El timbre sonó un par
de veces sacándome de mi inspiración. Estaba solo. Dándole caña a mi guitarra
con algunos de los temas de Malú. Los tenía controladísimos desde el concierto.
Y me encantaba tocarlos. Dejé la guitarra a un lado, apoyada sobre el sofá y me
encaminé hacia la puerta. Abrí sin pensar en quien podría ser a estas horas. Era
poco habitual que alguien me visitara después de cenar. Y debería adoptar la
sana costumbre de mirar por la mirilla. Podría haberme imaginado a cualquier
persona menos a ella. ¿Qué hacia allí? La miré sorprendidísimo esperando a que
hablara, pero me adelanté y tomé la iniciativa.
—¿Qué haces aquí?
Sin embargo mi pregunta no obtuvo respuesta. Al menos no de la forma que yo esperaba. Sin darme ningún margen de reacción se abalanzó sobre mis labios. Me besó. Me besó como tantas otras veces había hecho. Y no sé lo que fue. Pero ese beso consiguió que algo se removiera en lo más profundo de mi alma. Esos sentimientos que creía olvidados rebrotaron como lo hacen las flores en primavera. Dejándome totalmente indefenso frente a sus poderosas armas. Y en ese momento me sentí frágil. Como un simple cristal que puede romperse con una sola mirada. El hombre mas pequeño del mundo mordiendo de la manzana prohibida a sabiendas de que me mataría. Y así es. A veces somos frágiles.
—Laura ¿Qué coño
haces? –exclamé en un torpe intento por apartarme.
De nuevo aquella
pregunta se perdió en el aire. Ese aire que volvía a ser insuficiente entre
nuestras bocas. Volvió a besarme. Esta vez con más intensidad que antes.
Intenté alejarme. Pero el simple roce de su lengua con la mia me hizo
perder la cabeza. Sus besos ya no me molestaban. Al contrario. Ahora era yo quien
los buscaba de manera desesperada. En el fondo quería parar. Tenía que hacerlo
si no quería arrepentirme después. Pero algo más fuerte que todo eso me impedía
detenerme. Nos desnudamos con ansia a lo largo de un recorrido
de besos que nos dirigió intuitivamente hasta la habitación.
—Laura no me jodas… -protesté sin ni si quiera dejar de
besarla.
—Shh! Lo estás deseando –dijo de forma despreocupada
empujándome sobre el colchón.
Caí con ella encima. Y me dejé llevar. Me dejé llevar por sus besos y por las caricias que aquella noche decidió dejar sobre todos los rincones de mi cuerpo. Era como si estuviera en una nube. Ahí estaba yo. Demoliendo sin razón todo lo que había construido.Y pensé en Malú. Lo hice. Pero no pude hacer nada y acabé sucumbiendo a los encantos de mi ex.
Desperté sobresaltado con el sonido del teléfono. Enormes gotas de sudor recorrían mi rostro sin dirección alguna. Algunas fracasaban en el intento de llegar hasta mi pecho. Pero otras lo conseguían haciendo que mi camiseta estuviera totalmente empapada. Miré a mi alrededor desconcertado. Respiré hondo al comprobar que solo se trataba de un sueño. Pero era tan real que todavía me costaba reaccionar. Y sentí miedo. Un miedo que hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo de principio a fin.
Alargué la mano hasta coger el móvil que no cesaba en su intento de ser descolgado. Sonreí de inmediato al encontrarla a ella en mitad de aquella confusión. Leer su nombre en la pantalla me sacó de mis pensamientos. Era mi chica. Mi chica Q7 como mi iPhone la llamaba. Descolgué y respiré aliviado al escuchar su voz. Esa calma que solo ella era capaz de transmitirme. Mi respiración se estabilizó y mis sentidos volvieron a activarse.
—¡Buenos días amor! –soltó con una energía realmente
contagiosa. Estábamos a miles de kilómetros de distancia y podía percibir su sonrisa como
si la tuviera delante.
Este fin de semana le tocaba el turno fuera de la península. Las islas canarias eran el escenario
perfecto para una artista como ella. Se de buena tinta que le encantaba ir
allí. Y si. Me habría encantado estar acompañándola en aquel viaje. Pero no
pudo ser. No solo por mi terrible miedo a volar. Sino porque mi agencia de
representación me había conseguido un casting para el papel protagonista en una
serie nueva.
