las mejores sensaciones que he vivido nunca. Un resurgir. Como si alguien te salvara cuando estás a punto de caer, o como cuando recuperas algo que ya dabas por perdido.


Entrelazó sus brazos alrededor de mi cuello y yo agarré firmemente sus caderas para seguir el beso de una forma más cercana. Yo quería sentirla cada vez más mía y, como la mayoría de las veces, ella me lo ponía fácil. De un salto se enroscó a mi cuerpo con sus perfectas piernas. Ni aire ni agua tendrían cabida entre nosotros, igual que desaparecieron las inseguridades y las desconfianzas que esos días había mostrado hacia mi. No había motivo de celos, aunque ella no lo supiera y no quisiera escucharme. Con pasos muy cortos avanzamos hacia el sofá que estaba en la sala. Delicadamente la fui tumbando mientras nuestras lenguas habían descubierto su propio lenguaje con el que decirse todo lo que nuestras mentes ocultaban. Sus manos, desabrochando los botones de mi camisa. Sus labios, jugando con los míos. Su cabello, dejándose alborotar por mis dedos. Y mi cabeza, que volvió a perderse en el laberinto de su cuerpo. Me deshice de su vaquero y del mío casi a la vez, demostrando un dominio que ni yo mismo sabía que tenía. Me separé de su boca, esta vez sabiendo que volvería a ella. Ahora mis labios vagan por otro destino: sus piernas. Las beso y acaricio, acercándome a una zona peligrosa. Noté cómo se le erizaba la piel y provocó lo mismo en la mía. Subí un poco y deslicé la punta de mi nariz por su vientre, justo en el inicio de ese tanga negro que tanto me gusta. Pero sobraba tela en su cuerpo.


Cuando me había entretenido lo suficiente por ahí, se lo quité y fui trepando con besos hasta su cuello. Mi boca volvió a buscar la suya porque había decidido que ya llevaba demasiado tiempo sin saborearla pero, en cambio, mi mano toma rumbo hacia su intimidad. Con el primer roce de mis dedos ya noto como se estremece. El aire entrecortado que salía de su boca e impactaba contra mi oído es uno de los mejores sonidos que existen. Disfrutó de mis movimientos y yo disfrutaba viéndola a gusto entre mis brazos. Se agarró a mi cuello, apretó y sonrío. Y yo me morí viéndola tan plena entre mis manos. Pero llegó un punto en el que necesitaba más, necesitaba sentirla más mía. Y se dio cuenta, como se da cuenta de todo.

Tras quitarme la ropa interior, puso las manos sobre mis hombros para empujarme y dejarme sentado con la espalda apoyada en el respaldo del sofá. Nuestros cuerpos ardían en deseo y sus ojos reflejaban las ganas que nos teníamos. Echaban chispas. Entonces se subió sobre mi y sin más preámbulos encajamos, en todos los aspectos. Es incluso mejor de lo que recordaba. Un gemido, dos, quizás más, y empezó la danza. Mientras sus caderas bailaban le quité la camiseta, que no sé por qué todavía seguía ahí. Y después cae al suelo también su sujetador. Mis labios vuelven a tener otro destino: esta vez son sus pechos los elegidos. Aunque aquí el único elegido soy yo. Ella me eligió a mi para volverme loco. Yo mismo pude notar cómo se excitaba al sentirme aterrizar en su pecho. Me alzó la cabeza y, como antes, me miró a los ojos. Estaban vivos. Le brillaban las pupilas y esta vez no era por las lágrimas. Era la felicidad lo que rebosaba en su mirada. Sonrió, y tenía una sonrisa que invita a imitarla, así que sonreí con ella. Su cuerpo tomó mayor velocidad. Aumentaban los latidos, las emociones y descendía la capacidad pulmonar. No era fácil respirar cuando sus labios se llevaban todo mi aliento. Pero prefiero morir por carencia de oxígeno a vivir sin estos momentos tan nuestros. Y pasó. Pasó que tocamos el cielo, Saturno o el mismísimo infinito juntos. Creo que se llevó parte de mi piel en sus uñas de tanta emoción. Se dejó caer en el sofá y yo me tumbé a su lado. Escondí mi nariz en su cuello. Aspiré su olor. Después de hacer el amor siempre tiene ese olor especial, pero esta vez era mejor aún. Todo era mejor ese día. Todo era mejor porque la había recuperado.


