jueves, 28 de agosto de 2014

Capítulo 28 (¿Fantasía o realidad?)

El timbre sonó un par de veces sacándome de mi inspiración. Estaba solo. Dándole caña a mi guitarra con algunos de los temas de Malú. Los tenía controladísimos desde el concierto. Y me encantaba tocarlos. Dejé la guitarra a un lado, apoyada sobre el sofá y me encaminé hacia la puerta. Abrí sin pensar en quien podría ser a estas horas. Era poco habitual que alguien me visitara después de cenar. Y debería adoptar la sana costumbre de mirar por la mirilla. Podría haberme imaginado a cualquier persona menos a ella. ¿Qué hacia allí? La miré sorprendidísimo esperando a que hablara, pero me adelanté y tomé la iniciativa.

—¿Qué haces aquí?

Sin embargo mi pregunta no obtuvo respuesta. Al menos no de la forma que yo esperaba. Sin darme ningún margen de reacción se abalanzó sobre mis labios. Me besó. Me besó como tantas otras veces había hecho. Y no sé lo que fue. Pero ese beso consiguió que algo se removiera en lo más profundo de mi alma. Esos sentimientos que creía olvidados rebrotaron como lo hacen las flores en primavera. Dejándome totalmente indefenso frente a sus poderosas armas. Y en ese momento me sentí frágil. Como un simple cristal que puede romperse con una sola mirada. El hombre mas pequeño del mundo mordiendo de la manzana prohibida a sabiendas de que me mataría. Y así es. A veces somos frágiles.

—Laura ¿Qué coño haces? –exclamé en un torpe intento por apartarme.

De nuevo aquella pregunta se perdió en el aire. Ese aire que volvía a ser insuficiente entre nuestras bocas. Volvió a besarme. Esta vez con más intensidad que antes. Intenté alejarme. Pero el simple roce de su lengua con la mia me hizo perder la cabeza. Sus besos ya no me molestaban. Al contrario. Ahora era yo quien los buscaba de manera desesperada. En el fondo quería parar. Tenía que hacerlo si no quería arrepentirme después. Pero algo más fuerte que todo eso me impedía detenerme. Nos desnudamos con ansia a lo largo de un recorrido de besos que nos dirigió intuitivamente hasta la habitación.

Laura no me jodas… -protesté sin ni si quiera dejar de besarla.

Shh! Lo estás deseando –dijo de forma despreocupada empujándome sobre el colchón.

Caí con ella encima. Y me dejé llevar. Me dejé llevar por sus besos y por las caricias que aquella noche decidió dejar sobre todos los rincones de mi cuerpo. Era como si estuviera en una nube. Ahí estaba yo. Demoliendo sin razón todo lo que había construido.Y pensé en Malú. Lo hice. Pero no pude hacer nada y acabé sucumbiendo a los encantos de mi ex.


Desperté sobresaltado con el sonido del teléfono. Enormes gotas de sudor recorrían mi rostro sin dirección alguna. Algunas fracasaban en el intento de llegar hasta mi pecho. Pero otras lo conseguían haciendo que mi camiseta estuviera totalmente empapada. Miré a mi alrededor desconcertado. Respiré hondo al comprobar que solo se trataba de un sueño. Pero era tan real que todavía me costaba reaccionar. Y sentí miedo. Un miedo que hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo de principio a fin.

Alargué la mano hasta coger el móvil que no cesaba en su intento de ser descolgado. Sonreí de inmediato al encontrarla a ella en mitad de aquella confusión. Leer su nombre en la pantalla me sacó de mis pensamientos. Era mi chica. Mi chica Q7 como mi iPhone la llamaba. Descolgué y respiré aliviado al escuchar su voz. Esa calma que solo ella era capaz de transmitirme. Mi respiración se estabilizó y mis sentidos volvieron a activarse. 

¡Buenos días amor! –soltó con una energía realmente contagiosa. Estábamos a miles de kilómetros de distancia y podía percibir su sonrisa como si la tuviera delante.



Este fin de semana le tocaba el turno fuera de la península. Las islas canarias eran el escenario perfecto para una artista como ella. Se de buena tinta que le encantaba ir allí. Y si. Me habría encantado estar acompañándola en aquel viaje. Pero no pudo ser. No solo por mi terrible miedo a volar. Sino porque mi agencia de representación me había conseguido un casting para el papel protagonista en una serie nueva.