—¡Hola pequeña! –dije con un suave hilo de voz.
—¿Te he despertado no?
—Preferiría que hubieran sido tus besos. Pero me conformo con
oír tu voz.
—Me encantaría que estuvieras aquí.
—A mi también.
—¿Sabes que? Esta noche he soñado contigo...
Tragué saliva al escuchar aquella frase y el gesto me cambió irremediablemente. Suerte que por teléfono no pudiera verme la cara. Carraspeé y volví a retomar la conversación.
—Ah si... ¿Y que has soñado? -pregunté sonriente.
—Que estabas conmigo en este paraíso. Y que nos escapábamos a una cala pequeñita de arena blanca, alejada de todo el mundo. Y me hacías el amor a la luz de la luna. Una vez... Y otra... Y otra... -dijo casi en un susurro haciendo pequeñas pausas para hacerlo todavía mas interesante —Y así hasta que la luz del amanecer nos descubría.
Me derretí al escuchar sus palabras. Palabras que volvieron a dejarme sin voz. Me volvía completamente loco. Esa dulzura que solo ella tenía. Y esa vena romántica que de vez en cuando le salía, acababa por rematarme del todo. Ni siquiera en sueños me creía capaz de imaginarme con otra mujer que no fuera ella. Besando otros labios que no fueran los suyos.
—Me encanta cuando te pones romántica -confesé.
—Bueno pero tampoco te acostumbres, que yo tengo una imagen que mantener.
—Cuando vuelvas te prometo que haremos todo eso. Iremos a algún lugar donde podamos olvidarnos de que el mundo existe. Solos tu y yo... ¿que te parece?
—Me parece increíblemente perfecto -Respondió con una sonora sonrisa.
—¿Que tal por alli?
—Bueno pero tampoco te acostumbres, que yo tengo una imagen que mantener.
—Cuando vuelvas te prometo que haremos todo eso. Iremos a algún lugar donde podamos olvidarnos de que el mundo existe. Solos tu y yo... ¿que te parece?
—Me parece increíblemente perfecto -Respondió con una sonora sonrisa.
—¿Que tal por alli?
—Bien. Los chicos se han bajado a la playa. Y Rosa me ha liado
para ir a comer con los peces gordos del ayuntamiento. Ya sabes, un coñazo
protocolario.
—La jet set canaria.
—Oye no te cachondees o me vengaré de ti…
—Mmmm suena bien.
—Eres un pervertido… Y me encanta… -Su risa traviesa a
través del teléfono hizo que se me quedara cara de tonto —Oye tengo que dejarte. Mucha suerte con el
casting cariño.
—Gracias. Te diría lo mismo para el concierto. Pero sé que no
lo necesitas. Así que pon en pie a toda la isla como sabes hacer.
—Te quiero.
—Yo también te quiero –colgué y me quedé
mirando la pantalla con una sonrisa permanente. Esa que se me dibujaba al
escuchar un te quiero de su boca.
Solo reaccioné al ver la hora en el móvil. Me
levanté de un salto. Como llegara tarde a la prueba me matarían. Los directores
de castings suelen ser bastante exigentes con el tema de la puntualidad. Aunque
después tengas que esperar horas para entrar. Pero esa es otra historia.
Me colé unos vaqueros desgastados, la primera
camiseta de manga corta que encontré en el armario y mis converse de color
negro. Cogí las llaves de mi querido Astra y bajé al garaje a desempolvarlo.
Llevaba demasiados días sin conducirlo. El disco de mi chica todavía mandaba en
el equipo de música del coche. Pisé a fondo el acelerador, subí el volumen y me
deje invadir por la suave melodía de su voz. Necesitaba dejar los nervios
fuera. Y escuchar su música era una buena manera de hacerlo. Una buena dosis de inspiración para afrontar el casting.
Llegué a tiempo. Entré siguiendo las
indicaciones de una mujer de mediana edad. Me etiquetó con un número que pegó sobre mi camiseta como si
fuera a correr la maratón popular. Y me dirigió amablemente hasta una nave
gigantesca. Estaba a reventar de gente. Lógicamente todo chicos. Encontré
algunas caras conocidas entre tantas personas. Algunos de mis antiguos
compañeros de la serie e incluso ex compañeros de arte dramático. Charlamos durante el
tiempo que duró la cola. Cosa que agradecí, puesto que sirvió para que las horas pasaran más deprisa.