—Siento haber dudado de ti... -Murmuró con una voz que me arañó el alma. Alcé uno de mis dedos y lo puse sobre sus labios para que no siguiese hablando.

—No tienes nada que sentir. Si me pongo en tu lugar yo también reaccionaría así si viera a un ex semidesnudo es tu casa.

—Ya pero...

—No hay peros. Simplemente dime que me quieres.

"Te quiero". Lo dijo. Una y otra vez. Intercalándolo con besos y caricias. Y yo solo la interrumpí para decírselo también a ella. Dos palabras, ocho letras y un montón de sentimientos.

¿Malú? -una voz de mujer al otro lado de la puerta interrumpió nuestro momento mágico.

Mierda. Mierda -dijo mientras se levantaba a toda prisa y se ponía la ropa a la misma velocidad.

¿Malú estás ahí? -insistieron desde fuera.

¿Que hago? -pregunté con una risa tonta.

Sí. No sé muy bien porqué... Pero me dio por reirme. Tal vez era felicidad. Felicidad por tenerla a mi lado. Aunque no fuera en el mejor lugar ni en las mejores circunstancias. Pero eso es lo que precisamente lo hacia divertido. Malú, sin poder evitarlo se acabó contagiando de mi risa. Y eso me hizo más feliz todavia. Ver como juntos encontrábamos la felicidad hasta en momentos como ese. Ver como juntos nos reíamos del mundo.

¡Al baño Nacho! -exclamó arreglándose el pelo.

Cogí la ropa. Me vestí como pude en un tiempo record. Comprobamos que no quedara ninguna pista de aquel arrebato pasional. Tras eso hice caso a mi chica y me escondí en el baño de aquel lugar convertido en camerino. Ella abrió la puerta. Y momentos después la voz de su manager inundó la sala. Parecía cabreada.

¿Se puede saber que coño hacías?

Eh... Estaba... Bueno que más da. ¿Qué pasa?

—¿Cómo que que pasa? Cielo baja de la nube. Llevan veinte minutos esperándote para la prueba de sonido.

Joder se me ha ido la hora. Lo siento.

Venga. ¡Te quiero allí ya!

Dame un minuto. Voy ya.

La puerta se cerró con bastantes ganas y las voces dejaron de escucharse. Creía que se habían ido. Estaba convencido. Pero cuando iba a salir de mi edcondite, la puerta del baño se abrió.

¡Joder vaya susto me has dado! -exclamé llevándome la mano al pecho. Pensé que no había nadie.

Me voy a la prueba de sonido. Te veo después -dijo dándome un beso fugaz.

Se despidió de mi y se marchó casi volando. Que ajetreada es la vida de una cantante de la talla de Malú. Todo el día liada de aquí para allá. A veces sin un momento para compartir con tu gente. 
Salí de aquel cuarto y momentos después también del camerino. Me marché a explorar el lugar hasta que se hiciera la hora del concierto. Y el concierto llegó. Y una brillante Malú se comió el escenario con más fuerza de lo habitual. Estaba pletórica. Saltaba, corría, bailaba... Se divertía como nunca. Y de vez en cuando me dirigía una miradita que me hacía sentir el hombre más grande del mundo. Y al fin y al cabo lo era.
El apoyo incondicional de sus fans la elevó hasta lo más alto. Siempre lo hacían. Y eso era de agradecer. Así que lo hizo. Lo hizo intentando chapurrear algo de valenciano. Y con un "bona nit Alacant" con el que se ganó el cariño de todos los alicantinos, puso el punto y final a aquel concierto. 