—¡Hola pequeña! –dije con un suave hilo de voz.

¿Te he despertado no?

Preferiría que hubieran sido tus besos. Pero me conformo con oír tu voz.

—Me encantaría que estuvieras aquí.

—A mi también.

—¿Sabes que? Esta noche he soñado contigo...

Tragué saliva al escuchar aquella frase y el gesto me cambió irremediablemente. Suerte que por teléfono no pudiera verme la cara. Carraspeé y volví a retomar la conversación.

—Ah si... ¿Y que has soñado? -pregunté sonriente.

—Que estabas conmigo en este paraíso. Y que nos escapábamos a una cala pequeñita de arena blanca, alejada de todo el mundo. Y me hacías el amor a la luz de la luna. Una vez... Y otra... Y otra... -dijo casi en un susurro haciendo pequeñas pausas para hacerlo todavía mas interesante Y así hasta que la luz del amanecer nos descubría.

Me derretí al escuchar sus palabras. Palabras que volvieron a dejarme sin voz. Me volvía completamente loco. Esa dulzura que solo ella tenía. Y esa vena romántica que de vez en cuando le salía, acababa por rematarme del todo. Ni siquiera en sueños me creía capaz de imaginarme con otra mujer que no fuera ella. Besando otros labios que no fueran los suyos.



—Me encanta cuando te pones romántica -confesé.

—Bueno pero tampoco te acostumbres, que yo tengo una imagen que mantener.

—Cuando vuelvas te prometo que haremos todo eso. Iremos a algún lugar donde podamos olvidarnos de que el mundo existe. Solos tu y yo... ¿que te parece?

—Me parece increíblemente perfecto -Respondió con una sonora sonrisa.

¿Que tal por alli?

Bien. Los chicos se han bajado a la playa. Y Rosa me ha liado para ir a comer con los peces gordos del ayuntamiento. Ya sabes, un coñazo protocolario.

La jet set canaria.

Oye no te cachondees o me vengaré de ti…

Mmmm suena bien.

Eres un pervertido… Y me encanta… -Su risa traviesa a través del teléfono hizo que se me quedara cara de tonto Oye tengo que dejarte. Mucha suerte con el casting cariño.

Gracias. Te diría lo mismo para el concierto. Pero sé que no lo necesitas. Así que pon en pie a toda la isla como sabes hacer.

Te quiero.

—Yo también te quiero –colgué y me quedé mirando la pantalla con una sonrisa permanente. Esa que se me dibujaba al escuchar un te quiero de su boca. 

Solo reaccioné al ver la hora en el móvil. Me levanté de un salto. Como llegara tarde a la prueba me matarían. Los directores de castings suelen ser bastante exigentes con el tema de la puntualidad. Aunque después tengas que esperar horas para entrar. Pero esa es otra historia.

Me colé unos vaqueros desgastados, la primera camiseta de manga corta que encontré en el armario y mis converse de color negro. Cogí las llaves de mi querido Astra y bajé al garaje a desempolvarlo. Llevaba demasiados días sin conducirlo. El disco de mi chica todavía mandaba en el equipo de música del coche. Pisé a fondo el acelerador, subí el volumen y me deje invadir por la suave melodía de su voz. Necesitaba dejar los nervios fuera. Y escuchar su música era una buena manera de hacerlo. Una buena dosis de inspiración para afrontar el casting.

Llegué a tiempo. Entré siguiendo las indicaciones de una mujer de mediana edad. Me etiquetó con un número que pegó sobre mi camiseta como si fuera a correr la maratón popular. Y me dirigió amablemente hasta una nave gigantesca. Estaba a reventar de gente. Lógicamente todo chicos. Encontré algunas caras conocidas entre tantas personas. Algunos de mis antiguos compañeros de la serie e incluso ex compañeros de arte dramático. Charlamos durante el tiempo que duró la cola. Cosa que agradecí, puesto que sirvió para que las horas pasaran más deprisa.

La prueba fue como todas. Bastante rápida. Sin demasiado tiempo para soltarme completamente. Tras un escueto "Ya te llamaremos" me marché de allí. No me había salido tan bien como yo quería. O mejor dicho, tan bien como yo esperaba. Hoy estaba algo descentrado y eso probablemente había repercutido negativamente en la forma de interpretar el texto.