La prueba fue como todas. Bastante rápida. Sin demasiado tiempo para soltarme completamente. Tras un escueto "Ya te llamaremos" me marché de allí. No me había salido tan bien como yo quería. O mejor dicho, tan bien como yo esperaba. Hoy estaba algo descentrado y eso probablemente había repercutido negativamente en la forma de interpretar el texto.
Por la tarde decidí llamar a Raúl para quedar a
tomar algo. Hacía días que no nos veíamos. De hecho me gané una buena bronca
por tenerle tan abandonado. Pero da igual que pasen años, los amigos de verdad siempre
están ahí. Y él sin duda estaría siempre. Pasara lo que pasara. Por supuesto
para no faltar a la tradición, quedamos en nuestro bar de siempre. Quería
comentar con él algo que no conseguía quitarme de la cabeza por más que lo
intentara. Además me vendría bien airearme.
—He tenido un sueño algo subidito con Laura –Dije
en voz baja acercándome un poco a mi amigo.
—¿Y eso era todo lo que te preocupaba? Yo tengo
muchos de esos. Cada noche con una distinta.
—Ya, ¡pero tú eres un jodido salido! –exclamé descojonado
dándole un largo trago a mi cerveza.
— Nachete solo es un sueño… Eso no puede
controlarse. ¿Qué pasa, te gustaba?
—Digamos que no me disgustaba en absoluto.
—Oye, ¿no seguirás colado por la loca de tu ex?
–comentó en un claro tono de broma.
—Que no joder. Tengo muy claro por quien estoy
colado… Pero no sé… el otro día la vi en un concierto, hablamos de ella…
—Pues ya está. No le des más vueltas
hombre –dijo riéndose. Aquel tema parecía divertirle. Y mi cara cada vez se
parecía más a un poema —A lo mejor solo es falta de sexo -Bromeó de nuevo provocando inevitablemente mi risa.
—Pues mira chaval. Ya te digo yo que por eso no es... -vacilé.
—¿Malú es tan cañera en la cama como en el escenario? Porque debe ser puro espectáculo.
—No voy a contestarte a esa pregunta.
—Eso es un si... Uff, que malo me he puesto de repente -pego un trago a su cerveza.
—¡Capullo! -exclamé dándole una colleja.
—Pues mira chaval. Ya te digo yo que por eso no es... -vacilé.
—¿Malú es tan cañera en la cama como en el escenario? Porque debe ser puro espectáculo.
—No voy a contestarte a esa pregunta.
—Eso es un si... Uff, que malo me he puesto de repente -pego un trago a su cerveza.
—¡Capullo! -exclamé dándole una colleja.
Yo era de los que pensaban que los sueños
simplemente eran sueños. Sin más. Algo inconsciente. Como decía mi amigo Raúl,
no había que buscar más explicaciones. Sin embargo mucha gente piensa lo
contrario. Que todo ocurre por algo. Y que los sueños siempre están ligados de
alguna forma a nuestra vida real. El subconsciente es complicado de entender la
verdad. Nadie elige lo que sueña. Aún así no me hacia ni pizca de gracia que
fuera mi ex la que se colara en ellos.
Llegué a casa cuando ya de noche. Me di una ducha que
me ayudó a desconectar absolutamente de todo. Con el agua muy caliente,
como a mi me gustaba. Dejando que resbalara por mi piel hasta perderse. Estuve
al menos una hora debajo del grifo. Hasta que el sonido del timbre, al igual
que en mis sueños, volvió a interrumpir otro de mis mejores momentos. Debía ser
Raúl. Me había convencido para salir a cenar por ahí. Decía que iba a
aprovecharse de la ausencia de mi chica porque después volvería a olvidarme de
él. Era único en su especie. Pero probablemente tenía razón.
Salí de
la ducha tan deprisa que casi me mató de un resbalón. Me rodeé una toalla a la
cintura. Bajé las escaleras y abrí la puerta. Si. Como de costumbre sin mirar. Estaba
tan convencido de que sería mi amigo, que ni siquiera me moleste en hacerlo. Y
de nuevo me llevé una sorpresa. Esta vez no era ningún sueño… La miré incrédulo. ¿Realmente esto estaba pasando?
—¿Qué haces aquí?
-----------------------------------