Tras finalizar nos dirigimos al hotel donde mi chica había pasado los tres últimos días. Era un edificio no demasiado alto, situado a pie de playa. Con el puerto de Alicante a sus espaldas. Su habitación estaba en la última planta. Y las vistas al mar eran tan espectaculares que parecía que lo tuviéramos dentro de la habitación. Abrí la ventana y dejé que el sonido de las olas se colara en aquel cuarto. Yo siempre he pensado que el sonido más relajante del mundo es el del mar. Y creo que no me equivoco. A mi me transporta a otro lugar. Dejar la mente en blanco y relajarse con el sonido del mar debe ser lo más parecido a tocar las estrellas. Imaginad todo eso si además le añadimos su presencia. Ella, yo y el sonido del mar...
¿Que piensas? -dijo acercándose hasta la ventana.
Pienso que soy el hombre más afortunado del mundo por tenerte a mi lado y que no te dejaría escapar por nada.
Siento haber dudado de ti de verdad. A veces soy una idiota -negué con la cabeza y le puse el dedo sobre los labios para que no siguiera hablando.
Quiero que sepas que te quiero. Que eres la razón por la que me levanto por las mañanas con una sonrisa. Porque te quiero. Te quiero como nunca antes he querido a nadie.
Nacho...
Malú quiero ir contigo de gira. Quiero acompañarte siempre que pueda. Y estar contigo en tus buenos y en tus malos momentos. Quiero verte despertar todas las mañanas a mi lado. Llevarte el desayuno a la cama. Y comerte a besos mientras te haces la remolona al levantarte. Quiero dar un paso más.
¿Me estás pidiendo que vivamos juntos? -preguntó incrédula.
Mira, sé que llevamos poco tiempo, que no somos una pareja normal por tus circunstancias, y que esto podría parecer una locura. ¿Pero que sería la vida sin locuras? me da igual si no puedo cogerte de la mano. O si tengo que esconderme para darte un beso. Porque te entiendo y lo respeto.
Mis palabras dejan k.o. a la cantante. Y yo empiezo a dudar si está en shock porque la emoción la invade o porque no le apetece una mierda lo que acabo de proponerle. La cojo de las dos manos y la miro a esos ojos chispeantes que brillan con esa luz que tanto me gusta. Sin embargo su semblante está serio. Dudoso tal vez.
¿Bueno que me dices?


--------------------------------------------------------------------------
Supongo que ya os habréis dado cuenta de que el texto en rojo no es mío. Demasiado perfecto ¿no? Bueno pues no es mío no. Aquí la artista es de nuevo, como no, la señorita @novelaconmalu. Esta vez me ha costado más negociar con ella. Su caché sube y tal... Y se le está subiendo la fama a la cabeza. Es broma. No dudó ni un solo momento (que yo sepa) y además me lo envió en cero (hace como semana y pico no her?) Así que, aunque ya te lo haya dicho ¡GRACIAS! Porque no me cansaré de dártelas. Porque siempre estás cuando te necesito. O sea cuando mi cabeza está off de ideas (que suele ser en bastantes ocasiones) y en muchos momentos más.
Ah peña. Comentaros que este es el penúltimo capítulo. Si, habéis leído bien. Queda un capi para cerrar novela y esta etapa. Y quiero acabarla porque creo que merecéis que lo haga. Porque siempre habéis estado ahí.
Ahora no puedo dedicar mucho tiempo a esto de escribir. Al menos no todo el que yo desearía. Por eso y aunque haya gente que no lo entienda, prefiero acabarla a abandonarla.
Nos leemos en el ÚLTIMO capi!!!

viernes, 26 de septiembre de 2014

Capítulo 30 (Entre tú y yo guerra fría)

En ese momento pasan mil cosas por mi cabeza. Y en todas aparece ella. La mujer a la que quiero con locura. La misma que me va a odiar para siempre. Me desplomo abatido en plena calle. Pero ya nada importa. Se ha ido. Se ha ido sin querer escuchar mis palabras. Y peor aún sin mirarme. Me siento fatal. Es la peor sensación del mundo. Porque si ella me falta nada tiene sentido. Porque no imagino mi vida si no es ella la que está a mi lado. Es mi razón de ser. La luz que ilumina mis mañanas. La sonrisa que me hace sonreír. La fuerza que necesito para afrontar los días malos. Y también los buenos. Porque solo ella tiene la clave para mejorarlos. Y ahora la he perdido...



Saco fuerzas de donde no las hay y me levanto del suelo. Subo a mi casa con la intención de averiguar lo que ha pasado minutos antes. Que Laura iba desnuda por mi piso era una realidad. Pero estoy tranquilo. Porque a pesar de que pareciera obvio, sé que no he hecho nada. Que todo tendrá una explicación. Y que seguramente será de lo más simple. Y aunque ella ya no quiera escucharla yo si quiero descubrirla.

Abrí la puerta con desgana. Miré al frente y despejé mis dudas de inmediato. Ya no me hacen falta explicaciones porque acabo de entender lo que ha pasado aquí. Nada más entrar me encontré a Raúl danzando por el salón con muy poca ropa. Y es ahora cuando me encajan todas las putas piezas de este puzzle. Ahora si que si. Blanco y en botella... Mi mejor amigo se ha acostado con mi ex. Fin de la historia.