Por la tarde decidí llamar a Raúl para quedar a tomar algo. Hacía días que no nos veíamos. De hecho me gané una buena bronca por tenerle tan abandonado. Pero da igual que pasen años, los amigos de verdad siempre están ahí. Y él sin duda estaría siempre. Pasara lo que pasara. Por supuesto para no faltar a la tradición, quedamos en nuestro bar de siempre. Quería comentar con él algo que no conseguía quitarme de la cabeza por más que lo intentara. Además me vendría bien airearme.



—He tenido un sueño algo subidito con Laura –Dije en voz baja acercándome un poco a mi amigo.

—¿Y eso era todo lo que te preocupaba? Yo tengo muchos de esos. Cada noche con una distinta.

—Ya, ¡pero tú eres un jodido salido! –exclamé descojonado dándole un largo trago a mi cerveza.

— Nachete solo es un sueño… Eso no puede controlarse. ¿Qué pasa, te gustaba?

—Digamos que no me disgustaba en absoluto.

—Oye, ¿no seguirás colado por la loca de tu ex? –comentó en un claro tono de broma.

—Que no joder. Tengo muy claro por quien estoy colado… Pero no sé… el otro día la vi en un concierto, hablamos de ella…

—Pues ya está. No le des más vueltas hombre –dijo riéndose. Aquel tema parecía divertirle. Y mi cara cada vez se parecía más a un poema —A lo mejor solo es falta de sexo -Bromeó de nuevo provocando inevitablemente mi risa.

—Pues mira chaval. Ya te digo yo que por eso no es... -vacilé.

—¿Malú es tan cañera en la cama como en el escenario? Porque debe ser puro espectáculo.

—No voy a contestarte a esa pregunta.

—Eso es un si... Uff, que malo me he puesto de repente -pego un trago a su cerveza.

—¡Capullo! -exclamé dándole una colleja.

Yo era de los que pensaban que los sueños simplemente eran sueños. Sin más. Algo inconsciente. Como decía mi amigo Raúl, no había que buscar más explicaciones. Sin embargo mucha gente piensa lo contrario. Que todo ocurre por algo. Y que los sueños siempre están ligados de alguna forma a nuestra vida real. El subconsciente es complicado de entender la verdad. Nadie elige lo que sueña. Aún así no me hacia ni pizca de gracia que fuera mi ex la que se colara en ellos.

Llegué a casa cuando ya de noche. Me di una ducha que me ayudó a desconectar absolutamente de todo. Con el agua muy caliente, como a mi me gustaba. Dejando que resbalara por mi piel hasta perderse. Estuve al menos una hora debajo del grifo. Hasta que el sonido del timbre, al igual que en mis sueños, volvió a interrumpir otro de mis mejores momentos. Debía ser Raúl. Me había convencido para salir a cenar por ahí. Decía que iba a aprovecharse de la ausencia de mi chica porque después volvería a olvidarme de él. Era único en su especie. Pero probablemente tenía razón.

Salí de la ducha tan deprisa que casi me mató de un resbalón. Me rodeé una toalla a la cintura. Bajé las escaleras y abrí la puerta. Si. Como de costumbre sin mirar. Estaba tan convencido de que sería mi amigo, que ni siquiera me moleste en hacerlo. Y de nuevo me llevé una sorpresa. Esta vez no era ningún sueño… La miré incrédulo. ¿Realmente esto estaba pasando?

—¿Qué haces aquí?

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lunes, 11 de agosto de 2014

Capítulo 27 (Que no muera jamás está dulce pasión...)

No me vale esa disculpa, joder. Me aparté en cuanto se acercó, ¿o es que no lo viste? - Bufó mirando arriba, como si estuviera buscando en el techo del vehículo alguna respuesta.  ¿Le vas a partir la cara a cada tío que se me acerque?

No, pero entiéndeme tú a mí. No me puedo quedar de brazos cruzados cuando ese va directo a comerte la boca. 

¡No me iba a dejar besar! - Se giró de golpe para congelarme con su fría mirada.  Podrías confiar un pelín más en mi...