Negué con la cabeza sin quitarle la mirada de encima. Sé que sabe que lo sé. De hecho se da cuenta de que mi mosqueo aumenta a una velocidad de vértigo. Me pide calma haciendo un gesto con las manos. Pero precisamente eso es algo que ahora mismo soy incapaz de encontrar. Así que me dirijo hasta él con cara de muy pocos amigos y de un empujón lo hago caer en el sofá.

—¡Raúl, me cago en tu puta madre! -exclamé.

Pero apareció Laura para salvar el pellejo de su reciente follamigo. Me paró los pies separándome de él. No sé que coño hacer con la rabia que tengo acumulada y lo acabo pagando con la pared que tengo más cerca. Descargo toda la ira de un puñetazo que me destroza los nudillos de la mano derecha. Y muero de dolor. Pero da igual. Nada duele más que pensar que nunca volveré a besar sus labios. Me volví hacia ellos con cara de pocos amigos. Respiré hondo intentando encontrar la calma que necesito. Pero es bastante complicado encontrarla en esas circunstancias.

—Me importa una puta mierda si habéis follado o no -pronuncié con un elevado tono de voz apuntándolos con mi dedo índice. ¿Pero teníais que hacerlo en mi casa?

Ambos me miran callados. Serios eso si. Se limitan a comerse la bronca. La culpa de que Malú se haya pensado lo que no es, no es de ellos. Hasta ahí estamos de acuerdo ¿Pero tenían que echar el polvo en mi casa? Sé que en caliente las cosas sientan peor o se les da más importancia de la que tienen. Es un mal entendido y ya está. Deben ser los astros que se han alineado en mi contra. Eso o que me ha mirado un tuerto. O que el puñetero cupido me odia de verdad. No sé. Un cúmulo de casualidades sin más.

—Ahora iros a hacer con vuestras vidas lo que os de la gana. Los dos solitos acabáis de joder la mía -dije sentándome en el sofá.

—Nacho. Deja que nosotros se lo expliquemos. Lo entenderá joder. -dijo Laura.

—Gracias pero ya habéis hecho bastante ¿no crees?

—Es un error. Un mal entendido. Cuando le contemos la verdad se le pasará el enfado -insistió ella.

—¿Qué se le pasará el enfado? ¿Qué pensarías tú si encuentras a una tía desnuda en casa de tu novio? Una tía que además resulta ser su ex.

Y de nuevo me miran sin hablar. Raúl no ha sido capaz de pronunciar palabra. Sé que está avergonzado. Sé que en sus cabales jamás se habría tirado a mi ex. Y menos en mi casa. Pero en ese momento le odio por la que me ha liado.

—Quiero estar solo de verdad -dije con mucha más calma.

Cumplieron mi deseo. Me quedé solo, tirado en el sofá donde había pasado la noche. Sin poder dejar de pensar. Sin poder quitármela de la cabeza ni un solo minuto. Cogí el móvil. Le envié varios whatsapps. Las horas pasaron lentas. Muy lentas. Y el resultado era claro. Mil whatsapps sin respuesta y llamadas con la misma fortuna. Malú no quería ni oír hablar de que existo. La entiendo. Pero yo necesito contarle la verdad. Aunque suene a coña. Aunque probablemente no me crea. Necesito hacerlo.

Así que dejé de perder el tiempo en el sofá. Cogí las llaves de mi coche y puse rumbo hasta su casa. Me cansé de llamar. Pero no encontré respuesta. Resoplé sin saber muy bien que hacer. No sé si es que no está en casa o simplemente no quiere abrirme la puerta. Y algo pasa entonces por mi cabeza. Tal vez no es la mejor opción. Pero es la única que se me ocurre. Tecleo en los contactos del iPhone el número de Jose.

—Hola -contesta al otro lado del teléfono. Por su tono de voz intuyo que debe saberlo todo.

—Jose. Necesito saber donde está tu hermana. No me coge el teléfono, ni me contesta a los whatsapps. Y tampoco está en casa...

—Nacho, no se que coño ha pasado entre vosotros. Pero a mi no me metáis en vuestros líos.

—Es importante. ¿Dónde está?

—Se ha ido a Alicante. El próximo concierto es allí. Dice que se pillaba estos días para desconectar. Pero ya veo que lo que no quiere es verte.

—Escúchame. Necesito que me digas el hotel donde está. Tengo que hablar con ella.

—Mira, no se que os pasa. Pero ella sabia que recurrirías a mi. Y me ha dejado claro que no te diga nada.

—Voy a averiguarlo con tu ayuda o sin ella.

—Tío no la agobies. Déjala desconectar y cuando vuelva habláis de lo que tengáis que hablar.

—¿Cuándo es el concierto? 

—El viernes.

Me despedí de él y colgué el teléfono. Volví a casa bastante desanimado. Esperaba encontrarla allí y sin embargo ha sido más lista que yo. Pero no me apetece esperar a que vuelva. Se me ocurre sorprenderla en el concierto y allí explicarle todo. Sé que no quiere escucharme, pero tendrá que hacerlo.

Los días siguientes son depresivos. Hace tres que no veo la luz del sol. Y tampoco hago nada por remediarlo. No salgo de casa ni para comprar el pan. Lo único que me preocupa es solucionar mis problemas con ella.

El viernes salgo temprano hacia Alicante. La idea es pillar el menor tráfico posible. Pero parece que hoy a toda la gente le ha dado por madrugar. A pesar de todo solo llego media hora después de lo que había previsto. 




Localicé el pabellón donde se iba a celebrar el concierto. No me costó trabajo hacerlo. A las puertas se concentraba un numeroso grupo de fans acampados con tiendas de campaña. Así que no había dudas de que era ahí. Miro el reloj. Quedan al menos cuatro horas para que comience el espectáculo. Pero conociéndola estoy seguro que ya está indagando por el lugar del show. Le encanta hacerlo. Entré fácilmente con la acreditación que guardo durante toda la gira. Voy a la zona del backstage, donde me encuentro con un montón de caras conocidas. Además son ellos los que me indican donde le han montado el camerino a mi chica. 

Me dirijo hasta allí y sin pensarlo dos veces abro la puerta con decisión. Allí está ella. Tan guapa como siempre pero sin el brillo que caracteriza su mirada. Esa que ahora me mira con odio. Nunca había visto tanto rencor acumulado en esos preciosos ojos. El gesto le cambia al verme. Pero ya no hay marcha atrás. Cierro la puerta con pestillo y me acerco hasta donde está.

—¿Que cojones estás haciendo aquí? Nacho vete ahora mismo.

—Cariño necesito hablar contigo -insistí.

—No me llames cariño. Y vete. Yo no tengo nada que hablar contigo.

Intenta irse de mi lado. Se dirige hacia la puerta para marcharse de allí y dejarme con un palmo de narices. Pero freno sus pasos agarrándola del brazo y obligándola a quedarse.

—Malú por favor.... Mira no me hables si no quieres. Ódiame para siempre. Pero de verdad necesito explicártelo todo. Solo quiero que sepas la verdad. Porque mereces saberla. -hice un parón para mirarla. —Después tienes vía libre para pegarme otra hostia o hacer lo que creas conveniente.

—Habla -dijo cruzándose de brazos.



—No pasó nada con Laura... Lo intentó. Me besó de hecho. Íbamos pasadísimos de alcohol y se lanzó a mis labios. ¿Y sabes que pasó? Que me aparté. Me aparté porque yo no quiero los labios de otras. Porque yo te quiero a ti. Solamente a ti. Porque me tienes loco. Porque te necesito todos los días a mi lado, a todas horas...

—Dos copas más y te olvidaste de todo eso ¿no?

—No. Cuando llegaste tú estaba durmiendo en el sofá con la ropa de la noche anterior. Laura y Raúl se habían acostado juntos en mi cama -dije compartiendo con ella esa mirada de incredulidad. —Si. A mi también me cuesta creerlo. Pero ya ves... De ahí que Laura bajara semi-desnuda por las escaleras.

Me acerqué hasta ella. Se había quedado pensativa pero seguía fría como el hielo. Sin pronunciar palabra y sin ni siquiera mirarme a los ojos. Y eso me duele más que nada en este mundo. Creo que no se ha creído ni una palabra de lo que acabo de contarle.

—Solo quería ser sincero contigo. Que supieras la verdad. Para que al menos no me odies... 

Y en ese momento sentí que ya no tenía nada que hacer en aquel lugar. Que de verdad se había acabado. Que no quería saber nada más de mi. Tal vez, como dice una de sus canciones, ya no había nada por lo que luchar. 