En ese momento no supe quién llevaba razón. Quizá ambos queríamos tenerla y estábamos pasándonos. Comprendía que le extrañara mi actitud, porque ni yo mismo conocía esa faceta mía tan agresiva. ¿Desde cuándo voy por ahí agrediendo a la gente? Bueno, en realidad si tengo respuesta a esa pregunta. Es desde que llegó ella. Porque me puede el miedo a perderla. Y no se basa en desconfianza hacia ella, sino en temor a que pruebe otros labios que le enganchen más que los míos. No podría soportarlo. Me rompería instantáneamente si eso sucediera. Pero lo que estaba claro es que, en esa discusión, uno de los dos debía ceder para poder encontrar una solución. Así que engullí mi orgullo, agaché la cabeza y decidí ser yo el que se diera por vencido.


Tienes razón. - Murmuré.  He sido un gilipollas. 


Has sido el más gilipollas del mundo. - Corroboró mis palabras. Y un imbécil que no se fía de su novia. 

Un imbécil que no se fía de su novia. - Repetí.  
Y un idio...

Bueno, ya vale. ¿No? - Me hice el indignado y ella apretó los labios intentando esconder una sonrisa.

Antes de que me diera tiempo a reaccionar, atacó a mi boca. Sus manos agarraban firmemente mi cuello. Fue un beso apasionado y húmedo. Nuestras lenguas jugaban frenéticas, parecía que habían entrado en un combate en el que perdería el que menos aguantara. Y ninguno tenía intención de rendirse. Agarré su cintura con ambas manos en cuanto recuperé una mínima parte de la cordura que me había arrebatado. Y, en un ágil movimiento, tiré de su cuerpo para situarlo sobre el mío ayudándome de su impulso. En ningún momento separamos las bocas para no interrumpir la guerra de nuestras lenguas. Aunque la falta de oxígeno hizo mella en nuestros cuerpo y fue obligatoria la separación. Aún con los ojos cerrados y las narices chocando, nos quedamos quietos compartiendo aire. Lo siguiente que recuerdo son besos en el cuello mientras yo me embriagaba del olor de su cabello. Mis manos descendieron lentamente hasta posarse en su trasero. Con una mano giré una rueda para reclinar el asiento y tiré de una palanca para separarlo del salpicadero. Necesitábamos más espacio. Me había vuelto totalmente loco en unos minutos. Y ella parecía fuera de sí, ni siquiera paraba para tomar aire. Quiso ir más allá y desabrochó el botón de mi pantalón. Joder. No me creía que fuéramos a hacerlo ahí. Miré por la ventana. La calle era excesivamente estrecha y poco iluminada, por lo tanto las probabilidades de ser descubiertos eran mínimas. Así que no iba a ser yo quien frenara su juego. Al contrario. Le saqué la camiseta por la cabeza y, con las manos temblorosas, me dirigí a quitarle el pantalón. La verdad es que no sé no dónde fue a parar su ropa, ni como había perdido yo también gran parte de la mía. Nunca pensé que el asiento del copiloto de su Audi diera tantas posibilidades.

Estamos locos. - Susurré en su oído con las voz entrecortada. 