Se me cayó el mundo encima solo de pensarlo. En el fondo tenía la esperanza de que lo arreglaríamos. Y de que todo esto quedaría en una anécdota de lo más tonta. Pero parece que no. Y no la culpo por ello. Un nudo enorme se formó en mi garganta. Tragué saliba e intenté de todas las formas posibles disimular mi dolor. Me acerqué y le di un beso en la mejilla antes de marcharme. Puede que el último.

—Adiós... -susurré.


---------------------------------
Bueno un capi más y uno menos para el final. Queda poquito!! Abrazo a todoos! Nos leemos por twitter!!

martes, 23 de septiembre de 2014

Capítulo 29 (Borracho de amor)


—Vaya yo también me alegro de verte.

—Perdona. Es que… -La miré intentando encontrar las palabras adecuadas. Algo imposible. Así que me decanté por la pregunta más obvia que podía hacer en aquellas circunstancias. —¿Pasa algo Laura?

—¿Te pillo en mal momento? –preguntó mirándome de arriba abajo.

En ese momento me di cuenta de que iba semi-desnudo. De forma casi intuitiva me sujeté la toalla por la cintura. Ella siguió barriendo mi cuerpo como si tal cosa. Me incomoda bastante la situación. Y sé que ella lo sabe. Aunque parece resultarle divertido.

—Oye tranquilo. No voy a ver nada que no haya visto ya –comentó lanzando una sonrisa al aire.

—Supongo que no habrás venido solo para esto. Te lo digo porque yo he quedado para cenar con Raúl y debe estar al caer.

—¿Sabes una cosa? Nunca soporté a tu amigo Raúl -apuntó con calma.

—Lo sé. Y también sé que el sentimiento es mutuo.

Apenas había acabado de pronunciar la última frase cuando apareció Raúl en la puerta de casa. De la que por cierto no nos habíamos movido en todo el rato. Se paró y nos miró algo desconcertado. Supongo que debe ser raro encontrarme medio en pelotas hablando con mi ex.

—Hola… -saluda mirándonos a ambos.

—¡Raúl! ¿Qué tal? –preguntó mi ex fingiendo una sonrisa falsa.

Se saludan por puro compromiso dándose dos besos. Los miro riéndome. A decir verdad la escena es graciosa. Las caras de los dos son un poema. Nunca se gustaron. Y tampoco se molestaron en disimularlo. Lo justo y necesario. Saludos y poco más.

—Oye chicos. ¿Os importa si me uno a la cena?

Y esa pregunta me pilla a traición y me deja totalmente fuera de combate. Raúl me hace gestos desde atrás para que no se me ocurra decir que si. Intento no mirarlo demasiado porque me entra la risa tonta de verlo. Sin embargo mis palabras no son capaces de salir de mi boca. Mi amigo se acerca hasta mi. Me abraza por el hombro y mira a mi ex.

—Eh mira Laura… Es que es una cena de hombres. Tenemos cosas de las que hablar… No se si me explico… -comenta él lanzando una indirecta.

—¿Ah si? ¿Fútbol y coches? ¿A eso se le puede llamar hablar? -apunta Laura.

—¿De que nos vas a hablar tú? ¿Del último bolso que te has comprado? -contraataca mi amigo.

—¡Bueno vale ya! Vamos a cenar. Pero como sigáis así el que se queda en casa soy yo –dije de manera tajante intentando poner paz.

Ambos me miraron y aceptaron a regañadientes. Iba a estar divertida la cena. Subí a cambiarme. Lo hice de forma veloz para no dejarlos a solas mucho tiempo. Había cuchillos cerca y no era plan de que mi casa se convirtiera en el escenario de un crimen. Saldría en la sección de sucesos de todos los periódicos. Y ya tenía bastante con que en las redes sociales se especulara sobre mi supuesta relación con Malú.

La cena fue más tranquila de lo que a priori parecía. Charlamos durante horas de manera civilizada. Aunque los piques de Raúl y Laura no desaparecieron del todo. Eran como dos niños y a veces me sacaban de quicio.

Aproveché el parón de los cafés para salir a la calle a llamar a mi chica. Su concierto ya debía de haber acabado y ahora estaría híper eufórica gritando por los pasillos. Sonreí al imaginármela

—¡Hola princesa! -dije nada más que descolgó.

—¡Hola príncipe! –exclamó una voz de hombre al otro lado del teléfono.

—Jose, eres un gilipollas. ¡Pásame a tu hermana!

—Yo también te quiero cuñado. Un beso.