Y su respuesta fue encajar nuestros cuerpos provocando en ambos un alarido de placer. Mis manos empujaban su cintura y las suyas se entrelazaban en mi cuello. Madre mía. Se movía de una forma increíble sobre mí. Sus gotas de sudor descendían poco a poco por su cuerpo hasta fundirse con las mías. Fuego. Cada roce entre nosotros ardía, y no me extrañaría acabar esa noche en un hospital con quemaduras de tercer grado. Mis manos habían descubierto sus pechos y decidieron por sí solas regalarle placer. Desde sutiles caricias hasta llegar a juguetones lengüetazos. Estaba viviendo un sueño. Poco después sus movimientos tomaron distinto compás. Eran totalmente rítmicos y en dirección a llegar al clímax. Y en breve explotó. Explotamos juntos. Sus uñas arañaron mi pecho hasta dejar marca y se arqueó, ya no sé si por seguir buscando la última pizca de placer o porque el orgasmo había causado ese efecto en su columna. Ambos cogíamos y expulsábamos aire a una velocidad vertiginosa. Tardaría años en devolverle a mis pulmones todo el oxígeno que mi chica les robó en aquél coche. Apoyó su frente en la mía y sonrió. Sonrió como sólo ella sabe. Las sonrisas después del sexo tienen algo especial. Un brillo diferente. Al igual que sus ojos, que hablaban por sí solos. Y yo también curvé mis labios, porque con ella es imposible no estar feliz. Pícaros y traviesos. Después de eso me dio por sentir un momento que era alguien importante en el universo, aunque no sea cierto. Era una sensación fruto del orgasmo, o yo qué sé. Ya no me acuerdo ni de por qué habíamos discutido antes, todo lo malo se ha ido con el sudor que derrochaban nuestros cuerpos ansiosos. Entonces empieza a reírse, aparentemente sin ningún motivo. Como sí fuera una niña que acaba de hacer una trastada. Y no lo comprendo, pero acompaño su carcajada y me siento como un niño en la mañana de Reyes. Estoy seguro de que nunca he sido tan feliz. Porque saqué lo peor de mi al verla a punto de rozar sus labios con los de otro, pero también siento que saco lo mejor cuando nos reímos juntos después de hacer el amor. Es un choque de sensaciones. Y supongo que es amor. Una persona que te entierra vivo pero también sabe catapultarte al cielo.

¿Sabes? Ya se me ha olvidado hasta por qué discutíamos. - Confesé.


¿Necesitas que te lo recuerde?

Sólo si me prometes que lo vamos a arreglar igual que lo hemos hecho ahora. - Bromeé ganándome un manotazo en el hombro.


Cuando te he dicho antes que eras un imbécil y un gilipollas... - Asiento esperando sus disculpas. Pues lo eres. - Abrí los ojos como platos y ella volvió a reírse. - Pero no cambies, porque te quiero así.


Yo también te quiero.






Y regresamos a
Madrid después de aquellas improvisadas mini vacaciones por la costa gaditana.
Esos maravillosos días a su lado que solo confirmaron lo que ya sabía. La
necesitaba. Necesitaba sus cálidos besos. Sus sonrisas despreocupadas de por
las mañanas. Los buenos días en sus labios. Esa mirada sincera que me cautivaba
hasta llevarme a la locura. Y esos gestos que me hacían sentir el hombre más
afortunado del planeta. Y de hecho lo era. Lo era gracias a ella.


Pero ahora debíamos
volver a la realidad. A la rutina de nuestras vidas. Y lo más próximo era el
concierto del viernes. En el que desgraciadamente yo ya no participaría. El
guitarrista al que sustituí en Sevilla se había recuperado de su molesta gastroenteritis
y volvía a estar en plena forma para ocupar su puesto. Así que lógicamente yo quedaba fuera.


El concierto
era en Las Rozas. Ese día decidí no
entrar a la zona del backstage. No sé que me llevó a tomar esa decisión. Pero
quería experimentar entre sus fans lo que era vivir un concierto desde la zona Premium.
Temí que alguna de las fans me reconociera a causa del revuelo que se organizó
en twitter tras mi aparición en Sevilla. Pero afortunadamente estaban demasiado
metidas en el espectáculo como para fijarse en mi persona.
Era tan distinto verlo desde este lado del escenario. Pero seguía poniéndome los pelos de punta. Como ella solía hacer. Podía comprender a la perfección cada uno de los gestos que me dirigía. Eran solo para mi y yo era el único que lo sabía. Sonreí como un tonto cuando me guiñó un ojo mostrando la más bonita de sus sonrisas. Me encanta. La multitud de gente que me rodea grita y canta de manera ensordecedora. Algunas chicas casi lloran de la emoción de sentir tan cerca a la cantante. Era tal la euforia que despertaba que incluso me daba vértigo adentrarme en mis pensamientos más profundos. ¿Como una chica como ella se habría enamorado de alguien como yo? 
  

Tras el concierto si me dirigí hasta la zona de camerinos. Charlé con los chicos. A los que una vez más felicité por el magnifico trabajo realizado. Se superaban con cada concierto y lo transmitían al público, que salia enchufado y con energía para un mes entero. 