Me reí por la bromita de Jose. Y por fin escuché su voz.

—Perdona cariño. Está gracioso porque una fan le ha dicho guapo y se le ha subido a la cabeza. ¿Qué tal el casting?

—Bueno…Bien -dije poco convencido.

—No me gusta ese bien… ¿no ha ido como esperabas no?

—No. Pero no pasa nada. Lo importante ahora… ¿Qué tal el concierto?

—Increible. Super especial. No sabes cómo es la gente aquí… ¿Y por ahí que tal?

—Bien. Estoy cenando con Raúl y con Laura.

—¿Laura? ¿Tu ex? -se interesó ella.

—Si. Nos la hemos encontrado y se nos ha acoplado. Pero no creo que tardemos en quitárnosla de encima -añado para quitarle importancia al asunto.

—Genial… Muy maja tu ex.

—¿No estarás celosa? Sabes que yo solo tengo ojos para ti.

—No son celos tonto –dijo con un tono de voz dulce. —Pero me gustaría estar ahí.

—Te aseguro que a ella también le gustaría que estuvieras. Pero si no se entera de lo nuestro mejor. No imaginas lo pesada que es.

Mis amigos me sorprenden apareciendo en la puerta del restaurante, así que solo se me ocurre disimular la conversación.

—Bueno mamá, tengo que dejarte.

Mi chica se parte de la risa al otro lado. Supongo que se imagina que ya no estoy solo.

—Anda, pasadlo bien. Te quiero tontito.

—Te quiero. Un beso.

Creía de verdad que tras la cena nos iríamos cada uno a su nido. Pero ya se sabe como son estas noches. Sabes cuando empiezas pero difícilmente sabes cuando acabas. Fuimos a tres o cuatro pubs diferentes. Los más frecuentados de la ciudad de Alcorcón. Bailamos, charlamos y sobre todo bebimos. Bebimos una gran cantidad de alcohol. Gintonics elaborados de mil y una formas. Y chupitos. Chupitos de todos los colores, que nos sirvieron para realizar incontables brindis.



Perdí completamente la noción del tiempo. Serían las cuatro o las cinco de la madrugada cuando aterrizamos literalmente en el portal de mi casa. Demasiada cantidad de alcohol en sangre. Y si no era suficiente el que llevábamos encima, a los chicos se les ocurrió que tomáramos la última. ¿Y quien era yo para negarme? Lo estábamos pasando bien. Y sobre todo, por primera vez en toda la noche, mi amigo y mi ex estaban de acuerdo en algo.

Subimos en el ascensor. Les imploré de todas las maneras posibles que no hicieran ruido hasta que no entráramos en el piso. Pero fue inútil hacerlo. Un gasto de saliva para nada. La más mínima tontería servía para descojonarse de la risa y montar escándalo. Y como no podía ser de otra forma allí estaba Raúl. Tirado en el suelo del rellano mientras un ataque de risa se adueñaba de él. Vete tu a saber porqué… Tampoco me interesaba saberlo. Un simple silencio me habría bastado. Porque no os imagináis como es su risa… Es exageradamente exagerada. Laura con su punto de embriaguez no tardó en contagiarse. Así que a estas alturas creo que los vecinos ya deben estar despiertos y marcando el número de la policía. Afortunadamente no tardé demasiado en atinar con la llave en la cerradura.

Me dejé caer en el sofá mostrando un claro gesto de cansancio. Raúl al verme se ofreció a preparar las copas y se marchó a la cocina dejándome a solas con Lau, que se sentó a mi lado. Saqué el móvil para mirar la hora. Y de paso el whatsapp. Sabía que no tenía ninguno de ella. Pero ver nuestra conversación me hacía sonreir como un auténtico idiota. Lo necesitaba.

—¡Eres un pesado! ¿No desconectas nunca o que? –dijo Laura quitándome el móvil de la manos.

—Eiiii ¡Dámelo Lau! –protesté echándome encima de ella.

A la que quise darme cuenta estaba recostado en el sofá sobre mi ex, intentando atrapar mi móvil de sus manos. Claro que cualquiera que hubiese visto la escena no habría pensado precisamente en eso.

Sin saber como, nuestras miradas se cruzaron y el tiempo pareció detenerse. Realmente no sé si lo hizo. El contacto se rompió cuando su mirada se dirigió a mis labios. Los acarició suavemente con uno de sus dedos hasta que decidió besarlos. Y yo saboreé ese beso sin oponer resistencia. Cerré los ojos y simplemente me dejé besar. Solo hasta el momento en el que los abrí. Abrí los ojos y no encontré los ojos, ni los labios, ni la sonrisa que yo necesitaba.



—¡Para, para! –me aparté de inmediato y me eché las manos a la cabeza.

—Lo siento… -susurró acariciando mi pierna.

Creo que la borrachera se me quitó de golpe. Si, lo hizo. Y quizás también la suya. Que me habló con una calma impropia de ella. Parecía entenderme. Y de alguna forma sentí la necesidad de explicarle lo que pasaba por mi corazón. Lo que sentía de verdad. Las conversaciones en estado de embriaguez pueden llegar a ser muy interesantes. Dicen que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad. Y puede que yo estuviera borracho, si. Pero de amor por ella.

—Pensé que nunca iba a volver a querer a nadie como te quise a ti… -comenté volviendo a mirarla.

—¿Pero?

—Pero me equivocaba.

—¿Es Malú verdad? Preguntó curiosa.

—¿Malú? ¿Estás de coña? –dije disimulando de la mejor forma posible.

—Al resto de la gente puede. Pero sabes que a mi no puedes mentirme.

—No te estoy mintiendo Laura –pero no soy capaz de mirarla a los ojos.

—¿Te has enamorado de ella? –preguntó levantándome la cabeza para volver a unir nuestras miradas.

—Estoy enamorado… -En ese momento deseo gritarle al mundo lo mucho que la quiero. Y contengo mis ganas. —Pero no es de ella ¿Por qué iba a serlo?

Miré a Laura con la suficiente confianza como para que mis palabras sonaran convincentes. Lo de que a ella no puedo mentirle es verdad. Pero no solo a ella. En general soy un desastre para mentir. Clavó su mirada en mi antes de responderme.

—Porque antes a mi también me mirabas como la mirabas a ella el otro día. –dijo casi en un susurro.

Desvié la mirada y agaché la cabeza de nuevo. Lo había conseguido. Unas simples palabras lo habían conseguido. El estomago se me encogió. Sentí un pellizco en lo más profundo del alma. No supe que decir. Simplemente la miré sin decir nada. Me sonrió levemente y me abrazó. Abrazo que no tardó en interrumpirlo Raulito, que salió al salón con tres copas y con todas las botellas de alcohol que había encontrado por la cocina. Y nuestra fiesta improvisada continuó hasta altas horas.


El timbre sonó. Su sonido retumbó repetidas veces en mi cabeza, provocándome un malestar generalizado. Las consecuencias de la noche anterior llamaban a mi puerta. O más bien ya habían llegado. Me levanté del sofá. No recuerdo bien que hacia durmiendo allí. Llevaba puesta la ropa de la noche anterior. Miré el reloj. Eran las tres de la tarde. Me dirigí hasta la puerta y abrí sin pensarlo dos veces. Los ojos se me abrieron de par en par y las legañas se me quitaron de un plumazo. No le di tiempo a decir nada. La abracé y la levanté en el aire.

—¿Que haces aquí? -dije sorprendido

—¿No te ha gustado mi sorpresa? ¿Noche larga no? -preguntó dirigiendo su mirada a mis pintas.

—Me ha encantado. Te echaba de menos...

Un ruido se escuchó en el piso de arriba. Alguien empezaba a bajar las escaleras. Era Laura. Tapada solo con una toalla. Flipó al vernos. Pero podéis imaginar quien flipó más en aquel momento. Yo el primero porque no me acordaba de nada. Pero Malú... Malú palideció. Nunca en todo el tiempo que la conozco la había visto así. Un montón de lágrimas se acumularon en sus ojos, haciendo que su brillo no fuera el de siempre. Me miró con desprecio. Con todo el que supongo que aquella escena le había producido.

—Ya lo veo... ¡Eres un cabrón! -y tras dejarme un recuerdo en mi mejilla izquierda se marchó de allí.

—¡Malú espera! -grité saliendo detrás de ella.

Pero no se detuvo. Corrió como si no hubiera mañana. Y tal vez no lo hubiera. Subió a su coche y desapareció dando un acelerón.

--------------------------
Bueno.... En primer lugar quiero disculparme por este parón. He estado liada y no he tenido tiempo para escribir... Ahora lo he encontrado. Asi que espero que os guste. Un beso!