Hice algo de tiempo porque sabía que Malú tenía el "meet and greet" con algunas de las personas de su club de fans. A la salida las chicas comentaban exaltadas lo maja que era su ídola. Otras no eran capaces de pronunciar palabra y simplemente miraban embobadas las fotos en sus teléfonos móviles y en sus cámaras de fotos. Sonreí al verlas. Ni siquiera se percataron de que yo estaba en aquel pasillo observándolas. Excepto una de ellas. Que de manera impulsiva se lanzó a mis brazos al verme allí. No me dio tiempo a reconocerla. Pero supe de quien se trataba nada más envolverla entre mis brazos. Su aroma era inconfundible... Ese aroma que me hizo retroceder varios años al pasado. Si, era Laura.
—¡Eii Laura! Que yo tengo que seguir respirando -Bromeé —¿Que haces aquí?

—Ya ves. Mi ex conoce a mi cantante favorita… Pero todavía no ha sido capaz de presentármela… Así que he tenido que ganar un concurso.

—El meet and greet… Has cumplido tu sueño supongo.

—Lo mio me ha costado. Ha sido increíble. Ella es increíble, pero supongo que tu eso ya lo sabes.

—¿Por qué lo dices? –pregunté disimulando.

—¡Has tocado con ella tío! –exclamó —¿Por qué iba a decirlo?

En ese momento la puerta de su camerino se abrió. Con su radiante sonrisa y deslumbrando a todos los que estuviéramos cerca salió al pasillo. Me miró sorprendida al ver que hablaba con tanta complicidad con una de las chicas de su club de fans. Y sin dudarlo un momento se acercó a nosotros.


—Hola… No sabía que conocieras a las chicas de mi club –dijo divertida mi chica.

Laura había entrado en shock por el hecho de que Malú estuviera allí hablando con nosotros como si tal cosa. Me reí al mirarlas a las dos. Menuda situación. Mi chica y mi ex… ¡Tierra trágame!

—Malú… ella es Laura, mi ex novia. La has conocido antes –expliqué de la mejor forma posible.

—Hola –pronunció mi ex de manera tímida.

—Hola de nuevo Laura –añadió Malú amablemente —Y siento interrumpir la conversación. Será mejor que os deje solos.

—No cie… -Y reaccioné antes de soltar aquello por la boca. Aunque no sé si a tiempo —Malú. –rectifiqué —Laura ya se iba creo.

—Si. Las chicas me están esperando fuera. Y los de seguridad me empiezan a mirar mal –comentó intentando mantener un tono de broma.

—Hasta otra Laura.

Tras el concierto fuimos a tomar algo a casa de… ¿De quién era la casa? No es coña. Esta vez ni lo sabía. Creo que era de uno de los chicos del staff. El caso es que allí estábamos. Celebrando un nuevo éxito. Y como tuvieran que celebrarlos todos tendrían que renovar sus cuerpos tras el fin de gira. O tendríamos. Porque le había cogido el gusto a esto de las celebraciones.

—Muy maja tu ex –dijo Malú cuando nos quedamos solos.

—¿Celosa?

—No flipes –comentó tajante y me miró fijamente a los ojos sin decir nada —Oye... ¿Por qué lo dejasteis?

Nunca había hablado con ella de este tema. Pero sabía que este día llegaría. Siempre llega. Sabía que un día a mi chica le entraría la vena curiosa y me preguntaría hasta el último detalle de mi relación anterior. Y no me molestaba contarlo. Porque eso siempre suponía aumentar la confianza en pareja. Pero en realidad era molesto tener que hacerlo.

—No se cariño… Simplemente nos cansamos –contesté intentando no entrar en detalles. —El paso del tiempo supongo.

—¿Y crees que con el tiempo nosotros también nos cansaremos?

—Creo que me harían falta un millón de vidas para cansarme de ti…

—¡Zalamero! –exclamó risueña.

—¡Realista! –dije acercando mis labios a los suyos hasta rozarlos en un fugaz beso —Te quiero… Y nunca me cansaré de recordártelo.

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Bueno quiero que sepáis que todo lo que está escrito en color rojo, esa pedazo de escena de reconciliación y probablemente lo más destacado de todo el capi... es obra de la crack de @novelaconmalú. Y desde aquí le doy las gracias por ello. Por regalar también en mi novela ese talento que tiene jeje. Y porque no dudó ni un segundo cuando se lo pedí. ¡¡¡GRACIAS her!!! ¡Eres grande!